Dilma: Asegurar Conquistas y Consolidar Avances. Leonardo Boff. Desafíos para la Presidenta Dilma Rousseff

(Artículo de Leonardo Boff. Tomado de Servicios Koinonía, Columna Semanal de Leonardo Boff)

Dilma: asegurar conquistas y consolidar avances
2020-10-22
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Brasil ya dejó de «yacer tumbado en espléndida cuna». En los últimos años, particularmente bajo la administración del Presidente Lula, ha conocido transformaciones inéditas en nuestra historia. Son la consecuencia de un proyecto político que ha decido colocar la nación por encima del mercado, que concede una posición central a lo social-popular, consiguiendo integrar a millones y millones de personas, antes condenadas a la exclusión y a morir antes de tiempo. A pesar de las obligaciones que tuvo que asumir impuestas por la macroeconomía neoliberal, no se sometió a los dictámenes provenientes del FMI, del Banco Mundial y de otras instancias que dirigen el curso de la globalización económica. Abrió un camino propio, tan sostenible que afrontó con éxito la profunda crisis económico-financiera que diezmó las economías centrales y que, debido a la escasez creciente de bienes y servicios naturales y al calentamiento global, está poniendo en jaque la propia reproducción del sistema del capital.
El gobierno Lula llevó a cabo la revolución brasilera en el sentido de Caio Prado Jr. en su clásico A Revolução Brasileira (1966): «Transformaciones capaces de reestructurar la vida de un país de manera adecuada a sus necesidades más generales y profundas, y a las aspiraciones de la gran masa de su población… algo que lleve la vida del país por un nuevo rumbo». Esas transformaciones han ocurrido, las necesidades más básicas de comer, vivir, trabajar, estudiar y tener luz y salud han sido, en gran parte, satisfechas. Se ha dado un nuevo rumbo a nuestro país, rumbo que confiere la dignidad siempre negada a las grandes mayorías. Lula nunca traicionó su promesa de erradicar el hambre y de poner el acento en lo social. Su actuación ha sido tan impactante que ha sido considerado uno de los grandes líderes mundiales.
Este inestimable legado no se puede poner en peligro. A pesar de los errores y desviaciones ocurridas durante su gobierno, que hay que reconocer, corregir y sancionar, las transformaciones deben ser consolidadas y completadas. Este es el principal significado de la victoria de la candidata Dilma, que es portadora de las cualidades necesarias para «rehacer» continuadamente el nuevo Brasil.
Para esto es importante derrotar al candidato de la oposición José Serra. Él representa otro proyecto de Brasil que viene del pasado, se reviste de bellas palabras y de propuestas ilusorias pero fundamentalmente es neoliberal y no-popular, y se propone privatizar y debilitar al Estado para permitir la actuación libre del capital privado nacional, articulado con el mundial.
Los ideólogos del PSDB que apoyan a Serra consideran irreversible el proceso de globalización por la vía del mercado, a pesar de estar en crisis. Dicen: debemos insertarnos en él aunque sea de forma subalterna. En caso contrario, nos condenamos a la irrelevancia histórica. Esto aparece claramente cuando Serra aborda la política exterior. Explícitamente se alínea con las potencias centrales, imperialistas y militaristas que persisten en el uso de la violencia para resolver los problemas mundiales, ridiculizando el intento del Presidente Lula de fundar una nueva diplomacia basada en el diálogo y en la negociación sincera sobre la base del gana-gana.
El destino de Brasil dentro de esa opción, está más pendiente de las megafuerzas que controlan el mercado mundial que de las decisiones políticas de los brasileros. La autonomía de Brasil con un proyecto propio de nación que puede ayudar a encontrar un nuevo rumbo salvador a la humanidad, atribulada por tantos peligros, está totalmente ausente de su discurso.
Ese proyecto neoliberal, triunfante en los ocho años de gobierno de Fernando Henrique Cardoso, realizó hechos importantes, especialmente en la estabilización económica. Pero hizo políticas pobres para los pobres y ricas para los ricos. Las políticas sociales no pasaban de migajas. Los portadores del proyecto neoliberal son sectores ligados al agronegocio de exportación, las élites económico-financieras, modernas en el estilo de vida pero conservadoras en el pensamiento, los representantes de las multinacionales con sede en nuesto país y las fuerzas políticas de la modernización tecnológica sin transformaciones sociales.
Votar a Dilma es garantizar las conquistas hechas en favor de las grandes mayorías y consolidar un Estado, cuya Presidenta sabrá cuidar del pueblo, pues es de la esencia de lo femenino cuidar y proteger la vida en todas sus formas.

Leonardo Boff

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Desafíos para la Presidenta Dilma Rousseff
2010-10-31
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Celebramos alegremente la victoria de Dilma Rousseff. Y no dejamos de alegrarnos también por la derrota de José Serra, que no mereció ganar esta elección, dado el nivel indecente de su campaña, aunque los excesos se hayan dado en ambos lados. Los obispos conservadores que, a contravía de la CNBB, se colocaron fuera del juego democrático, y que manipularon la cuestión de la descriminalización del aborto, movilizando incluso al Papa en Roma, así como los pastores evangélicos rabiosamente partidarizados, han quedado desmoralizados.
Post festum, cabe una reflexión distanciada de lo que podrá ser el gobierno de Dilma Rousseff. Nos adherimos a la tesis de aquellos analistas que han visto en el gobierno Lula una transición de paradigma: de un Estado privatizador, inspirado en los dogmas neoliberales, hacia un Estado republicano, que ha puesto lo social en su centro, para atender las demandas de la población más desposeída. Toda transición tiene un lado de continuidad y otro de ruptura. La continuidad ha sido el mantenimiento del proyecto macro-económico, para servir de base a la estabilidad política y exorcizar los fantasmas del sistema. Y la ruptura ha sido la inauguración de sustantivas políticas sociales destinadas a la integración de millones de brasileños pobres, bien representadas por la «Bolsa Familia», entre otras. No se puede negar que, en parte, esta transición se ha dado, pues, efectivamente, Lula ha incorporado socialmente una franja entera de la población a una situación de decencia. Pero, desde el comienzo, los analistas apuntaban el desequilibrio entre el proyecto económico y el proyecto social. Mientras aquél recibe del Estado algunos miles de millones de reales por año, en forma de intereses, éste, el social, tiene que contentarse con mucho menos.
No obstante esta disparidad, el foso entre ricos y pobres ha disminuido, lo que le ha granjeado a Lula una extraordinaria aceptación.
Ahora se plantea la cuestión: ¿profundizará la Presidenta la transición, desplazando el acento en favor de lo social, donde están las mayorías, o mantendrá el desequilibrio en favor de lo económico, de tipo monetarista, con las contradicciones denunciadas por los movimientos sociales y por lo mejor de la inteligencia brasileña?

Leonardo Boff

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