(A propósito…) Entrevista con Papá Diosito; Entrevista con el Diablo; Encuentros Cercanos; La Invasión; La Musa; El Enredo; A2K o El Error del Milenio; El Vuelo de la Oruga; La Oruga Endiosada

(A propósito…)

En EL TALLER, de la ENCICLOPEDIA LIBRE
UNIVERSAL EN ESPAÑOL
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TRABAJOS LITERARIOS
Silviano Martínez Campos
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FANT.1- ENTREVISTA CON PAPA DIOSITO
De El Taller
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[editar] ENTREVISTA CON PAPA DIOSITO
Silviano Martínez Campos
—Señor, papá Diosito, con todos mis respetos, o sea, con todo mi temor, permíteme hacerte una entrevista con motivo de esta Semana Santa, para mis posibles lectores.
—Me vienen entrevistando desde hace más de cien mil años, desde que los hombres tienen uso de razón.
—Sí, y hay entrevistas muy famosas, las de Abraham y Moisés o la de Job, pero a éste cómo le fue por pedirte cuentas, y a mí mismo, guardando las proporciones, en el curso de la vida me has dado respuestas aún no digeridas; pero esta entrevista sería para publicarse.
—Tu crees que todo puede publicarse, también en estas dimensiones hay censuras, pero censuras piadosas, para no sobrecargarlos con demasiada información.
—Es cierto, porque Pablo, el apóstol, decía que al recién converso, o sea al neófito, primero habría de dársele biberón antes de los alimentos fuertes como carnitas, al igual que a niño y, en realidad, en estas cuestiones, todos somos infantes; pero Jesús, tu Hijo, también dijo que lo dicho por El en secreto debía difundirse desde las azoteas, o sea, a través de los medios de comunicación.
—Me pediste una entrevista y la estás cambiando a diálogo, aunque también me gusta el diálogo. Y siempre he dialogado con ustedes, aun cuando las más de las veces ha sido diálogo de sordos. En fin, viene la entrevista, pero te aguantas las respuestas.
—Puedo grabarla, o confías en mi memoria.
—En tu memoria sí confío, aunque la tienes débil, tan débil que a menudo te olvidas del Decálogo; en cuanto a grabarla, tú sabrás, has grabado mi ley en libros y obras de arte, tus interpretaciones llenan bibliotecas y, ya ves, el mundo que te encomendé, no es el mismo que salió de mis manos. Mejor me gustaría conservaras la grabación original que puse desde siempre en tu corazón.
—Creía que esta entrevista era personal, pero veo estás cargando sobre mis hombros el peso del mundo.
—¿No será que confundes lo personal con lo individual?, ¿no tus mismos pensadores dicen por allí que cada ser humano es la especie y representa la especie?. En fin, puedes preguntar si quieres.
— ¿Realmente existes?, porque muchos lo dudan, sobre todo en estos tiempos calamitosos.
—Realmente existes tú, porque saliste de mí. En cuanto a mí, sencillamente soy. Pero no te metas en esos enredos, eso es lo que te embrolló, tu dialéctica libresca, aunque por supuesto respeto tu cultura. ¿Por qué no me preguntas en tu lenguaje campesino?, ¿no crees que sería más fácil entendernos?.
Podrías por ejemplo preguntar a dónde regresa el rayo de sol reflejado en el ala de una mosca, si retorna a las alturas o penetra en las profundidades; dicen que escucho los pasos de las hormigas y podrías interrogarme si la sonrisa de un pequeño también ilumina la materia oscura del universo, o si un suspiro, o un lamento del hombre atribulado, de no encontrar eco en el corazón del hermano, puede retumbar en los agujeros negros; si los cantos de los grillos son el concierto que impide oír los gritos de los condenados, como se decía antes, o más bien piadosamente atenúa los coros de ángeles y bienaventurados porque tu oído aún no está terminado par poder escucharlos sin estallar de gozo.
De que te enredas, te enredas si insistes en desentrañar los secretos del átomo y aplicarlos a tu técnica, pero puedes hacerlo, eres libre. Aunque me gustaría más bien preguntaras sobre cómo engarzar dos miradas sin que las corte la desconfianza y el recelo; cómo concertar dos afectos en uno solo para que vibren al unísono pulsados por una sola mano en dos entrelazadas; cómo orquestar una y mil voces en una sola para entonar la canción que realmente vale, la oda de la vida; o cómo encontrar la tierra prometida donde todos coman, todos canten, todos sepan, todos amen.
—Así está mejor, dime, entonces, ¿por qué a los niños les gusta lo pequeño?, por qué guardan sus caricias para u n cachorrillo y reducen el mundo al tamaño de sus cuerpos; en cambio los adultos soñamos con grandezas y pretendemos escalar montañas y conquistar universos; pero como el Sísifo del mito regresamos una y otra vez al punto de partida.
—Porque los niños no han salido de mi seno, pueblan todavía el reino de los sueños y su inocencia los arraiga aún en el paraíso. Están todavía en el vivero de mi jardín, donde cultivo con esmero su plantita que será trasplantada, a su tiempo, en otros suelos, fértiles o áridos, para que también a su tiempo fructifiquen.
Pero no te preocupes, a todos los trato como a niños, no que pretenda siempre retenerlos en viveros, sino los quiero libres y adultos; pero mi afecto va para ustedes y quién te dijo que el único lenguaje es el del logos, el del verbo; también de un suspiro se forma un alfabeto y en una mirada se descifra el universo.
Con una palmada, a tiempo, se desarma una furia y mediante un susurro se deshace un vocerío; un afecto lo descifras en la clave de una nota, o bien escalas el señuelo en la tonada; te remontas al cielo en el vaivén de una sinfonía o te explico el mundo en el momento de un acorde; pero también te doy la clave de las cosas en el ritmo ternario, o cuaternario de una ranchera melodía surgida de las raíces de la tierra.
—Parece poesía, ¿sirve de algo para acercarnos a ti, en nuestros tiempos azarosos?.
—Construiste tu ciencia en torno al intelecto y tejiste con los siglos la técnica moderna; sentaste los principios de las cosas en grandiosas teorías y sistemas de pensamiento que culminaron en complicadas ideologías. Y a través de ciencia, técnica, pensamiento e ideas encontraste de nuevo los límites del mundo. ¿Qué más da entonces que vuelvas al principio y redescubras el afecto y el sentido del ritmo mesurado y busques la razón de las cosas a través del lenguaje más profundo y más abarcante de la poesía y el mito?.
— ¿Y no sería esto una regresión?
—Alabo desde luego tu ciencia y tu técnica y tus sistemas de pensamiento; has usado la razón que te dí, pero serás tu ahora, como Job, quien me conteste: ¿Es o no regresión el arsenal atómico que has logrado acumular, capaz de acabar con tu vida?, ¿Es o no regresión la guerra moderna destructiva, aunque toda guerra siempre ha sido armada por las huestes de Caín?, ¿Es o no regresión parte de tu industria y de tu técnica que viene esterilizando ríos, lagos, mares, suelos y amenaza con trastornar la placenta de tu Tierra?.¿Es o no regresión el que se hayan desatado sin aparente control los azotes de la violencia multiforme, la real y la simbólica, al grado de que empieza a llamarse a tu cultura, una cultura de la muerte?. Y hay más, aún, muchos se han olvidado en teoría o en práctica, de que existo y allí está la explicación.
—No tengo respuestas claras; pero has de disculpar, estamos tratando de desenredar las cosas, en lo pequeño comunitario y en lo grande planetario.
—Otra pregunta más: ¿es o no regresión establecer, mediante su ciencia económica y sistemas de poder, en la teoría y en la práctica, modelos de organización que facilitan la acumulación de bienes en pocos y el despojo masivo de los más, cuando los bienes de la tierra son para todos?
—No tengo respuesta clara y creo que ni muchos economistas Pero una pregunta más: ¿cómo podemos salir de este calvario que llamamos crisis?.
—Respuestas técnicas no las tengo, no les gustó mi mundo, háganlo a su manera, pero les doy una receta: ámense.
—¿Cómo?.
—Pregúntenle a Jesús, mi Hijo, mi Ungido, mi Cristo, mi Enviado.
—Gracias Señor, papá Diosito, te trato así de cariño.
—De nada. No lo olvides, siempre estoy disponible par las entrevistas; ¡pero cuidado!, que duelen las respuestas.
—Algo más que desees agregar, tú siempre tienes la primera y la última palabra.
—Y tú también la tienes: ¿No es la Palabra, el Emmanuel, al que recuerdas en la Semana Santa?. Si lo recuerdas siempre, siempre encontrarás la respuesta.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, 7-B, 16/IV/1995; y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich.)
Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

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FANT.2- ENTREVISTA CON EL DIABLO
De El Taller
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[editar] ENTREVISTA CON EL DIABLO
Silviano Martínez Campos
— ¡Riiing, riiing!
— ¡Bueno!
— ¡Malo!
— ¿Quién habla?
—Soy el diablo.
—Son las 12 de la noche, no es hora de bromear; por lo demás, tengo cortado el teléfono. ¿Cómo hizo para llamar?
—Soy el diablo, solicito tus servicios profesionales.
—Sólo a Dios sirvo y por El trato de servir a mis hermanos. Además, no me tutee, no somos iguales.
—Y cómo a El sí lo tuteaste en esa entrevista, motivo de mi llamada, ¿Son iguales acaso?
—Porque confío en Dios y si no somos iguales, sí a El soy semejante, me hizo a su imagen y semejanza. Déjese de bromas, quién es usted, si tiene alguna objeción a mi entrevista y no le gustó, refútela por escrito.
—A eso voy, quiero que me entrevistes para dar también mi parecer sobre ti y sobre tu mundo.
— ¡Hay Dios!
—Sí hay, me consta y por habérmele rebelado, Miguel me agarró de la cola, me zangoloteó y me lanzó a la Tierra, donde peno y hago penar.
—No quiero diálogos con demonios.
—Sólo una entrevista, tú pones las condiciones.
—Sale. La primera, no tuteos. La segunda, pongo la cruz y el afecto de por medio. La cruz es donación y usted no sabe donarse, y el afecto es destello del amor y en usted no hay destellos amorosos sino fuegos destructores, por lo demás apestosos. Así es de que una entrevista objetiva, intelectiva, racionalista, lógica, maquinal, cibernética. Si aún así le interesa, va.
—Viene, aunque sé por allí que lo dialéctico no es su fuerte.
—Lo intuitivo sí, y también lo afectivo y, hasta donde soy capaz de amar, que no es mucho en mi condición de pobre mortal, mi amor es afectivo. Pero este no es su lenguaje y aquí está mi fuerza y si trata de tenderme una trampa, se la devuelvo. Comienzo: ¿No le pareció mi entrevista con Papá Diosito?
—No me pareció, qué es eso de ser igualado. Todo comenzó hace unos dos mil años cuando un mortal se atrevió a llamarlo “papá”, algo así como “papi” y desde entonces sus seguidores igualados le hablan con tanta confianza que a mí no me conviene. Me interesa le conserven alejado de estas tierras y qué mejor, por lo tanto, el tratamiento más civilizado y elegante de motor primero, el ser en sí, etcétera, etcétera.
— ¡Ese mortal vive por siempre! ¿En un universo tan grandote, con miríadas de estrellas y galaxias, no se le ocurrió a Miguel lanzarlo a otro planeta?
—No tuve tiempo de averiguarlo, pero quedé bien aquí como en mi casa. Una especie naciente, un “homo sapiens” destinado a la grandeza, que se resiste a ella. Es mejor dominar hombres que enseñorear universos. Mejor acumular oro que contabilizar y poseer estrellas. Mejor destruir vidas que engarzar corazones.
— ¡Muy retórico! Usted tiene fama de mentiroso y tramposo desde el principio. De seguro anda metiendo su cuchara en esta crisis planetaria donde abundan acusaciones y zancadillas entre grupos y naciones y quién quite también tenga qué ver algo en nuestra cultura de la muerte con genocidios espantables y exaltación visual y auditiva del más fuerte.
—Por ganas no queda, pero en poco se estimarían los homo sapiens si se bajaran a nivel de títeres; no niego que yo pueda atizar una que otra guerrita o armar más de una masacre. ¿Mas dónde queda su libertad presumida? Mi grito rebelde del “non serviam” tuvo eco en Miguel, pero cuántos non serviam libres se darán a diario entre gente de su planeta. Desde luego me favorecen sus non serviam a la vida, a la justicia, a la moderación en el uso de la tierra, sus homicidios, genocidios y matanzas.
—También lo ha de favorecer un progreso desbocado, favorable a los epulones de la historia, el vértigo de la velocidad suicida que anula el razonar y el sentir, la máquina moderna no instrumento ni herramienta, sino nuevo ídolo a quien adorar.
—No fui yo quien inventó la civilización industrial ni desentrañó antes de tiempo los secretos del átomo, ni fundó sus laboratorios químicos ni escrituró los veneros de petróleo ni intenta desenredar los códigos genéticos. Pero vas bien, muchachito, tus imprudencias te conducen a mis dominios de la muerte.
—En ese caso usted metió su cuchara desde el principio al prometer a nuestra madre de los vivientes que si comía de la frutita seríamos como dioses. Y ahora, en verdad, como dicen que dijo el humorista, no sabemos si somos ángeles caídos o changos levantados.
—El único ángel caído soy yo y mis huestes, y ¡Oh envidia!, ¡Qué dolor!, me topé con un chango levantado destinado por lo menos a ser ángel. Vas bien, muchachito, tus imprudencias te conducen aquí en tu historia a mis dominios de la muerte, aunque sé, y lloro de rabia, que de todas maneras se te promete el paraíso.

–“¡Quién como Dios! ¡Viva la vida!”. Son gritos que a miríadas lanzan a diario voces esperanzadas y no todo está podrido, no ha ganado aún la hueste destructora. ¿Qué dice usted a eso?
—Desconozco ese lenguaje, no hay comentario.
—Las sombras de la noche caminan lentamente sobre pueblos y continentes, cuando al mismo tiempo apagan la oración postrera de acción de gracias o lamento, adormecidos devotos. Pero al otro lado del mar y de las islas, otras oraciones madrugan y se unen al coro diario de lo vivo y de la comunidad orante. Mas dormidos o despiertos, hombres y mujeres innúmeros cantan a lo vivo en cada inspiración o expiración de su pecho, en cada parpadeo de su asombro, en cada palpitar de su alma o en cada pulsión de su conocimiento. No todos los sueños son pesadillas, porque los hay fecundos y alados, que se desprenden del tiempo y del espacio de su tierra para remontarse a lo infinito y vagar entre universo y universo para atisbar su futuro y regresar como Prometeo, con el fuego, éste regalado, a fin de regenerar su mundo. ¿Qué dice usted a eso?
—Desconozco ese lenguaje, no hay comentario.
—Fuegos nocturnos, suaves fuegos se levantan noche a noche del lecho de la Tierra, generados por la chispa del abrazo amoroso y juntos tejen sutil red a manera de oración en torno a este planeta para impedir se destruya en su cuerpo y en su alma por las insanias terroristas, las locuras fratricidas o la sinrazón de encerrarse en sí mismo. ¿Hay algún comentario?
—Desconozco ese lenguaje.
—Sí hay especies que regalan su último hálito de vida refutando al progreso desbocado. Pero hay una confabulación amorosa de los pequeños, me lo dijo un pececito para que hormigas, tábanos, mariposas y ciempiés extraigan de las raíces de la tierra la savia vital que energice al homo sapiens para que éste detenga su mano ecocida y salve su Tierrita amenazada. ¿Hay algún comentario?
—Ninguno, desconozco ese lenguaje.
—Y juntos, hormigas, tábanos, ciempiés, mariposas, yerbas y homo sapiens hagan real la intuición tempranera infantil de que el canto de los grillos va en dúo con el parpadeo de las estrellas. En la esperanza de que en el rítmico, espontáneo cantar sin sentido lógico de una estrofa de niño esté cifrado también el código de sobrevivencia que se grabó desde el principio en el canto de los pájaros, en la cadencia de un lenguaje autóctono, en el ritmo de una canción ranchera, en el rondar metódico de un astro y, sobre todo, en el mítico grito victorioso de Miguel: ¡Viva la Vida!, ¡Quién como Dios!
—¿¡!?, ¿¡!?.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, 30/IV/95, Ventanas, 3-B. Y en ETCETERA, semanario de La Piedad, Mich., México, el 24/IV/1995)
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FANT.3- ENCUENTROS CERCANOS
De El Taller
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[editar] ENCUENTROS CERCANOS
Silviano Martínez Campos
— Entiendo que anda usted con dificultades.
—Ando, y no encuentro la puerta, ya no siento lo duro sino lo tupido; hacia donde quiera que dirijo mis pasos, topo con barreras a tal punto que creo encontrarme en un callejón sin salida.
— En qué puedo ayudarlo, creo me llamó usted.
— Lancé un S.O.S. (Save Our Soul, salve nuestra alma), a las cuatro direcciones del Universo; mi ser atribulado se encuentra como una tempestad marina, que debe ser espantosa, según cuentan quienes han experimentado las furias del mar. Usted respondió a mi lamento. Cualquiera que sea su planeta, gracias señor extraterrestre.
— Confía usted en los extraterrestres y está bien, aunque los pinta monstruosos, guerreros, conquistadores y hasta chupasangre. Es bueno confiar en alguien aun cuando mejor sería confiara también en usted mismo.
— ¡Quién nos salvará de esta hecatombe de no ser ustedes los extraterrestres! Porque déjeme contarle, si usted no lo sabe, es interminable la letanía de nuestros males. Las leyes de este planeta, sabrá usted, determinan que nos comamos unos a otros. Me refiero desde luego a seres no movientes y a los semovientes: unos ni se mueven del lugar donde nacen y otros pisan cualquier lugar aunque no sea suyo. Entre estos últimos nos contamos los inteligentes y estamos a punto de “cuando el destino nos alcance”, comernos también entre nosotros, en forma de galletita.

—…
— Creo que no me entendió, su silencio lo dice. El caso es que muchos seres inteligentes, unos mil millones, tienen dificultad de comerse a los no movientes y a algunos de los semovientes.
— No sea rebuscado, tortuoso, retorcido. Por qué no dice claramente que hay hambre en su mundo, los bienes son mal repartidos, el SIDA los acosa, los flagelos del narcotráfico, violencia, terrorismo los desquician; cambios climáticos los asustan; treinta guerras dan idea de su desequilibrio global y, en su ombligo del mundo, su México, se acabó el desarrollo estabilizador, unos veinticuatro muy inteligentes se quedaron con la parte del león, los volvieron a saquear y tampoco pudieron defender el peso.
—Sí me entendió, conoce parte de la historia, pero no ha terminado la letanía: las cosas están de tal manera descompuestas, que muchos de esta Tierra creen que es acabamiento de mundo y al dos mil no hemos de llegar.
—Así decían el sesenta ¿recuerda?, y muchos apresuraron su casorio. Debe ser igual ahora. ¿No cree que la vida amenazada por defenderse más tiende a difundirse?; pero vamos con el acabamiento de mundo, ¿No cree más bien que el mundo que ha conocido ya se acabó y usted no se ha dado cuenta y todos esos grandes gemidos de su letanía no son sino estertores que anuncian nueva vida?
—No entiendo, señor extraterrestre.
—Voy a llevarlo de la mano, vea y entienda cómo es ahora su planeta. Tome su directorio y verá que puede comunicarse por el aparatito a cualquier lugar del mundo (“o casi”); vea su noticiero preferido, haga a un lado manipuleos interesados y entérese de las catástrofes de cualquier rincón del mundo (aquí sin “casi”); vaya al aeropuerto internacional más cercano y desde allí viaje a cualquier lugar; no se lo recomiendo si no lleva visa y una talega de dólares, pero allí está la posibilidad al alcance de su mente.
—No siga, para saber eso no requiero consultar a extraterrestres. También sé que ya pisamos la Luna, pero en vez de plantar la bandera de la Tierra, izamos la de un país pionero en la astronáutica. El mundo se encamina a su unidad, pero hasta ahora la ONU rehúsa la forma de gobierno mundial democrático y participativo que deje a un lado pretensiones hegemónicas de los viejos imperios o pretensiones de dominio por los dineros de potentados financieros.
—Volvamos pues a lo pequeño. Vuélvase contemplativo. Siéntese junto a un hormiguero, o junto a una colmena o un avispero, no tan cerca, por supuesto. Observe a los animalitos, cómo todos trabajan, todos tienen su lugar, todos comen del aporte común y no hay jerarquías dominantes sino de función y de servicio. Pero no calque su modo de vida a la suya social, porque sus ciudades se vuelven inhabitables. No olvide que la lucha a muerte contra la propiedad terminó con la muerte del sistema. Pero tampoco desestime que la propiedad sin coto ni medida también puede terminar con el sistema y de paso con la Tierra.
—Eso también lo sabemos, nuestra inteligencia clasifica día a día ensayos, estudios y serias consideraciones en periódicos, libros y memorias electrónicas.
—Volvamos pues a lo grande. Vuélvase contemplativo. Mire de vez en cuando hacia arriba, cuente las estrellas de su galaxia y luego cuente las galaxias sin olvidar, desde luego, la descubierta el otro día y verá cuán grande y variado es, qué bello y qué asombroso su Universo. Esa es su casa.
O mire hacia abajo a lo pequeño y vea hasta sus confines donde se borra el tiempo y dé gracias porque hay límites en su mundo y en usted, así está mejor porque no se pensará omnipotente, reconocerá sus límites y así será plenificado.
—Ya lo sé, pero eso no es noticia, perdí el sentido del asombro.
—Creo haber detectado la causa de sus males. Su pequeñez lo apena y siéntese marcado por la grandeza del mundo descubierto; y se refugia, para sentirse grande, en las arcas de sus cajas fuertes, en la madeja de su poder; lo indigestan sus juguetes tecnológicos o la abundancia de su mesa o se aturde con ruidos e imágenes. Su miedo lo ha hecho más violento. Es cuando olvida lo que es compartir, cuando la ley fundamental en su planeta es donarse los unos a los otros, los no movientes y los semovientes, como quiso explicarme, para que todos coman del pan propio y del ajeno.
—También eso lo sabemos los inteligentes, sólo que no ha bajado de la idea al afecto ni el afecto ha motivado la mano que comparta.
—Puesto que ya lo sabe todo, debo decirle sólo que bajé del reino de los sueños para ayudarlo a usted, el homo sapiens. Misionero soy del país de la vida, yo mismo ángel, reina coronada, si prefiere, o un hada bienhechora. Destellos rojos, verdes, amarillos, tornasoles visten el arcoiris que es mi cuerpo y a través de mi cuerpo mi mensaje. Soy reina o rey si prefiere y la diadema que a mí corona es receptáculo de lenguajes cifrados venidos de más alto, o de más profundo si prefiere y cada luminiscencia es una caricia para usted, el homo sapiens, en conspiración amorosa, acordada en las estrellas. Somos en mi planeta luminosos, dotados de luz fuerte, vigorosa, aun cuando su colorido iridiscente no lastime. Tachonada nuestra frente de joyas diminutas en destellos ordenados. Reflejamos con ellas lenguaje inteligente y en él afirmamos nuestro ser y nuestro estar vivos y damos gusto y regocijo a quien regocijo y gusto nos prodiga. Razón, gusto y afecto, alegría de ser que chocan con mundos y universos donde tal vez sólo domina el intelecto. Capaces somos de recibir los secretos máximos del mundo en la cadencia de una frase musical, pero también palpamos el misterio en la barrera diminuta de un bemol.
—Satis mirari nequeo, señor extraterrestre, no puedo admirar bastante y disculpe el latinajo ya en desuso, que sea bello, radiante su planeta, ¿De cuál, de cuál procede, señor extraterrestre? ¿De Alfa Centauro o tal vez la Tau Zeta, Epsilon Eridani, Sirio, la estrella más cercana, o acaso la última lejana?; ¡Será usted habitante en Tauro, bella Orión, el Cangrejo o tal vez alguna de las Osas! ¿Y si es una galaxia, cuál, la próxima o aquella, Andrómeda tal vez, Magallanes será, M 3 ó la Z 24?
—De tu mismo planeta procedemos, el bello, rutilante, multiforme, viviente, el astro azul llamado Tierra, bendecido, tal vez con otros muchos de tu Cosmos, en el don prodigioso de la vida. Entiéndelo mejor, somos tú mismo, cuál eres ya por dentro, muy adentro pero no tanto que puedas negarte a escuchar lastimeros los ecos de tu SOS. Verás así que estamos cerca, encuentros cercanos surgidos de lo alto podrán ayudarte y junto y amoroso con todos mis hermanos, arregles desde ahora tu morada en justicia y la PAZ que te regalo. Tempestades vendrán, qué duda cabe, tormentas provocadas o espontáneas, pero encuentros cercanos con tu alma bien podrían ayudarte a esperar y hacer esperando la casa que viene hasta tu encuentro, hermosa, plena y solidaria. Tu pregunta respondo, al fin contento: los contactos cercanos que apeteces contigo mismo son, y yo tu HERMANO, soy tu mismo, el HOMBRE iridiscente del futuro.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Ventanas, Págs. 7B-8B, 14/V/1995. y en ETCETERA, semanario de La Piedad, Mich., el 15/V/1995)
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FANT.5- LA INVASION
De El Taller
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[editar] LA INVASION
Silviano Martínez Campos
—Pst, pst, pst, somos nosotros, ganamos la guerra. Ganamos, ganamos, hey, mira, frente a ti, frente a ti. ¡Hey!, humano, aquí, aquí, nos tienes enfrente. En tu cabeza, arribita, pst, pst.
((— ¡Eso me pasa por transgredir la austeridad y cenar de más!, ¡no vuelvo a entrevistar al diablo! ¡Sólo eso faltaba, no niego que haya oído voces, pero eso fue hace más de veinte años!)).
— ¡Mirhaciarriba, de frente, por los libreros!, donde guardas empolvados pensadores y uno que otro músico.
((— ¡Ya caigo!, no que no. No que eran mudos, con mentalidad sólo histórica e inmortales pervivían solamente por sus obras y por su pensamiento plasmados en libros y en partituras. ¡Les seguiré el juego!)).
—Sí señores, ¡cómo no!, hermanos poetas, hermanos músicos, hermanos cuentistas, hermanos filósofos, hermanos pensadores. De acuerdo, ganaron la guerra, a mí, ávido en el buscar y torpe en el encontrar. He de confesar, sin embargo, que en cada libro puse un afecto, una duda, una pregunta y disculpen la propia dispersión. Doctorado en vida y de seguro porque anduve a tropezones; pero algo debió quedar de ustedes en la mente: alguna obra, un capítulo, algún párrafo, tal vez un pensamiento o la huella de una palabra solitaria.
Mil disculpas a usted señor Platón, mil disculpas a usted señor Aristóteles. Si no he logrado terminar sus obras, no es porque falte el interés, sino más bien entretuvo mi mente el arte de su pueblo y ¡cómo me divertían las travesuras de sus dioses! Y en nuestros propios monumentos admiraba los que sus artistas diseñaron.
—A ese paso, no te alcanzará el resto del milenio para el mea culpa en el recuento de tu ignorancia. ¡De frente, en tus ojos! —Ya caigo, “los cassetitos”. ¡De usted, señor Mozart, he aprendido que a los niños no se les debe colmar de honores (ni de vituperios), eso despierta celos que lastiman y corta las flores antes de que plenamente fructifiquen. Pero comulgo con su música y estoy de acuerdo en que la inspiraron ángeles.
Qué habría de contar a usted, señor Beethoven. Los sufrimientos también pueden ser fecundos. Y su quinta, desde joven, me enseñó a dar cauce a las nostalgias; su pastoral confirmó el gusto campirano por escuchar la orquesta en tempestades y su coral hizo también extender la mirada en más amplios panoramas.
— ¡Huy Narciso, con razón te caíste en el estanque!. Ve de frente, en tus ojos, como cuando miras a contraluz tenue del día. ¿Qué has observado?
—Una como galaxia en el ojo izquierdo y, en los dos, como puntitos relucientes danzarines, semejantes a minúsculas estrellas. Defectos oculares, no lo niego, o quién sabe qué cosas naturales; pero alguna vez me incliné a ver en ellos, fantasioso, ánimas diminutas de difuntos vagando en nuestra tierra.
—Ni lo uno, ni lo otro. El garabato de tu ojo, uno como cordel entrelazado, es el Ebola. Puntitos luminosos ambulantes son los virus del SIDA. ¡Ganamos la batalla!, estamos en ustedes y somos parladores, les hemos invadido su organismo.
—Bichos infames, me trambuluquearon. Y yo, ingenuo, imaginaba se había estrenado nueva dimensión en nuestro mundo y dialogábamos con los inmortales.
—Tú, homo sapiens, naciste en África, según crees, y nosotros también allá nacimos; te extendiste por la tierra y asimismo nosotros; nos declaraste la guerra y estás correspondido.
—Animalitos del Señor, si no son malos, respetamos el milagro de su vida, pero respétennos también. Y no sean mentirosos, ni han salido de Africa ni han ganado la batalla, pero sí causan estragos entre hermanos, ahora de pronto allá, en un rincón del continente. ¿Por qué están enojados?
—Porque tú, homo sapiens, con los ensayos de tu química puedes ocasionar la muerte de todos los vivientes. No expertos en guerras como ustedes, hemos montado ejércitos potentes. Microbios, gérmenes, bacterias, virus, bacilos, en ordenada mezcolanza preparados estamos para los frentes de batalla. Cólera, tuberculosis, tifo, tétanos y rabia, viruela, polio, sarampión y gripe proletaria, convencionales armas son; armamento pesado el SIDA y el Ebola, más los que abramos en la marcha del conflicto: hoy por sobrevivir nos federamos.
Y ya que ustedes repudian esta bella Tierra, nosotros venceremos, dueños d’ella; reyes de la creación nos declaramos, pues dejó el trono quien no supo llevar digna corona. Gracias de todos modos por su paso, maestros del pensar, nos enseñaron, mas no se dieron cuenta por su prisa, que en cada especie muerta se corta al Creador un pensamiento y al Universo todo un latido de su pulso.
—No es para tanto, bichos maldicientes. Un pacto y podremos entendernos.
—Déjennos vivir y vivir los dejaremos.
—Vuelvan a los changuitos, a quienes no hacen daño, nos dejan en paz a los humanos y por siglos de siglos convivimos. Pero dennos tiempo, bichitos, una tregua; seguiremos simulando nuestra guerra, ustedes perdedores, pero al perderla, ganan.
Por principio de cuentas, los aislamos, mas no olvidamos a nuestros hermanos invadidos. Ángeles de cofia y ojos relucientes, cuidan a nuestras víctimas caídas. Generales y tropas de blancos uniformes armados de jeringas impiden que perdamos las batallas.
Doctorados científicos sacados a empujones de viejos laboratorios de la guerra, inventan nuevas armas que detecten, neutralicen, bichitos, a sus tropas. Brigadas portadoras de alimentos construyen las murallas defensoras porque sólo donde hay hambre y miseria llegan las huestes ebolinas.
En tanto se organizan las naciones, las Naciones Unidas se organizan, arman sus burocracias de la vida y entablan batallas planetarias. UNESCOs promotoras de cultura, educan en el uso de los bienes, educan en el uso de las letras; Obreros Mundialistas Sanitarios que limpian las cloacas de la Tierra y dejan relucientes sus estanques; Fecundos Agraristas Observantes cultivan en el campo los maizales; Unidos Numerosos Integrantes de Clubes Entusiastas Federados, rescatan a los niños de la calle.
La tregua de la guerra simulada, treinta años podría durar, ejércitos sidianos y ebolinos; paz concertada con huestes microbianas, es la propuesta de la humana raza.
—Ora sí te atrapamos, homo sapiens; muy en serio rey de la creación te titulaste y no sólo disponías de nosotros al ponernos nombre según condición y apariencia, sino en el curso de vida depredante fuiste acabando especie por especie y, al paso que vas, si te dejamos, quedarás como rey solo y desnudo, pero sin corte viviente que inciense tus grandezas, pero tampoco que te vista y alimente.
—Duros, drásticos son, bichos malvados. ¿Quién a ustedes encomienda defensa de los reinos? Rey de la selva, al león reconocemos, al delfín animal inteligente tras nosotros; como fiel servidor al perro, nuestro amigo, y dócil criado nuestro al asno laborioso. Pero ustedes microbios del demonio, sólo dolores y penurias causan. Torpes, faltos de entendimiento tuvieron qué escoger los ojos par manifestarse cuando a nuestro gran cerebro pudieron revelarse.
—Dos razones te damos, mentecato. El león, rey de la selva, claudicó de su reino entre nosotros al dejarse enjaular y ser hazmerreír en circos y festines; negóse el delfín temeroso a dejar seguridades en sus mares y correr en tierra la carrera que ganaste; el perro fiel prefirió la garantía de su comida al lado tuyo y el impráctico borrico escogió ser tu esclavo, pero no olvides que con sus dos grandes antenas, más disponible está para oír las señales de los astros.
Otra razón, no menos convincente, expresamos a ti, gran homo sapiens. Tu cerebro está más bien que sano, has logrado por él remontarte al principio de las cosas, a penetrar las entrañas de tu Cosmos y a medir el tamaño de su esfera. Has palpado fronteras del misterio y a través del cerebro pensar el Universo.
No es pues a tu cerebro al que queremos. Nuestras huestes conspiran defensivas a posesión mayor, donde tú sabes: al corazón que malquerencias trama, al corazón que a razonar se niega, al corazón que de temor enferma. Allí está tu maldad, no en el cerebro. Tus tendencias nocivas allí anidan.
—Bichitos parlanchines, causan risa. ¿Quién instruyó a bacilos moralistas, quien a los virus que prediquen vida? No todo corazón está podrido, abundan millonarios en largueza, ONGos pululan defendiendo al hombre, yerbas y bichos abogados tienen; casas, asilos, hospitales y orfanatos cuidados son por ángeles de cofia, salvan al mundo las Teresas de Calcuta. Treinta años de tregua nada más o perecemos o salvamos todos. Nada es tan simple y basta de locuaces mandatarios, su palabra esperamos, punto y cambio.
—Mandatarios lo somos, tú lo has dicho. Mandatarios de todo lo viviente. Olvidaste de pronto que tu origen, conforme a tus científicas razones, en microbios está y no en gigantes, ya sean hombres, elefantes o torpes dinosaurios. Por lo demás no lances ultimatums, ultimatums nosotros los ponemos. Nunca punto final hubo en tu historia, sí nuevo comenzar: punto y aparte. Si en materia de puntos discutimos, estaríamos en puntos suspensivos.
¡O paras tu rápida carrera, legislas desviaciones del progreso, unes al mundo y todas las naciones, calmas tu corazón de tempestades o nos vemos al término del pacto! Treinta años no es mucho, no seas tonto, un futuro de ensueño te deparo: tu nueva Tierra, aquí, por miles de años y la tierra de allá, por siempre nueva.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Ventanas 4-B-5-B. 11/VI /1995. Y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich. 5/VI/1995)
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FANT.6- LA MUSA
De El Taller
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[editar] LA MUSA
Silviano Martínez Campos
—Pase usted, señora, cuánto gusto, ésta es su casa. Tiempo hacía, tal vez meses, no me visitaba. De seguro había notado algún desaire. Pero, a pesar de mi pobreza, le aseguro, la cortesía me impide rechazarla y póstrome de nuevo a sus aladas plantas.
—Mira muchacho, q’eso no te queda: tu párrafo primero está falseado. Cuarenta y cinco palabras he contado y de ellas 5 y 40 son vacías. Tratas de dar miel a la antigüita, pero te sale hiel a la moderna. Si acaso mi pobreza sea muy cierta. Pobreza de lenguaje: ocho hiatos, lugar común en número de cinco, disonancia final y poca simetría. Como que sale verso sin esfuerzo.
—A esas exigencias no me gana: hiatos al por mayor le he detectado y bien que sean de moda reprimendas gramaticales en altos niveles poderosos, pero eso no autoriza exigir melodía cuando usted sólo indicó el ritmo.
—Allí está la cuestión o sea el detalle. El ritmo lo palpaste a maravilla, desde el canto infantil aquél que sabes y luego tu tañer del tololoche con un palo y cordeles fabricado. Pero faltó la melodía, ¿recuerdas?, y tuve qué ponerla yo, tu musa, 35 años después o más o menos, con ayuda del músico Rossini.
—El ritmo lo enseñó don Chon, cuando tocaba en fiestas pueblerinas, escalas refrescantes del trombón y en los jarabes los compases del bajo improvisaba. Pero también doña Benita, cuando de joven era cantadora. Las alegres canciones que entonaba mientras hacía tortillas, las medía con el rítmico son de la palmada. A mano estamos, mi musita linda, tú también me fallaste con el tiempo: veintitrés años ha, si lo recuerdo, que pasó el Kohoutec por estos cielos. Entonces me decías del Thecel Phares (Mane también), como anuncio, en la cola del fúlgido cometa, que ni se vio, por cierto, pero la fantasía indicaba lo contrario.
—Puede tengas razón, bien lo recuerdo. El argumento se basaba en esto: es tal la confusión en el planeta, que un cometa agorero nos visita. Aparecen los signos en su cauda, las naciones lo miran temerosas. De los cuatro rincones de la Tierra comienzan los informes cautelosos, sin que hubiera “Internets” ni celulares, “vipers” ni redes ni correos satelitales.
—Los científicos arguyen sus razones, astrónomos escrutan los espacios, se juntan comisiones de estudiosos y concluyen de pronto con premura que ningún observatorio del planeta llegó a registrar los signos tales que a todos auguraban los tres ayes: tus días, tus días, tus días , están contados.
Un fenómeno tal, obvio es decirlo, no dejó satisfechos a los hombres, con las razones de los hombres sabios. Otros sabios también se dedicaron, por encargos precisos de la ONU, a estudiar por su cuenta los sucesos y echando mano de las ciencias varias, sobre todo las ciencias humanistas, concluyeron por fin muy cautelosos, que de signos aquellos, Thecel Phares (Mane también) sólo alucinación había ocurrido.
La guerra de Vietnam era una causa, dos guerras mundiales otra d’ellas, tensiones por doquier acumuladas, habían sobrecargado la memoria de violencias sin fin y eso, claro, que ni Ruandas, Yugoslavias o Chechenias aparecían por tanto en el planeta.
Entonces los gobiernos presurosos en la ONU por fin se concentraron y jefes de gobierno y los de Estado, una junta por fin recomendaron. Días de debate fueron y tensiones. Pero todos llegaban al consenso: una sola familia componemos y ante signo ominoso del cometa, no nos queda otra más, nos federamos.
Un gobierno mundial por consecuencia, había nacido ya tras el cometa, que según las noticias de la gente, tuvo su aparición el día primero, brilló por Navidad y un día 28, el de lo Santos Inocentes, manifestó esplendor, para dejar la Tierra en primeros de febrero.
—Cuánta razón te asiste, musa mía, la música faltó, qué duda cabe. Una novela quise hacer y darle al ritmo, versátil melodía llamativa. Mas te faltó decir que eran treinta años el plazo que se daban las naciones y eliminar las armas destructoras, derribar de sus bases los misiles y luego convertirlos en tractores.
El cuento contemplaba, por supuesto, organizar la ciencia y la cultura, salud, educación, la siembra y la cosecha: almacenar graneros previsores, reorientar la técnica hacia el hombre. Hurgar más las entrañas de la Tierra. Y todo en libertad de pueblos y naciones, en era universal inaugurada.
—Vergüenza debe darte confesarlo, ni siquiera el esquema terminaste. Pero la realidad te adelantó y los jefes de Estado y de gobierno, ciento cincuenta o más comienzan a reunirse, en Naciones Unidas con motivo de su cincuenta aniversario.
Veremos si ellos ponen como meta, organizar el Foro y, en treinta años, ponerle el parchecito al agujero de la capa de ozono desgarrada; terminar con las guerras de locura, prevenir a su tiempo los temblores; formar las Internet humanitarias; inventar artefactos bienhechores; regar por todos lados la semilla del trigo, del maíz, del arroz y los frijoles, para saciar el hambre de millones.
—Una cosa omitiste, muchachita, a no ser que me falle la memoria. Que el Kohoutec ya había pasado por la Tierra, dos mil años antes, al comienzo de esta historia.
—No juegues con el tiempo y con los signos, ya bastante penuria te atosiga. Dedícate mejor, si bien te place, a escribir sobre flores y jardines, con el estiércol que dejan las noticias de sismos, homicidios y masacres y ponte el saco que diseñan quienes lobos son al dar consejos a la luz de las estrellas en llanos cultivados entre montes, fervientes defensores de utopismos pregonados por locos fantasiosos tocados por las musas de los vientos.
—Si musa de los vientos te acreditas, sopla donde tú quieras, eres libre; pero dame tan sólo, te lo pido, el ritmo terciario o cuaternario y me pongo después sombrero ajeno, te saludo con él y yo te canto, la canción infantil de “La Paloma”. Pero ya adolescente, crecidita, podré cantarte un canto de mi pueblo y podré repetirte muchas veces, que tu cara es muy linda, “Eres Bonita”, que tu cara es muy bella, muchachita.
—Si a esas vamos yo también te canto, la primera canción que se me ocurra, porque todas me sirven para amarte; aunque podría ser la que tú escojas, te pido aceptes esas dos estrofas, de la bella canción : “Adolorido”.
—Desde luego que sí, con asegures, si ese canto y esa letra tú la extiendes a los seres que sufren y se angustian por los mil estertores del milenio. Sólo así comprendemos el sentido de voces y lamentos y plegarias que ofrendamos a diario los humanos, en casas, templos, catedrales o en las calles.
—No pides imposibles, lo aseguro; santo y seña te doy pa’ que me escuches. “Si a tu ventana llega una paloma, cuéntalo por seguro que es mi persona; si a tu ventana llega un burro flaco, trátalo con cariño, que es tu retrato”, como decía en sus cantos tu mamita. Si en la banda de Ichán o de Ocumicho, Numarán, Santa Fe, Cruces de Rojas, La Cañada, escuchas esos ritmos pegajosos, no olvides que en el bajo está la clave. Ta, Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta: Sol La Si Do.
Intenta comprender –¡si un niño entiende!— la clave te la da naturaleza, el solfeo repetido de las aves, sonsonete cansado de los grillos, el compás sosegado de las ramas y el ritmo que te dan las estaciones.
Pero si quieres música tremenda, que linda en las fronteras del misterio, entonces de la dan las tempestades, los gritos repentinos de los rayos, lamentos que resurgen de la Tierra, en huracanes, sismos, terremotos.
—Parece que capté, no mucho, ¿sabes?, pero empiezo a entender la tonadilla del canto aquel que te brindó Francisco. Pero también aquella, que en noches de Luna cándidos chiquillos entonaban y te devuelvo, con ligera versión modificada: “Una Paloma Blanca,/ que del cielo bajó,/ con sus alas doradas y en el pico una flor. De la flor a la lima,/ de la lima al limón/vale más mi muchacha/ que los rayos del sol.”
—Te dejo este paquete de tarea, por hoy es todo y hasta luego. Preparo mis maletas pa’ la ONU, a ver si alguien recibe mis susurros en temas importantes del dinero. Temas de enfermedad y del desarme, hambres, pestes y pandemias; cambios de clima y capas de ozono, mirar al sol en busca de energía. Si acaso quieran pueblos y naciones bailar al son que toco, pero que todos canten por sí mismos la letra de su propia melodía: costumbres y culturas, tradiciones, tejidas a lo largo de su historia.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich. México, Las Ventanas, Pág. 5-B, 28/X/1995. Y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich. 16/X/1995)
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FANT.11- EL ENREDO
De El Taller
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[editar] EL ENREDO
Silviano Martínez Campos
—Te ves muy enredado estos últimos tiempos, como que ya se te acabó la cuerda.
—Cómo no voy a estar enredado: la última vez me dijiste que eras duende y resultaste musa.
—El enredo fue tuyo: nunca me presenté como duende; el enredo fue tuyo, me trataste como duende y te trambuluqueaste.
—Quien me trambuluqueó fuiste tú, qué tal si te falto al respeto.
—No sería la primera vez, tienes callo, comenzando porque siempre te has faltado al respeto a ti mismo.
—¿Hablas como musa o como duende?.
—Dí tú primero. ¿Me consideras duende o musa?.
—Duende no: a ti no te vendría el nombre de Duende de los Vientos, pero tampoco Musa de los Bosques.
—Esos son faunos o silvanos, dioses de los bosques. —Ya me faltaste al respeto, duendecillo, qué es eso de Silvano, dios de los bosques. Por lo demás, me llamo Silviano: Silvia, no. Soy pagano, pero no tanto.
—No lo eres; antes sí pagabas a tiempo tus deudas y ahora no eres muy buen pagano.
—Ya me trambuluqueaste con el lenguaje, duende juguetón. No imagino una Musa de los Vientos jugando al sí pero no, no pero sí. O puede ser que sí, puede ser que no, lo más seguro es que quién sabe. —Fíjate que sí y ahí está el enredo. Doy de sí, pero también de no.
—No veo claro.
—Porque no quieres. Veme en la mujer soltera que entrega la primavera y el otoño de su vida como ángel de la gurda de sus padres ancianos y achacosos. Veme en la viuda joven que inmola lozanía para ver fructificar a sus hijos pequeños y acompañarlos como ángel guardián en tanto caminan por sí mismos. Veme en la enfermera que mitiga el dolor de los sufrientes: en la madre o en el padre atribulados por la penuria; en el grupo que trata de entenderse a fin de entender y humanizar su entorno. Veme en los fanatizados destructores, muchas veces víctimas sociales, además de victimarios. A propósito, ¿qué lees en esas hojas amarillentas?
—El fragmento de un escrito que encontré en un basurero. Por su contenido, más bien creo cayó de la NAVE espacial que seguía al cometa Hale-Bopp, el OVNI que esperaba a los sectarios del rancho Santa Fe, cerca de San Diego, en California. Lo someto a tu crítica.
—No está fechado, pero a juzgar por el cometa que menciona, parece lo soltó el Kohoutec. Dices que cayó del cometa, allá tú y tus fantasías. Debió escribirse durante la guerra fría, porque lo que es ahora, ni tantito hay riesgo de guerra caliente. Matanzas por todos lados, sí; hambrunas y pobreza en medio mundo, sí; pero eso no es guerra, sino cataclismo. En fin, léeme el escrito.
—Rescatado de los estragos del tiempo, están cuatrapeadas las fechas. Se va del presente al pasado y de éste al futuro, hacia atrás, hacia abajo, en horizontal, en vertical, hacia arriba y hacia delante. Es un enredo. Sin embargo, lo legible y menos borrado por las telarañas del recuerdo y por la contaminación del basurero, dice: “BABILONIA, 539 a.c.- Baltasar asistía aquí (probablemente junto con Epulón como asesor), a un banquete de negocios cuando en las paredes del centro de convenciones vio una pinta que decía: Mane, Tecel, Fares, la cual luego Daniel habría de interpretar como tus días están contados.
HIROSHIMA, NAGASAKI, 1945 D.C.- Hoy fue lanzada sobre víctimas inermes la primera piedra atómica. El arma civilizada quemó con el fuego nuclear a miles de humanos.
WASHINGTON, MOSCU, 1975 D.C.- El arsenal de estos 2 imperios se contaba en miles y miles de megatones –después de la experiencia bien asimilada de Hiroshima–, capaz de incinerar a medio mundo y en un descuido a todo…unas 25 veces.
BELEN, año del nuevo comienzo.- Hoy nació aquí un niñito que transformó al mundo al predicar y practicar el amor de un Padre Celestial común a todos. Su prédica generó muchos testigos y bellos pensamientos como aquellos de libertad, igualdad y fraternidad que han quedado plasmados en bellos documentos, pero muchos de sus llamados seguidores se resisten a que todo ese mensaje de esperanza pueda ser cierto.
MONTE PALOMAR, 1975 D.C.- Investigadores de éste y otros observatorios han descubierto en los últimos tiempos innumeras galaxias, quásares, pulsares y hasta agujeros negros. Se teme que en un descuido logren descubrir universos paralelos o señales de inteligencias extraterrestres.
LA LUNA, Julio De 1969 D.C.- Astronautas de la Tierra pusieron hoy por primera vez pie sobre la Luna. Colocaron una bandera norteamericana en lugar de poner encima la de la ONU y, de paso, comprobaron que dicho satélite artificial no es de queso ni en él habita el profeta Elías.
AÑO 10,000 A.C.- Comienza a nacer la historia humana. El avance se nota en que si antes el homo sapiens peleaba con piedras y flechas, hace lo mismo ahora, pero en lugar de defender las cuevas, ahora protege sus ciudades.
AÑO CERCANO A 2 MIL, D.C.- El hombre de estos tiempos se interesa cada vez más por cuestiones enigmáticas y misteriosas, como los fenómenos telepáticos que probablemente ya practicaban sus ancestros de las cavernas. Se distingue de aquéllos en que en vez de piedras y flechas usa bombas, metralletas y pistolas, para matar.
AÑO 3,500 MILLONES A.C.- Sobre la superficie de este planeta azul, pero solitario y desolado, comienzan a notarse perturbaciones microscópicas en sus mares, posiblemente virus, el inicio de la vida.
AÑO 2,025 D.C.- Un virus que nació en África (o en el país de la abundancia), al que desde luego llamaron SIDA, amenaza con hacer regresar, tras diezmarlo, al homo sapiens con sus parientes los changos, a su cuna de aquel Continente, donde se considera nacieron ambos.
AÑO 2,000, d.c.- El talento humano ha descubierto con mayor claridad que la vida sobre la Tierra forma un solo sistema, surgido de los fondos acuáticos y se tejió durante millares de milenios hasta llegar al homo sapiens. Tras siglos de irse bajando él mismo del pedestal, ahora acepta, también, la posibilidad de que no sólo su planeta sino el Cosmos todo esté habitado. Ha descubierto que su ciencia tenía límites y sus sistemas socio-económico-políticos, además de injustos, no eran eternos.
SIGLO XXI D.C.- El hombre del Siglo XXI teme que su creatividad destructiva logre abortar la historia. Tres mil quinientos millones de años de vida sobre la Tierra perdidos por la estupidez humana que ha utilizado los secretos de la materia para trasmutar piedras en armas. no es posible que suceda, pero es posible que suceda. Sería el fin del mundo, el fin de la Tierra, un planeta abortado. Pero no un aborto cósmico. Tan Sólo un cosmos sin nosotros. O un cosmos con nosotros mutilados. La grieta se abre, del centro de la Tierra escapan flamas gigantescas que amenazan extenderse por toda la superficie del planeta.
Explosión inconmensurable que amenaza sumir en la tiniebla de la NADA al inventor de bombas. Millones de fragmentos de materia terrestre se expanden, en fuego pirotécnico inconmensurablemente grande por todas las inmediaciones del sistema solar, donde se agitan en bamboleo todos los 8 planetas y todas sus lunas que antes giraban armoniosamente en torno a ellos, incluido el planeta extraviado. Pero esto no sucederá, no teman a quienes pueden matar el cuerpo, pero no podrán con el alma de la Tierra.
No pasará, sí pasará, es posible, no es posible, será, no será pero puede ser. La angustia del hombre cubre de lamentos la Tierra. El miedo a perecer se extiende por todos los continentes, ya están cebadas las bombas, ya han sido alineadas las huestes bacteriológicas, ya están en sus marcas legiones microbianas para destruir la vida, ellas que son vida, Los sistemas económicos, políticos, sociales que he creado se han derrumbado. Sólo percibo tinieblas, sólo respiro oscuridad, el tapete se ha movido, ya no hay ningún punto de orientación que sirva para sostenerme, el mundo ha crecido demasiado en mi derredor y ya no lo entiendo. Demasiado grande, es demasiado absurdo para mí. Siento que algo me ahoga. Millones de moléculas congestionan mis pulmones. Pulverizaciones de pequeñas partículas impiden mi respiración. Se acaba el aire que respiro, estoy muriendo, estoy feneciendo, algo atosiga mi garganta, algo cambia mi sabor, algo perturba mi nariz, percibo veneno que atraca todos los poros de mi cuerpo. Estoy pereciendo, estoy pereciendo, estoy pereciendo, tengo miedo a la vida y estoy pereciendo. Gases contaminantes cubren mi atmósfera, ruidos de locura profanan mi intimidad, vaivenes de máquinas interrumpen mi circulación. Soy hombre máquina, me estoy maquinizando. Detritus asfixiantes, maceración de cuerpos y almas, desquites de la materia “profanada”. Nieblas estrangulantes de ciudades, vidas, atmósfera sutil, placenta que protege del rayo cósmico comienza a desgarrarse. Industrias contra el hombre, maquinación que capturas solo una dimensión de mis muchas dimensiones. Técnica que te has vuelto contra tus creadores. Poderes vengativos contra su aprendiz de brujo. Es el fin del mundo. Regreso a la NADA de donde salí hace 3 mil 500 millones de años. Miedo, miedo, miedo de perecer, Mejor dormir, regreso a la NADA, mejor que la soñada grandeza, prometida grandeza. Me he fragmentado, me he despedazado, sólo reducido a mi dimensión económica de consumidor de objetos, yo que trasciendo todos los objetos. Me he vuelto hombre económico, yo que soy también hombre sufriente, intuitivo, pensante, emotivo. Poder que absolutizas lo relativo, pretendes trascender por donde no hay trascendencia porque no hay dirección. La injusticia se yergue por sobre toda la Tierra. Perdí el camino, no sé cuándo. Perdí la orientación, no sé cuándo. Tengo miedo, miedo de perecer destruida mi debilidad por poderes englobantes y totalizadores fragmentadotes del hombre. Es una ilusión, yo no soy más que mi propia ilusión. No existo, me dicen que existo pero no es cierto. ¡Ah pero sí! Si el mundo se derrumba en mi derredor hay mundo; si he descubierto un mundo nuevo inconmensurablemente grande, hay mundo; si he descubierto el valor de la vida, hay vida, yo mismo; si he descubierto el valor del espíritu, si he descubierto mi desorientación, hay orientación; si he temido morir, es que hay muerte; si hay muerte, es que hay vida, si hay vida, es que la tengo atrapada mucho muy dentro de mí, hasta lo más profundo. Soy vida, soy espíritu, soy materia, soy hombre. ¡Viva la vida!, no podrán contra la vida. Tus días están contados. No están contados. Sí están contados. ALGUIEN los cuenta. Mi historia tiene principio y tiene fin, ése es el fin de mis días, mis días están contados. No pereceré, el absurdo es perecer, no vivir, no creer, no esperar, no luchar, no amar, el absurdo es una ilusión. Puedo morir pero puedo vivir, estoy amenazado por mí mismo, pero puedo regenerarme. Nadie podrá contra la vida. La vida es irreversible, el espíritu es irreversible. Mis días están contados, pero yo levo el cómputo de mis días. La grieta se cierra, se va cerrando. Cuento mis días. Mis días están contados. La grieta se cierra. Energías inmensas de amor y solidaridad, empuje y lucha la cierran. Se está cerrando, aparece una Tierra Nueva. No, es el planeta, el cometa. ¡Eso!, veo un cometa. ¡Qué bello cometa!, su superficie se altera, vemos, veo, vemos, veo…aparecen letras sobre la superficie del cometa. Dios mío, se está moviendo. Dios mío, éste es el fin del mundo. Dios mío, éste es un anuncio. Conozco la frase: tus días están contados, tus días están contados, tus días están contados. Los tres ayes: ¡ay, ay, ay!, Año 1974, año 1, año 10 mil, año 2 millones, año 3 mil 500 millones, año 2 mil después de Cristo, año 3 mil, año 4 mil, año 5 mil, año, año, mis días están contados, pero hacia el futuro. ¡No pereceré!. Veo allá una lucecita, luciérnaga colorada que alumbra mi salida. Me acojo a ese punto rojo que es mi compañero. Es mi fe, mi esperanza, mi camino, mi verdad, mi vida. Ahí está, es coherente, la vida es coherente, el cosmos es coherente, yo soy coherente. Ya pasará, es una curva del camino, aún no veo claro. El cometa, el anuncio. Si intuyo mi propia autodestrucción, intuyo mi propia recuperación. Es obra mía, yo también cuento mis días. La tierra tiembla, es la Nueva Tierra, pero ahora no es terremoto, su Temblor es suave, como un vaivén de cuna que mece al recién nacido que es el hombre. La Tierra cuna del homo sapiens, cuna de niños que serán adultos cósmicos. Cometas, planetas, estrellas, galaxias, mundos sin fin. No veo el cometa, sí veo el cometa, ya no aparecen sus signos, ya no percibo sus alteraciones. Tan sólo veo un Astro Refulgente, refulgente de promesas, refulgente de vida, refulgente de esperanza. Un cometa que tal vez se presentó a nosotros también en el año 1 de la Era Universal.
MONTE PALOMAR, 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. El cometa Kohoutec comenzó a perder hoy brillo, conforme se aleja del Sol. Cálculos astronómicos indican que se alejará definitivamente de nuestra vista en pocos días; pero podría reaparecer alrededor del año 12 mil después de Jesucristo. Su última visita al planeta, consideran los expertos, fue unos años antes de que empezara a computarse nuestro calendario.
—Parece que esto no es el fin, sino el comienzo.¿Qué te pareció, duendecillo?.
—Truculento. Las influencias del género literario y además la moda y el clima anímico de estos tiempos, son obvios. ¿No escaparías tu mismo de la mansión aquella?. Dos observaciones solamente: allí la historia es leída al revés o sea está alrevesada. Menciona la NADA. Reflexiona si muchos de esos temores no serán porque está cargado el acento en el pasado, la nada. Pero si lo lees al revés, resulta ADAN, y Adán, El Hombre, tiene futuro.
La otra palabra: Nave espacial. Cierto que a la Virgen de Nazareth se la saluda así: ¡Ave (¡te saludo!) María!. Pero si lo lees al revés, queda EVA María. Es más tranquilizante creer en y confesar a Jesucristo como nuevo Adán y a la nueva Eva como la madre de los creyentes, es decir, de los vivientes.
Dicen que el paraíso no está en el pasado, sino en el futuro. Porque el gran paso ya se dio y se da todos los días, pero respetando las leyes de la vida y es mejor caminar que volar a velocidades supersónicas. Aun cuando a veces, es bueno volar. Pero como los papalotes, asidos de un hilo, para que no pierdas el rumbo.
—Ahí está el enredo. En el rumbo, en el hilo (el sentido de orientación), allí está el enredo.
—Como te dije, ¿recuerdas?. No soy duende, soy Musa de los Vientos. Y allí está el enredo. Como te digo, no se te ha quitado lo pagano. Y allí está el enredo
—¡Ay, Musita, a poco tú estabas en todo aquel enredo! —No soy yo quien enreda las cosas; pero también las desenredo.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, Pág. 4-B, 26/X/1997.)
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FANT.13- A2K O EL ERROR DEL MILENIO
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[editar] A2K O EL ERROR DEL MILENIO
Silviano Martínez Campos
—Debo ser muy enérgica contigo y, si no un regaño, mereces ciertamente tu jalón de orejas, porque ¡descompusiste mi computadora! No es lo mismo manejar el aparato, aprovechar del todo sus hertz, gigabytes y seguir las instrucciones, que meterte de ingeniero, manipular circuitos, conexiones y mostrarte así torpe, torpe, torpe sin remedio.
¿Qué argumentos me das en tu defensa, tras haber provocado la caída del sistema?.
—No los tengo, y has de disculpar la interrupción: ¿qué no habías abandonado ya esta Tierra, dejándonos atribulados y contritos en los estertores del siglo y del milenio?.
Esperaba una carta o de perdida un telegrama como antes, en nuestros buenos tiempos, cuando hasta te disfrazabas de duende o de microbio; pero resulta que interrumpes mi trabajo y trajín diario, usas la tecnología del hombre blanco, si bien a través de mi computadora vieja y averiada.
Me pusiste a usar la nueva técnica y ya ves los resultados. Me perdí en los vericuetos de la red, entre la publicidad y la mercadotecnia; tenía qué ser, el Y2K y el cambio de fecha me trambuluquearon.
Has de disculpar, Musita, aún me comunico con señales de humo, a pesar de toda la apariencia; y si te averié el hardware, el disco duro quedó intacto, o más bien el chip que mueve todo. Y viéndolo bien, Musita Adolorida de los Vientos, me trambuluqueaste, porque si bien lo reconozco, desenchufé el sistema, pero de la computadora Terminal, mas no de la matriz que sólo tu manejas y esa muy intacta que está y por tanto no la toco.
—Problemas de herramienta, no te apures por eso del A2K o fines de milenio. Eras ciertamente más ducho con señales de humo para comunicar mi mensaje en estas tierras. Hubo sin embargo interferencias entre tú y los anteriores dinosaurios así como especimenes modernos, la riqueza y las formas, los pleitos callejeros con imperios y la grilla.
Dejemos lo pasado, ¿estás de acuerdo?, y te hago la pregunta pertinente: ¿Supiste de mi paso muy reciente por estas tierras que de siempre quiero?.
—Estuve entretenido viendo tele. Disculpa mi actitud impertinente, insisto en sacarme la espinita del uso “inapropiado” del equipo. Por principio de cuentas la regué de a feo, será porque olvidé las instrucciones, la clave o el “password”, la contraseña pero: ¡ya pediré perdón al inicio del milenio! Pulsé, pulsé botones de tal modo, que a fin de cuentas bien que me hice bolas.
Quise reparar el desatino y enredé más las cintas negras (¿perforadas?) que entrelazaban la trama del equipo. ¿Y qué salió después, Musita, en la maraña amontonada de tiras en desorden?. No me lo has de creer: era un empaque rojo, de papitas. No lo toqué, le dí su puntapié y apareció después blancuzca una bolsita que me atreví a interpretar: de mala leche.
¿Quién metió su cuchara?, preguntéme. Ya la regué, pensé o me dije con azoro; pero nunca creí yo haber puesto las bolsitas; más sí torpeza en manejar botones. Miré hacia el interior y vi el LIBRITO de tu clave, hojeándose a sí mismo y me dio cierta confianza en que sólo había averiado el hardware, pero no el disco duro del programa, ni tampoco el chip que lo controla.
—No tomes tan a pecho esas cuestiones. Tengo el Librito de cualquier manera y ya se hagan niñitos o expertos ingenieros, tarde o temprano les agarro el modo. Descomponen mi hardware by yo que lo reparo, averían los circuitos y yo los reprogramo.
Señales de humo, rayos o centellas, nevadas, tolvaneras, terremotos o tormentas o volcanes, tramas globalizadas, cibernéticas, insanias destructivas que rechazo, signos todos lo son de que algo al fin se mueve.
Pero prefiero el gesto generoso, palabra bienhechora y el afecto para decir que sí, que aquí me encuentro: reluciente, feliz, resucitada.
Recojo los ¡vivas! De la urbe azteca para centrar su alma en mi figura. Acepto a manera de plegarias los gritos del estadio, vestido tricolor en la tribuna, con los colores de México e Italia. En el sacro recinto del santuario, directrices les doy pa’que me sigan.Lluvia de rosas hago caer y que perfumen el ajuar o la sotana de Juan-Diego.
Pide a la Guadalupe o a la Myriam, tu muchacha, te donen el secreto de la trama: cosas sencillas, artesanas, que equilibren la grande telaraña, con el afectado que sólo prodigan las mujeres. Dile a Miguel (¡viva la vida!) que conjure la peste de la guerra. Pídele al Emmanuel (¡Dios con nosotros!), devuelva tu inocencia ya perdida.
Las aguas impetuosas, torrenciales, cavaron un boquete en esta Tierra. La ROCA no se cae, no te preocupes, y aun cuando esté floja, la sostengo. Y el agujero negro que percibes permitió que entrevieras las RAICES.
En árbol de mezquite o el de zapote, plantados en el patio de la casa, revuelan los insectos presurosos en busca de la fruta que no encuentran. Si sanas las raíces perseveran, tarde o temprano te dará zapotes.
—La regué, fui “traidor”, lo reconozco, confieso mi conducta “inapropiada”. Inhibí los circuitos del equipo y por ello cometí cada burrada. Recibí inteligencia y sentimientos, revueltos con ensueños y quimeras: después los convertí en resentimientos, enlodados en cada borrachera.
La regué, fui traidor, lo reconozco, debato mi conducta inapropiada. Cuerno de la abundancia por mis frutas, hortalizas y cereales; pero llegó a tal punto la codicia que tuve qué cambiar mis decisiones por un mísero plato de frijoles.
La regué, fui traidor, lo reconozco, me deshago en disculpas y perdones. Tomé poder, riqueza, territorio en alianza con otros desertores. Me libraron por fin las ataduras, en medio de protestas y rencores. Libre quedo, por fin, para enseñarles la Palabra de Dios a los bribones.
La regué, fui traidor, lo reconozco, acepto mi conducta inapropiada. Pulsé botones sin mediar razones, desquicié los circuitos de la vida, obré sin seguir las instrucciones. Creí que mi ciencia lo era todo, hice un dios de equipos y sistemas. Rendí mi devoción al podero$o, vendí mi condición por hamburguesas.
La regué, fui traidor, lo reconozco, jugó con fuego mi aprendiz de brujo: profané los secretos de tu seno, quise hacer de tu imagen una copia; de la honda y la flecha fabriqué misiles, puse veneno en gases y solventes.
Desplumé las alas de los vientos, calenté las entrañas de los polos, enturbié los pulmones de mi Tierra: sofoqué los gorjeos de pajaritos.
—No es para tanto, acepta mi apapacho. Qué más puedo decir, que “te amo, te amo”. Larga la lista de tus mil perdones, aun cuando sale verso sin esfuerzo. La regaste por fin, como te dije: esparciste en tu Tierra la semilla del bien y la bondad que se te dona y usaste del bit y la pantalla, a pesar de la bolsa de papitas.
Los circuitos se cruzan, ¡qué le hacemos! Entenderás mejor si te despojas de fijación individual y solitaria para entender mejor la onda universal, comunitaria.
Lo de traidor lo acepto, te lo digo: Traedor de novedades, utopías; traedor de buenas nuevas, justicieras. Es la misión que tienes, persevera. Misión comunitaria, mexicana, o si amplías la visión, americana.
Por un pueblo empecé, por otro acabo de regar el mensaje libertario, antes que cambie fecha centenaria, del Y2K o trastorno milenario.
Porque si arreglas claves, lenguajes y circuitos, el A2K ni siquiera te regresa al 900, pero menos atrás, al cuaternario, a hacerle compañía a tu pariente el chango.
Mejor será el 2001 firme signo de la odisea que te proyecte, a confines insondables del espacio, tras arreglar en paz y justicia esta tu NAVE.
Vendrá después la danza de los pueblos: fundida la alegría de los cubanos con la del noble pueblo americano. También el zapateo de los tarascos, mexicanos, con los ritmos sabrosos colombianos, unidos al tambor maravilloso de los múltiples pueblos africanos.
¡Sí se puede”!, dirás, ¡Sí que se puede!, el Espíritu hablará, sí por mi raza, mi raza bullanguera, americana. Para decirle a pueblos y naciones que su parto pasó y de la TIERRA el EJE cambió de dirección y ahora se orienta al nuevo mundo, en fin, el POLO del AMOR, por justo y solidario, en gozo permanente, planetario.
Y el A2K o trastorno milenario, nueva fecha tendrá, y habrás recobrado la nueva clave en SOL, Sol de la VIDA. por plena, tierna, suave, rebosante de ENERGIA. Y queden desarmadas para siempre por insanas, las garra$-guerra$ destructoras, del petróleo.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, Pág. 3-B, 28/II/1999).
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FANT.15- EL VUELO DE LA ORUGA
De El Taller
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[editar] EL VUELO DE LA ORUGA
Silviano Martínez Campos
LA PIEDAD, 23-26 de Diciembre, días navideños.
—Cuando más necesitaba, me abandonas. Y ahora vienes, suplicante, que escriba sobre ti: ¡Me decepcionas!
— ¿Quién abandona a quién? ¿Qué no lees GUIA? Hasta el alto funcionario de alta casa, mexicana, de muy lejano origen pontificio ha decretado, en la solemnidad de la academia azteca, que ¡Fuera el Creacionismo de estas tierras! Salgo sobrando y has de saber que pensaba comentarte, por si acaso lo crees y lo asimilas, la opinión del científico inglés, aquel que augura , como plazo irreversible de doce años, para que esto no tenga más remedio. Así que no se puede, considera.
—Académico debe ser, el mexicano, d’esos de la religión alternativa, así sean ciencias, sistemas, nuevos liberalismos, nuevas edades o algo parecido. Pero no me hagas opinar en lo que no soy competente.
—Yo menos. Y no digo me hayas desterrado de la academia, aun cuando lo pretendas, ni de las iglesias aunque lo pretendas, pero me desterraste de tu vida y allí están las consecuencias.
—Bueno, eres Musa, o qué, porque en mi atrevimiento, he entrevistado a Dios, al diablo, a duendes y a microbios, pero no a entidades nebulosas que ni siquiera existen.
—Has dado en el clavo, pues ni siquiera existo.
—¡Conque a tu pueblo engañaste por milenios, si es que pueblo tenías y tienes tiempo!, si he de basarme en anterior supuesto.
—Son cosas del lenguaje y, en el “tienes”, está tu perdición. ¡Aquí me tienes!
—Reconozco el tener, no me desdigo. Tengo poder, tengo mi ciencia. Tengo dineros en las arcas llenas. Tengo saber, conocimiento, sucedáneos que mitigan mis fatigas, tengo mucho poder, te tengo a ti, te tengo, ¡Y tengo!
—Tienes mucha razón, lo tienes todo, menos a mí muchacho presumido, que te lo expropias todo. ¡La regaste!: Guerras de religión, debates turbios, cruzadas bendecidas o en mi nombre pero yo estaba allí, aun cuando no en decretales ni en espadas ni en cañones ni en metrallas ni en las bombas (tontas o inteligentes), sino en el hombre que sufre que desangra, en sus cuerpos, en sus almas.
—Trambuluqueado estoy y no comprendo: compresto eres Musa, eres microbio. Te disfrazas de duende, hada y en ángel, y hasta de extraterrestre. Si no fuiste creador ¡Qué fuiste, entonces! Y si esto sabías iba a pasar, ¡Pa’qué me creates!
—No llores muchachito, has de guardar tus lágrimas. Acepto tus lamentos y plegarias. Pero acuérdate de Job, ¡Cómo le fue por exigirme cuentas! Contigo estoy de siempre, no me rajo. Y pido, te suplico, reproduzcas, aquella la oración que te apenaba, porque creías que no era pertinente para el Dios de las alturas que soñabas. Pero el Dios que confiesas no se raja, está contigo donde quiera existas, te acompaña en tus penas y en tus gozos y renace y renace por lo siglos.
—Me vuelves confianzudo, así ya cambia. Pero si tú lo quieres, sale y vale. ¿Resabios maniqueos, tal vez gnósticos y todo recogido a lo largo de mi historia destemplada? Los fragmentos aquellos ¡Qué atrevidos!, en el 73. Los mismos, lo aseguro, lo prometo, y de paso les doy su remozada:
PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO. Padre nuestro porque creemos que lo eres. Tú generaste la explosión inmensa que según los astrofísicos fue el principio de la materia y después en espiral ascendente tejió las maravillas del cosmos, desde la micromolécula hasta el microcosmos de conciencia que es el hombre.
“Tu nos arrojaste a este remolino de vértigo que es la vida y nos lanzaste a una aventura dolorosa. Nos hiciste inmensos porque colocaste dentro nuestro tendencia insaciable de conocer, de amar y nos has dado potencialidades inmensas de amar (o de odiar) de crear (o destruir)”.
Padre eres de la madeja aún no desecha del microcosmos del átomo y eres padre también de la célula que lleva en sí la vida y engendra vida. Padre eres, porque no tienes prisa, de los primeros microorganismos que despertaron azorados a la vida en la inmensidad de los océanos vírgenes allá en aquellos tiempos para nosotros lejanísimos. Padre eres de los peces que salieron a tierra firme y transformaron sus aletas en patas y sus branquias en pulmones para respirar el aire aún no contaminado por la creatividad del hombre.
Padre eres de aquellos monstruos biológicos que llamamos dinosaurios y padre eres de los cuadrumanos de los cuales nosotros dependemos por parentesco en millonésima generación. Padre eres también de las plantas y de las piedras, de los metales y de las montañas, del agua y del fuego, de las estrellas y de sus planetas y sus posibles habitantes, y de las galaxias y sus posibles confederaciones de sociedades inteligentes.
Como padre te manifiesta en todo proceso viviente o no viviente; en todo fenómeno social. Como padre te manifiestas en toda convulsión humana desde los tiempos de la vida de las cavernas hasta la edad en que el hombre ha amasado el uranio y el hidrógeno respondiendo a esa tendencia que le diste de crear (o destruir).
Padre te manifiestas en este tiempo doloroso para nosotros en que nos agitamos presas de la desorientación y muchos hemos perdido la fe en la vida pero otros muchos nos renovamos y reorientamos nuestra mirada hacia el nuevo hombre, el hombre cósmico.
Padre nuestro eres (pues nos has dado como herencia todo un cosmos donde habitas) PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN LOS CIELOS.
Estás en los cielos, en el cosmos poblado de galaxias, desde el centro a la periferia del Universo, rumbo a los cuatro puntos cardinales del Universo.
Nuestro cielo comienza en la tierra, en este pequeño planeta al que bautizamos con el nombre de Tierra; pero tu cosmos no tiene “fin” aunque tuvo principio. No tiene fin para nuestras miradas porque los juguetes para escudriñarlo que hemos inventado están a la medida de nuestra miopía. Pero medimos su esfera con el metro de la poesía y del arte Llenas el Universo, como se ha dicho. Llenas nuestro globo y te manifiestas en cada pedazo de materia inorgánica u orgánica. En los mares y en las altas montañas, en los desiertos, en las selvas, en las llanuras, en las pequeñas poblaciones primitivas, en las grandes concentraciones urbanas y ultramodernas de lo que nosotros llamamos Europa, América, Asia, Oceanía o Africa.
Permaneces entronizado en las demás estrellas, que por millones se organizan en torno a nuestra Vía Láctea y tu cosmos se extiende más allá, a distancias que nosotros medimos en millones de años luz pero que tu las ves y las percibes fuera de nuestro tiempo y de nuestro espacio, porque trasciendes tiempo y espacio.
“Eres el Señor en la Nebulosa de Andrómeda, en la Nube de Magallanes y en las galaxias alfa, beta, gama y omega. Eres el alfa y el omega porque eres el principio de todo y eres el fin de todo. Los cielos con sus astros proclaman tu gloria. Nosotros te glorificamos, y por eso aspiramos a que sea SANTIFICADO TU NOMBRE
Nombre indefinible. Absoluto porque no alcanzamos a percibir lo infinito por nuestras miradas limitadas; y te llamamos el Altísimo, porque te consideramos lejos, muy lejos de nosotros, porque nos falta la fe y no reparamos en que estás dentro de nosotros porque tu Espíritu nos alimenta y dentro de ti vivimos, nos movemos y existimos, según dice de ti s preclaro mensajero. También te llamamos el Señor y Dios y el Eterno y Motor Primero, la Materia. Te buscamos.
Tu nombre ha tomado diversas denominaciones dentro de la memoria mágica de generaciones y generaciones que te han temido o te han amado. Y eres Alá, Hitzilopoztli, Ahrimá, Astarté, Jehová o Quetalcóatl, Materia, Cosmos, Indefinido. En todos tus nombres se encuentra la angustia y el interrogante del ser que sufre y pide compasión o del ser que goza y se proyecta (en sublimación).
Santificado sea tu nombre, tu mismo, ahora y hace miles de años y dentro de miles de años más mientras haya hombres y dentro de millones de años mientras haya aún seres inteligentes en el cosmos pasando por su definitiva creación; y millones de millones de años multiplicados hasta el infinito sin límite ninguno, cuando ya no haya hombres sobre la Tierra como los conocemos y cuando ya sobre ningún planeta ni estrella ni constelación ni galaxia haya seres en proceso de perfección, sino todo se haya consumado en ti, para que seas todo en todos, como dice tu mensajero, cuando HAYA VENIDO SOBRE NOSOTROS TU REINO.
Reino ciertamente aún lejano, pero que comenzamos nosotros mismos a construir, con tu ayuda, sobre la tierra. Pero ves cómo nos resistimos a construir tu reino. Tu en la persona de tu hijo Jesús te manifestaste a nosotros y nos enseñaste lo que es tu reino, “donde hay muchas moradas” para todos.
Pero hay entre nosotros resistencias no sólo a construir el reino, sino también a considerar factible que ese reino pueda construirse y aún, que pueda existir. Hay pánicas resistencias a construir tu reino entre quienes creen que la verdad absoluta se ha descubierto ya y que son los poseedores de la misma. Otros nos resistimos a construir tu reino de justicia, aun cuando nos confesemos seguidores y la Tierra está llena de injusticia.
En cambio, ves qué lejos está de venir tu reino de justicia: el hambre amenaza a millones de hombres a quienes se ha dicho no se preocupen del alimento, porque los pájaros no trabajan y bien que friegan en siembras y cosechas hasta invadiendo la propiedad privada, y bien que comen y beben.
Cuántos millones vegetan sin porvenir, sin alimento ni vivienda, víctimas del despotismo, tratados como cosas cuando debieran verse como centros de conciencia que de alguna manera te refleja en tu imagen.
A pesar de todo necesitamos, sin embargo, acelerar la construcción de tu reino que es don. Aún así, en el aquí y ahora, que las estructuras de poder, y esto parece una utopía, se pongan al servicio de todos pero no sólo en servicio de clanes, castas, mafias y grupos del poder o el del dinero, manejados tal vez por los imperios que ahora se disputan la Tierra.
Aspiramos también a que líderes de la política conciban al mundo con visión planetaria de promoción humana, pero no experimento para sus pretensiones de poder y de dominio. Y queden en los archivos de la historia las pretensiones de imperios únicos y llegue el imperio planetario, el de todos, pero sin hegemonías ni ejércitos privados, sin bancos del dinero usurpadores de los bienes comunes ni bancos de datos que niegan el saber y fomentan las ambiciones de poder y dominio y ven al hombre de carne y hueso como ficha, cifra, referente estadístico y no corazón que al amor aspira.
Que se vea al cuerpo como recipiente del amor y de la ciencia que articula al Cosmos, y no esclavo de rufianes que lo insultan con sus manejos violentos y artilugios que lo instrumentan para ganar dinero.
Que tu reino empiece a establecerse en cada uno de los países que conforman la Tierra, los desarrollados o no, los ricos y los pobres, los que hoy por hoy se organizan conforme al sistema capitalista o su tendencia se llama socialista. Los que hablan en griego, hebreo, o latín transformados una vez que el Espíritu sopló tanto en el Hebreo como en el Griego, o en el país del Lacio, en lo que hubo y hay en todos, de humanismo.
Lo sabemos, Señor, que el implante de tu reino en estos términos y tierras, es difícil y lento. De todas maneras, que venga tu reino a través de la ciencia y de la técnica, en los avances cada vez más acelerados en sus descubrimientos, hasta que no quede rincón de la Tierra que no haya penetrado el ojo, oído, el tacto, el olfato y el gusto de la curiosidad humana.
Que no quede partícula desconocida por nosotros y tampoco rincón alguno inexplorado dentro de la entraña de la Tierra y dentro de la entraña del mar y sobre la superficie de la Tierra en sus montañas, sus praderas, sus desiertos y en sus lagos y ríos y en sus superficies desoladas por el hielo, o las arenas.
Que el globo terráqueo sea tan transparente para el hombre como lo es un cristal. Y que no quede, después, ningún rincón ignoto para el hombre en torno a su Sol y sus planetas y tampoco enigmas en torno a su Universo, las estrellas próximas y lejanas, las nebulosas cercanas y lejanas.
Que conozcamos si definitivamente, como lo creemos algunos, tu Universo está poblado también, en todos sus rincones, por seres vivos e inteligentes, en mayor o menor proceso de crecimiento, vale decir, de su creación definitiva, porque evolución y creacionismo, teorías siempre de aproximación a lo que creaste, nunca, nunca ni ahora, serán definitivas.
Porque el miedo, el temor y el asombro ante lo que tu creaste, nos hicieron sembrar de inquisiciones y pesquisas para causar también miedo y temblor entre tu pueblo. Pero ahora también los miedos, no a la ciencia, hacen temer que sí, que eso era cierto, sí tuvo principio, sí fue creado y ciencia y fe no son adversas porque los big-bang, los agujeros negros, innumeras galaxias y a lo mejor innumeras creaciones, signos todos lo son de que tú Existes.
Que dominemos, pues sí, sin trastocar designios, a todo tu Universo aun cuando deban pasar años por millones y millones y la naturaleza que nos diste, por obra tuya y fidelidad nuestra, se encuentre mucho, mucho transformada y las formas humanas conocidas en este siglo XX, y en el XXI, ni rastros de ellas haya y entonces pululen por el Cosmos seres cuyos ancestros nacieran aquí, en este vivero de los hombres libres, por cuanto herederos del universo mundo.
Y entonces, Señor, aun cuando habrán pasado millones de millones multiplicados al infinito, habrá venido tu reino. Mientras tanto, desde ahora, construyéndolo, contribuyendo contigo a construirlo, deseamos que venga a nosotros tu reino, pero no, no la nuestra sino que HAGASE, SEÑOR, TU VOLUNTAD, ASI EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO.
Prendiste en nosotros un foco de conciencia que no podrá apagar nadie. Muchos consideramos, sin embargo, a tu obra como absurdo. Pero diste conciencia a los humanos, aspiraciones que cultivan la utopía, pero la fragilidad impide realizarlas.
Qué es la Tierra, y suena a bíblico, sino una pequeña cárcel dentro de nuestro Universo inmenso. Hacemos apenas intentos para sobrepasar la placenta de nuestra Tierra y hemos logrado un poco, acercarnos apenas a la ventana de tu Cosmos.
Nuestro cuerpo es sacudido por la llamada a la unión, pero es copada por la limitación propia y del otro. Imbuiste en nuestro corazón (así expresamos nosotros nuestra emotividad y sentimientos), una inclinación irresistible a amar y ser amados, pero ya ves, qué dividido tu mundo. Nos desgarramos unos y otros, en la guerra desde que éramos tribus nómadas, en las selvas o en la arena, hasta que somos naciones; desde el pedernal, la flecha, el arco, hasta el cañón, el fusil o la bomba “inteligente”.
Nuestra sed infinita de amar o ser amado, no logra, a veces, traspasar el narcisismo, el clan o hasta la etnia, porque estamos divididos en sectores, en gremios o en clases. Tú trazaste las leyes de la marcha del mundo, pero nos hiciste libres de tal modo, que nosotros nos ajustamos, o no a ellas.
Si nos ajustamos, creamos ambientes llevaderos para gozo de todos. Si no, creamos, diseñamos, proyectamos y hacemos la guerra, usamos o abusamos de tus bienes y si el caso amerita, nosotros mismos podremos inmolarnos, mediante la fuerza del átomo, mediante el suicidio social o transmutar con nuestra química el mismo clima, ahora mediante su cambio drástico, por terrible reacción defensiva de la madre Tierra.
Por todo esto y más y porque permites que la historia humana se vaya gestando, con auxilio de participación directa del hombre, con suma lentitud y en medio de dolores, hágase pues tu voluntad en la Tierra. Y aunque muchas cosas nos parecen incomprensibles y absurdas, y no las entendemos, hágase, sin embargo, tu voluntad en la Tierra.
Y en los cielos: los astros, las estrellas con sus planetas y lunas, las galaxias y nebulosas, los hoyos negros que remiten a lo incomprensible, los universos paralelos y los reinos de los seres que en inconmensurable número pueblan lo creado. Ya sean lo que llamamos ángeles, ya sean los que llamamos alienígenas, ya sean universos de robots o máquinas o ya sean universos biológicos donde se siente, se ama, se goza, se canta, aunque de momento también se llore.
Que en todo el Universo, que surgió de la “Nada”, para nosotros oscura y que ahora ciframos en la matemática, en la ciencia, pero también en la intuición y en el canto, se cante la grandiosa, inconmensurable, admirable y bella explosión del Big-Bang. Y ya sea que tu Cosmos se extienda y se contraiga para cada vez en miríadas de millones de años y en cada eón hacer surgir nuevas, innumeras especies de ángeles, de hombres, que todos los seres, como en el cuadro de los cuatro Vivientes, te digan Alabado y que seas por siempre, siempre, el Santo, Santo, Santo. O sea por el contrario que el Universo haya nacido, crezca, se reproduzca y muera, de frío, o de calor, pero después de haber “expulsado”, en el acto creador supremo por tu Nombre, a miríadas y miríadas de vivientes para ponerlos frente a tu insondable misterio y sean plenificados así en, en el gozo y la acción permanente.
Porque serían visitantes, turistas de todos los cuatro puntos cardinales de lo creado y serían hechos así también el corazón del cielo, en contraste, y además, con universos robóticos, cibernéticos y automatizados, reales o imaginarios, por lo demás virtuales. Pero aún así, que todos los seres, como en el cuadro de los cuatro Vivientes, todos te digan bendiciendo por siempre, el Santo, Santo, Santo. Y entonces tu Tierrita, como lo dices en las tradiciones, habrá recibido el don de transparencia, y si ahora, obediente al “crece y multiplícate”, también se vuelva dócil al “obra la justicia”, y el pan a ti solicitado sea debidamente agradecido y por eso mismo se comparta, habrá recibido entonces para siempre el prometido Pan del Cielo.
—Allí está, mi Musita misteriosa de los vientos y pregunto, si ha de merecer mi comentario alguna opinión profesional desde tu esfera.
—Megalómano, sí, también Narciso. Navegas demasiado en las alturas y así te desentiendes lo inmediato. Crees que si traspasas universos, sofocas con palabras y con frases tu real acontecer y tu miseria. Opinas que las cosas de tu vida se extienden hacia esferas planetarias.
Proyectas hacia tiempos infinitos tu finitud tan dolorosa y triste.
Expresas en liturgias luminosas la oscuridad de tu conducta tibia.Remites al Big-Bang evolutivo tus rechazos a tesis creacionistas. Exaltas la creación evolutiva, para eludir plegaria y compromiso. Adoras los esquemas de tu ciencia, para copar pasión y sentimientos. Exaltas discurrir en positivo, para eludir la exultación y el arte. Te afianzas en la sombra de tu Padre, para negar el regazo de tu Madre. Te asomas a fronteras invisibles, y luego renegar de lo visible. Espero que segunda parte, mantenga tu atención en lo concreto: si de veras compartes pan que pides y perdonas de veras las ofensas, si has sorteado el sinfín de tentaciones y si aceptas en verdad al Bien que te libera.
Como digo una cosa, digo la otra y no lo publicites: el afecto que nace, nunca muere; haré realidad tus sueños nobles; si quieres ser creador, creador eres; navegante serás si así lo quieres, por insondables mundos misteriosos; si apeteces amar, serás amado; si quieres poseer, el todo es tuyo. ¿Rey quieres ser?, tendrás tu reino. Vida quieres tener, la vida es tuya. ¿Inmortal?, por supuesto, no menos de’eso. Pero está con cuidado: desde aquí, más no del todo en esta esfera. Pobre sería la oruga si volara, antes de que fuera mariposa. Después de Navidad vienen las cruces, después viene la Pascua de la Vida. Nada es tan fácil. Los dones se regalan pero no “gratis”. Los dones caen del cielo, pero para apararlos, de veras, te lo digo, no se vale el estar adormilado pero sí vigilante, despertado.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, VENTANAS, 2—3 B, 1 de Enero del 2006)
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FANT.16- LA ORUGA ENDIOSADA
De El Taller
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[editar] LA ORUGA ENDIOSADA
Silviano Martínez Campos

— ¡Riing, Riiing, Riiiiiing!
— ¡Bueno!
— ¡Malo!
—Otra vez usted, sus moditos los conozco y no le digo qué se le ofrece, porque no ando ni tantito de ofrecido con usted ni estoy a sus órdenes. A las órdenes sólo estoy de Quien usted sabe y a Quien usted niega. Qué onda, o qué jáis, y no hago más entrevistas a demonios. De seguro tampoco le gustó la oración esa.
—Ni quito ni pongo, en eso de lo que usted llama oraciones. Sólo le pido, le suplico, no cumpla su amenaza de abordar eso de compartir panes (ve cómo me fue en el desierto). Ni prodigar perdones (ve cómo me fue con los arrepentidos Pedro y Pablo). Ni el asunto de las tentaciones (se acaba mi negocio). Está bien, no me opongo: es siempre bienvenida su religiosidad de las alturas, no compromete. Y entre más lejos esté, en las galaxias, menos perturbaciones hay aquí, en mis fértiles terrenos.
—Lo dicho: cómo es que Miguel lo agarró de la cola, lo zangoloteo y lo lanzó a la Tierra, estando el Universo tan grandote. —Lo dicho: no tuve tiempo de averiguarlo.
— ¡Sáquese!, voy a escribir mi segunda parte de La Oruga.
Por qué no se queda siempre en oruga, viera (y lo digo por mi experiencia aquella del Paraíso): ¡qué estimulante y seductor es arrastrarse siempre por el suelo! Tampoco, ni tantito compromete. Pero eso de sentirse ya endiosado, o de perdida ángel y aspirar a conquistar el Cosmos, aparte de ser más bien inmodesto, como que desentona en estos tiempos. ¡Oruga sí, mariposa no, oruga sí, mariposa no, oruga sí, mariposa no! ¡Duro, duro, duro!
— ¡Óigame seductor!, grilla no, razón sí, manipulación no, diálogo sí. Pero no es usted interlocutor para mí: sus olores apestosos impiden siquiera acercársele. Váyase, si lo dejan, a orquestar intrigas, a manejar guerras y a llenar cajas fuertes. A mí, lo mío, mi Tierrita, aquí, y allá la otra, la Tierra Nueva.
—¿!, ¿!, ¿!.
—Perdón, Musita adolorida de los vientos, se me cruzó un intruche. No se puede con esa chusma . En qué íbamos. Esto me recuerda, y no lo atribuyo a seductor ninguno, aquellos rezos del rosario en la capilla, cuando adolescente, con las rodillas bien plantadas en la banca, mientras andaba vagando por aquellas tierras de Africa, acompañando a Julio Estrada en sus “Cien Días de Safari”. O codeándome, ¡hazme favor!, con la realeza europea, pero en plenos Siglos XVI ó XVIII. Ya apuntaba la megalomanía. Con razón el maestro nos conminaba cada rato en clases al grito de: ¡Ya bajen de la torre de Babilonia!
—No ha cambiado mucho la cosa en ti: entre más viejo, más… soñador. Y no se puede con esa chusma, es verdad, son legión:
hambre, desnutrición, epidemias, violencias, terrorismos, poderes desbordados, riquezas acumuladas, injusticias por doquier, imperios únicos, cambios climáticos… Y, lo peor, los demonios interiores que ganan la batalla con los desánimos, el enconchamiento en sí mismo, la pérdida del sentido comunitario, la muerte por hambre, o por hartazgo.
Pero a pesar de la hecatombe, yo no predico ni tirrias ni zozobras ni rencores. Ilumino la Tierra más no respondo por los eclipses tenebrosos con que tu mismo la encubres. Si he de ser camino, no respondo de las veredas elusivas que tu mismo construyes; si he de ser verdad, no respondo de tu dialéctica libresca con que llenaste bibliotecas; si he de ser vida, es cosa tuya que te escudes en esa cultura, la cultura audiovisual de tu santa muerte.
—Me la pones difícil. Dime entonces, con qué cara pido el pan cotidiano y si lo recibo en abundancia me niego a compartirlo y mi consumismo no sólo enajena mi espíritu sino destruye con su química agraria los plantíos necesarios para que otros coman. Con qué cara entonces solicito perdones si a la mera hora se los niego a otros y siembro mi planeta de odios y rencores, justificados con la ideología del bienestar y el orden. Cómo pido ser liberado del mal, si yo mismo lo fomento, ya con la pasividad cómplice, haciéndome de la vista gorda, ante tantas infamias; ya negando que haya, para salir del laberinto, otras salidas que conduzcan, ellas sí, al camino, a la verdad y a la vida.
Aún así, Padre, el PAN NUESTRO COTIDIANO DANOS HOY, pero hoy, y no mañana, pero aquí, y no en el más allá, aun cuando, eso sí, el del más allá está asegurado. El diagnóstico está hecho y nos regodeamos en repetirlo día con día, con la cantinela evasiva del neófito que no sabía pero ya sabe El que ignoraba el hambre del hermano próximo, pero la descubrió mediante el informe o la estadística. Y que mediante el informe y la estadística la quiere remediar por la dificultad que entraña el hacerlo en el aquí y en el ahora, porque realmente lo inmediato compromete y es difícil hacerlo con el que tiene al lado.
Porque es más fácil elaborar planes quinquenales, de un año, o de sexenio, que formar comunidad liberadora de sí misma. Es más fácil recoger basura que tener la valentía y el arrojo de no tirarla. Es más fácil limpiar ríos, lagos, corrientes y estanques, que acabar con fórmulas mortíferas. Y siempre, siempre, más fácil cosechar que preparar la Tierra.
Por eso, Padre, danos el Pan que tu prometes, el “epiousios” que dicen tus sabios, el supersustancial que alimenta y trans-forma, el que nos conduce a la meta-morfosis, la trans-formación del sí mismo para entonces sí, “endiosarnos” y ser “endiosados”, pero no a la manera de los poderes, sino a tu manera, tu manera amorosa y callada que transforma, en el silencio y la modestia, a la oruga en mariposa.
Y así, sí, si somos fieles a la Vida, te confesemos o no, podremos aprender a compartir el pan cotidiano, hecho de la semilla que tú plantaste, amasado por nosotros que somos, eso sí, los responsables en cultivarlo, repartir y compartirlo.
Por eso mismo, PERDONA NUESTRAS OFENSAS, de las cuales hemos colmado la Tierra. Pero no esas ofensas que te expone a diario, desde el reclinatorio, desde la asamblea ritual, desde el silencio dolorido del rincón solitario, el corazón contrito. A ese le contestas tú, Amoroso, y de inmediato, con la caricia amorosa y la ternura de la Madre. Porque más tardamos en solicitar perdones que tu en prodigarlos sin medida.
Sino esas ofensas de tu pueblo en la Tierra. La Tierra que ha sido devastada por la codicia y el apetito depredador del hombre. Y los bosques, selvas, ríos, lagos y mares sufren el atentado de la química humana que ignoró el equilibrio entre el crece y multiplícate, el domina la Tierra, dirígela pero la destruyes si cometes la injusticia.
Perdón porque hicimos una civilización maravillosa pero injusta, y los Epulones de la historia extendieron sus tentáculos de conquistas por todos los rincones de tu mundo para llenar sus graneros y sus trojes, dejando a los Lázaros sólo las sobras y las míseras pepenas. Aun cuando es maravillosa tu Tierrita y la dejaste en nuestras manos por aquello de que si no nos gustó como la creaste la hagamos como queramos, somos libres, perdónanos porque no hemos estado a la altura de nuestra prometida grandeza. No habrá maravilla tecnológica que pueda opacar el hecho de que un joven descarriado asesine, mate. Ni que un poder desbordado espante al mundo con sus armas terríficas durante una guerra invasora.
Perdona porque hemos hecho de la política, tan noble como la concebía el sabio griego, un juego de intereses innobles al servicio muchas veces de los arribismos personales o de grupo, de la transnacional petrolera o del consorcio guerrero, pero poco promotora del decantado bien común, muy predicado aún desde el púlpito, pero escasamente practicado.
Y perdón también porque hemos hecho de la cultura un negocio, más que vehículo de promoción humana, en este caso encerrado en cenáculos, tertulias y entretenimientos elitistas. Porque la música del pobre Beethoven o del inestable Mozart salió a la calle, o a la pantalla, pero para animar comerciales. Y porque renunciamos, en el aquí y el ahora, en actitud vergonzante, a cantar con las Jilguerillas o con los artistas purépechas, la música que sale de nuestras entrañas campiranas, y al contrario nos adherimos al movimiento universal de las nuevas ondas, lo que es bueno, pero renunciamos a expresarnos como nosotros mismos.
Dejaremos pendiente, por siglos todavía, el COMO TAMBIEN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN.
—Riiiing, riiiing, riiiing. ¡Bravo, Bravo, así se hace, así se dice!, pendiente, pendiente…. ¡Duro, duro, duro!
— ¿Oíste, Musita adolorida de los vientos, una interferencia?
—No hagas caso. Nada conviene más al adversario, que un corazón empedernido.
—Aún así, en el aquí y el ahora, perdonaremos las ofensas de masacres y holocaustos y que levante el dedo el pueblo, o nación libre de culpa, en grande o en pequeño. Pero no se olvidará, será una ley perpetua, para que nunca, nunca más, vuelvan al mundo las insanias.
Y por eso mismo, Padre, LIBRANOS DEL MAL. El mal para nosotros un misterio, cuando limitados tratamos de penetrar en sus causas muy profundas. Pero el mal que vivimos en la desolación y el desánimo. El mal que nos agobia por todos lados en estos tiempos finales del siglo y del milenio. Porque si terminó en el calendario un siglo y terminó un milenio, los males heredados continúan y la hecatombe del cambio no ha logrado cambiar esquemas recibidos.
Que el fin del mundo, este mundo rural y agrario por nosotros conocido, no desemboque en el fin de tu pueblo ingenuo, el que se alimenta de manera inmediata de los humores de la Madre Tierra. El que con sus guaraches o botas rústicas la acaricia y con sus manos la toca y la mima y con sus oídos, oye y escucha sus susurros en vientos y mareas y con sus ojos admira lo bien que fue hecha, aun cuando en ella predomine también la ley del toma y daca, del que se inmola para que otros vivan.
Que la sociedad tecnológica naciente, la del conocimiento y saber virtuales, no sea el fin de la especie en catastrófica, apocalíptica, autoinmolación del hombre. Y, por el contrario, el ser hombre en la nueva era implique mayor y purificada devoción al ser vivo, aun cuando se afiance y consolide la visión del hombre cósmico, al igual que hijo de la Tierra, heredero de los cielos estrellados.
Que los miedos por el no saber y no entender lo que viene, no castren los sentimientos nobles que adornan a tu pueblo, nobles sentimientos que se vuelven amoroso apoyo solidario en tiempos de desastre y dejan manifiesto el rostro bondadoso de tu obra, de tu imagen, fructífera cosecha de la semilla sembrada en aquel por tu Palabra. Fin.
—Viene tu crítica, Musita adolorida de los vientos.
—Debes cambiar el título, debes suprimir el “fin”. Siempre hay interferencias al principio, siempre hay interferencias en el fin. Cuatro semillitas cayeron en tu suelo fértil, pero una al cruzar tu cielo resultó averiada. El fin llegará cuando todos tus esfuerzos, todos tus afanes los centres en curar la semillita insana para que ella también disfrute de los bienes de tu Tierra.
Cultivas, riegas, atiendes en tu huerto a la plantita bella, para que sea más lozana y atractiva; pero no abandones a la frágil, la lisiada, la humildita, para que ella también coma y beba, para que ella también disfrute y se solace con la savia y el maná sabroso de la Tierra. ¿Y qué si ella, la última es después la primera? Desecha tus temores: en la gran casa ciertamente hay para todos. Y como dice el sabio, tampoco hay epulones excluídos; pero no como aquí: criterios arbitrarios no funcionan.
— Cambiemos pues al alimón, Musita, el nombre de la oruga voladora. Porque si ya vuela, eso quiere decir que algo en ella no funciona. Que se renombre pues y se le llame la oruga trepadora.
—Trepadora, es mejor, aun cuando tampoco encaja. ¿Estás seguro de alcanzar en tus afanes la inmensidad del Universo mundo? Llegarás si acaso a los planetas y a sus lunas y muy si acaso a la estrella más cercana. Cura tu fantasía, al cielo no se llega cual la mortal oruga.
— Empiezo a comprender, Musita, los planos en que tu te desenvuelves. Otra dimensión, si es que lo entiendo, imposible de remontar por la oruga si no antes se convierte en mariposa. Cambiemos pues el nombre: la clave de la oruga voladora.
—Empíezas a entender, pero aún falta. Si centras tu saber en el entendimiento, inventas y diseñas claves. Y luego diseñas tus sistemas en torno al intelecto. Después absolutizas bibliotecas y saberes, para luego defenderlos con las armas. Es cuando te domina el miedo de perderlas y vienen los gulags, inquisiciones, tu ley inamovible del mercado, vienen las arrogancias del partido, de curias medievales; de cruzadas, antiguas y modernas, las que rescatan templos o inmolan sacrificio al dios petróleo.
—Y así nos endiosamos los sistemas, confundimos los reinos con las curias, y al pueblo con todo el aparato. Predicamos libertad, pero la libertad transnacional con que destruye al mundo.
—Encontramos la clave, muchachito. La oruga endiosada, es la salida. El hombre penetrado de infinito, endiosado por don aún como oruga, para que sea él mismo el que descubra el Cosmos, pero sólo convertido en mariposa.
— ¡Es fácil de entender!, haberlo dicho. Para mí que la clave, es la Palabra, pero bien en la oruga penetrada… y encarnada. Endiosada con la ley del amor y la ternura, para que no tenga más miedo y así comparta el Pan que le llega regalado y el pan cultivado con sudores. ¡La oruga endiosada desde arriba, para que ella no se endiose desde abajo!
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, VENTANAS, 4—5 B, 22 de Enero de 2006)
Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

Copyright (c) 2007 Silviano Martínez Campos. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).
Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.

Obtenido de “http://eltaller.us.es/index.php/FANT.16-_LA_ORUGA_ENDIOSADA”
Categorías: Documentos GFDL | Obras de Silviano Martínez Campos

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