A MIS AMIGOS PERIODISTAS, de Samuel Bernardo Lemus. Y notas de Silviano Martínez en torno a un libro de Andrés Resillas

( De un artículo del padre Samuel Bernardo Lemus, La Voz de Michoacán 1993 y notas de Silviano Martínez Campos en torno a un libro de Andrés Resillas, 2002)

“A MIS AMIGOS PERIODISTAS”
“Por Samuel Bernardo LEMUS”
“Estos días he leído con mucho interés, con positiva aceptación, con gozo, diversos comentarios sobre la terrible realidad del narcotráfico, sobre la muerte absurda del cardenal Posadas, sobre la urgente seguridad en los caminos, sobre el deber de entender sobre nuestra propia misión en el mundo”.
“Y después de leer a tantos y magníficos periodistas, llego a la conclusión de que hay periodistas, que han nacido para inquietar; otros, para aclarar; otros, para serenar los ánimos; pero todos con una vocación bien definida en busca de la verdad y del bien”.
“En el mundo del arte, y este difícil arte de escribir, así como tiene su encanto, tiene sus problemas; porque un periodista de verdad, merece todo mi aprecio y mi respeto, porque es una de las tareas más sacrificadas y más riesgosas, porque la verdad no peca, pero incomoda. Verdaderamente tengo admiración profunda por todos los que anhelan hacer periodismo a fondo, y mojan la pluma en el propio corazón para pintar la realidad de lo que está pasando en el mundo”.
“En todas las artes tenemos qué respetar la personalidad del artista: Fra Angélico y Boticceli imprimen serenidad; Miguel Angel y El Greco inquietan; Bach o Vivaldi aquietan el espíritu y Beethoven y Schuman inquietan…¿Por qué preferir los unos a los otros? ¿Y por qué no admitir que un escultor tenga días inquietantes y días consoladores?”.
“Lo importante de todo esto es que descubrimos valores y que ya no podemos vivir sin el diálogo mañanero con los periodistas del mundo”.
“Me encanta ese tipo de escritores que ayudan al lector a situarse bien para mirar con objetividad, y para dar una respuesta eficaz a la problemática de nuestro tiempo. Esos periodistas que despiertan conciencia, que sacuden a los lectores, que ponen el dedo en la llaga son necesarios, porque muchas veces necesitamos ese aguijón para sacudir a la gente del sueño”.
“…A todos estos periodistas que han manifestado su opinión acerca de una realidad hiriente en México, una palabra nacida del corazón. ¡De verdad, gracias porque han querido despertar a dormidos, avivar conciencias, expresar el anhelo de justicia, poner muy en alto su profesión y sobre todo la búsqueda sincera de la verdad”.
“No podemos menos de valorar y apreciar la abnegada labor periodística de tantos que saben decir las cosas por sus nombres, y buscan iluminar la realidad con la mejor información”. (LA VOZ DE MICHOACÁN, 14 DE Jullio de 1993. Termina la cita del autor del artículo, un sacerdote).

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NOTAS de Silviano Martínez Campos, em torno a la invitación a presentar un libro de Andrés Resillas, en un centro educativo, presentación que por razones por mí ignoradas, se suspendió:
“El periodismo pues, actividad situada en el acontecer, es ciertamente polifacético y, según temperamentos, formación, situación en los medios, optamos por una o más de sus múltiples expresiones.
Buscamos, pues, la verdad, sin pretender atraparla del todo, porque siempre es elusiva. Y en esa búsqueda, ya sea diaria o con más amplios márgenes de periodicidad, aportamos nuestro esfuerzo hacia la construcción nunca terminada de una sociedad más justa dentro del principio central que debe animarnos, motivarnos y regirnos: la veracidad vivida en nuestra actividad.
En su búsqueda de la verdad, Andrés Resillas ha optado, con competencia ciertamente, por el género denominado periodismo de investigación, situado precisamente en Michoacán, donde ha desempeñado su actividad profesional según constará al lector en la solapa de su libro.
Aun cuando ciertamente todo periodista que se respete hace en su trajín diario, o semanario, o mensual cierto grado de investigación –a no ser que sea víctima de la inercia de tiempos idos concretándose a “dar la vuelta” a los boletines emitidos por las fuentes–, hay un género de relativamente reciente implantación en el mundo periodístico, aun cuando en México no haya arraigado del todo: el denominado periodismo de investigación.
Seguramente sus maestros habrán de abordar los fundamentos teóricos de este género; pero Andrés Resillas nos lo dice en su práctica, en esos bien estructurados reportajes desnudadores de los sótanos que a veces cimentan nuestra realidad social, particularmente en Michoacán.
El periodismo es algo más que denuncia. También el anuncio tiene su lugar y si se combinan las dos dimensiones del quehacer periodístico, por qué no habría de pensarse que en algunos ámbitos del periodismo pudiera también manifestarse una misión profética a la manera de los profetas bíblicos.
Después de todo el Espíritu sopla donde quiere y no pueden reducirse sus soplos a los recintos sagrados, particularmente en nuestra sociedad secularizada sedienta de justicia.
Pero el periodismo de denuncia requiere, en nuestro momento, un lugar privilegiado por cuanto el autoritarismo y los abusos de poder pretendieron tal vez hacernos creer que, por ejemplo, el uso patrimonial de los bienes públicos formaba parte natural de nuestra realidad social, cuando ahora vemos era una distorsión.
El estudiante de la comunicación encontrará modelos –ciertamente provisorios en un género incipiente entre nosotros—para que emprenda posteriormente en la práctica, si así lo decide, este apasionante oficio de la investigación periodística.
Pero también como lector hará su propia interpretación del contenido de los trabajos, que obligan a la reflexión en torno a la sociedad que tenemos y a la que aspiramos.
No puedo dejar de considerar, por mi parte, como lector, el trasfondo de injusticia, corrupción e impericia en algunos ámbitos, que revelan dichos trabajos sacados de la realidad del poder indebidamente usado.
Y así, por qué tan poca claridad en torno a un barco a la deriva cuyo cargamento contamina las aguas costeras: por qué, no hay qué olvidarlo, las etnias michoacanas permanecen en la marginación; o por qué el armamentismo incontrolado pueda ser, entre otras, una de las causas de la violencia.
O el perfil, logrado a través de entrevistas, de un asesino presuntamente solitario; o las indagatorias en torno al crimen de un personaje famoso y poderoso; lo mismo que los recovecos en la estructura del transporte público, o los desvíos del dinero público en un programa social, o algún crédito impagable.
Seguirá el tan documentado reportaje sobre el espionaje en Michoacán, las andanzas de un magistrado; un ciudadano que desafía a un banco a fin de recuperar su dinero y, ¡Vaya título!: “las injusticias de la justicia”.
Y además hay maestros falsos, un contralor acusado de desviar dinero público, los intermediarios de la madera que rapan los bosques michoacanos y el cuento de nunca acabar: corrupción y nepotismo en una dependencia federal.
¿Se sujetan los trabajos de Andrés Resillas a los coneptos que hoy por hoy se tienen sobre el periodismo de investigación?.
En mi opinión, no y sí. No, en cuanto el ideal necesario para orientarnos, siempre está delante. Y para avanzar en su concreción, hay uno y mil condicionamientos: lo que fuimos y somos como sociedad, la ubicación en los medios, las dificultades enormes para penetrar en las tramas de quienes usan el poder y el dinero como fuerza protectora o disuasiva.
Y sí, porque en su busca de la verdad, Andrés Resillas tocó puertas (algunas no se abrieron), consiguió documentos, se apoyó con cifras y estadísticas, acudió a testimonios, sopesó sus datos y luego entregó en su momento, en los diversos medios, su testimonio de como estábamos y cómo estamos. Una realidad que a más de alguno pudo sorprender y, de seguro, a más de alguno de ninguna manera gustó.
Periodismo de investigación, pues.
Ya en su prólogo, Alfredo Patiño Ferrer ubica el trabajo de Andrés Resillas en el ambiente por demás dinámico de los medios de comunicación, ante el formidable reto de los nuevos tiempos y el avance imparable de las tecnologías del ramo.
Y el autor de “En busca de la verdad” nos previene, en la introducción de la obra, mediante documentada información, sobre el terreno que pisamos al adentrarnos en esta materia tal vez novedosa no solamente para los estudiantes de comunicación, sino además y también para muchos de quienes venimos del periodismo clásico, apasionante sí, meritorio desde luego pero no tocado aún por los estrujantes cambios, estos sí planetarios que han movido a la sociedad, al mundo, en los últimos decenios.
Desde luego no todo es técnica, ni métodos de investigación ni audacia y valor de quien emprende este género. Es imprescindible discernir los límites entre lo que se debe o no, sin olvidar que el periodista no es ni fiscal, ni juez ni político. Materia particularmente difícil, pero no imposible para quien se haya trazado como meta el ejercicio de un periodismo profesional y responsable.
En todo caso, habría de sopesarse qué se le reprocha más al gremio, o a los medios, en general, si lagunas en el profesionalismo, o mares en la ética.
Pero si los medios son reflejo de la realidad circundante, no sería por demás considerar que nuestra realidad social también ha estado determinada por maneras de entender el poder (político y económico) y de llevarlo a la práctica y que el nuevo periodismo también es reflejo de la urgencia y exigencia de llegar un día a una sociedad realmente justa donde no haya abusos, o por lo menos éstos disminuyan para ajustar todo a la medida del ser humano.
En el buscar la verdad en casos concretos, como lo hizo el autor, también estará implícito el anhelo de todo lector de encontrarla planteándose el sinsentido de muchas presumibles conductas antisociales entre los protagonistas reales, de carne y hueso, que pasean por los trabajos de Andrés Resillas.
Y el estudiante de periodismo, lo creo, encontrará un manual, provisorio porque está abierto el tema y latente la realidad que lo alimenta, para sus futuras incursiones en el periodismo profesional.
Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 26/XI/2002
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