Juan Espinoza Jiménez, su ordenación episcopal

Martínez Campos, 23/II/011

GUIA

(Fotos de Silviano Martínez Campos.  Cuando se indica, foto cortesía  de Eduardo Ruíz)

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 23 de Febrero.-  La Palabra dicha en torno al joven obispo Juan Espinoza Jiménez traspasó las paredes del santuario y se derramó en la plaza sobre miles de fieles devotos y admiradores; luego se desparramaría también a través de las ondas por otros lados y otras latitudes donde hubiese paisanos, porque en realidad era una fiesta piedadense.

A pesar de que el nuevo obispo lo es auxiliar de la arquidiócesis de Morelia, en cuya jurisdicción queda La  Piedad, esta ciudad lo tomó la fiesta como suya, porque aquí nació, aquí creció y aquí surgió su vocación de clérigo, como él mismo lo habría de reconocer, al agradecer a Dios, a su Iglesia y a todos quienes se cruzaron benevolentemente en su camino, comenzando por sus padres doña Antonia y don Juan.

La explanada de la plaza principal se volvió atrio, con miles de feligreses  y el recinto del Santuario, para los clérigos e invitados, fue caja de resonancia para dar un mensaje de Esperanza, en voz de los ministros y, particularmente, con dimensión universal  para la familia humana sufriente, por parte del nuncio papal don Cristophe  Pierre.

El atril de los pastores, de los dirigentes en el recinto, se volvió pantalla electrónica doble, en la escalinata del templo, frente a la explanada, mientras los fieles respondían con aplausos cariñosos al nuevo obispo,  paisano de la mayoría de ellos o con actitud silenciosa y devota seguían el rito, la ceremonia nunca vista por aquí, de la ordenación de un obispo.

En la plaza, donde en otros tiempos y en otras circunstancias han resonado los gritos de “duro, duro”, con dedicatoria a los adversarios en los también multitudinarios mitines políticos, el público devoto que seguía realmente vinculado, a través de la maravilla de la tecnología moderna, el rito milenario de la sucesión apostólica de un obispo.

Así se hacía ver, mediante la palabra, las invocaciones y los ritos que ex profeso hacían alusión mediante referencias a los santos de las generaciones, a través de su  letanía, la cual incluía ya santos mexicanos,  entre ellos san Felipe de Jesús y san Rafael Guízar  Valencia.

Al principio del rito, que incluyó la ordenación y luego la eucaristía presidida por el nuevo obispo, el arzobispo de Morelia monseñor Alberto Suárez Inda hizo referencia a que la ordenación de monseñor Espinoza fuese el día de la fiesta de la Cátedra de San Pedro.

Porque, precisó, la experiencia del piedadense en la Santa Sede, sin duda marcó su vida y acrecentó en él el afecto y la adhesión al sucesor de Pedro, el Papa, que es principio de unidad y brújula que orienta la nave de la Iglesia.

En su propia tierra, entre los suyos, inicia hoy monseñor Juan su ministerio como obispo. Podemos decir simbólicamente que hoy la catedral se traslada a esta ciudad de La Piedad, en donde según me dicen, por primera vez en la historia se realiza una ordenación episcopal, precisó  el arzobispo de Morelia.

Luego de las lecturas respectivas, el nuncio apostólico, representante del Papa Benedicto XVI en México, monseñor Cristophe Pierre, se encargó de la homilía, durante la cual hizo reiteradas referencias a la actitud que debe privar entre los cristianos: la Esperanza.

Hizo una crítica de la sociedad contemporánea, que está ávida de respuestas que le den sentido a la vida.

En una parte de su intervención, dijo a los fieles del recinto y a los de la plaza y a quienes a través de las ondas escuchaban o veían:  “Hoy, hermanos, hay mucha gente que necesita a Jesús. De una manera u otra se plantea el interrogante sobre el misterio de su  propia persona…Nuestra sociedad parece vivir alejada de Dios, alejada de la fe y que  por su modo de vivir, a veces muy superficial, ha perdido la capacidad de hacerse preguntas”.

NUESTRA ÉPOCA, DESCONCERTANTE

La época que estamos viviendo, nos decía Juan Pablo II, es una época que con sus propios retos resulta en cierto modo desconcertante. Muchos hombres y mujeres parecen desorientados, inseguros, sin Esperanza y muchos cristianos están sumidos en este estado de ánimo, explicó monseñor Pierre.

Y agregó también que muchos ya no logran integrar el mensaje evangélico en la experiencia cotidiana. Aumenta la dificultad de vivir la propia fe de Jesús en un contexto social y cultural en el que el proyecto cristiano de vida se ve continuamente desdeñado y amenazado. En muchos ambientes públicos, decía también el Santo Padre es más fácil declararse agnóstico que tener fe.

Se tiene la impresión de que lo obvio es no creer, mientras que el creer requiere una legitimación social que no es indiscutible ni puede darse por descontada.   El hombre de mentalidad moderna, como lo llamaba el Papa Juan Pablo II, parece no ser capaz de soportar el exceso de misterio, porque no quiere ser ni inválido o superado por el amor redentor de Cristo, expresó también.

Pretende encerrar en los oscuros espacios del relativismo arbitrario, la fe y las expresiones de cultura que la razón descubre. Y sin embargo, como proclamaba  también el Santo Padre Benedicto XVI, quien deja entrar a Cristo, no pierde nada , nada, absolutamente nada  de lo que hace la vida bella, libre, grande.

Sólo con esta amistad se abren las  puertas de la vida y las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera, explicó.

Como demuestra la historia y la experiencia, dijo en otra  parte, el hombre no puede vivir sin Esperanza. Ciertamente trata de llenar esta necesidad con realidades efímeras y frágiles; trata de saciar su sed de infinitud con esperanzas cerradas a la trascendencia. Intenta llenarse de los paraísos prometidos por la ciencia o por la técnica o  por las diversas formas de evasión que pretenden ofrecer las múltiples formas esotéricas de la espiritualidad.

Pero nada de eso lo hace ni lo hará capaz de cancelar de su corazón, la experiencia de la soledad y de vacío de entender el misterio de su propio ser, de entenderse a sí mismo.

Es en medio de este mundo global que tu, querido hermano (dirigiéndose al nuevo obispo), has sido elegido y  llamado por el Señor. Así dentro de unos momentos serás ungido por el Espíritu Santo, para continuar en el mundo la misión que el mismo Jesucristo confió a sus apóstoles.

Como obispo, te corresponde ser testigo, profeta, servidor de la Esperanza. Una Esperanza fundada en la certeza de la voluntad salvadora de Dios. Una Esperanza que haga de los obispos centinelas atentos, profetas audaces y fieles servidores de Cristo, le dijo el nuncio al nuevo ordenado.

SU VIDA, DIRIGIDA POR DIOS

Luego de los ritos de ordenación, que muy probablemente eran desconocidos por muchos de los feligreses, la continuación de la celebración, estuvo a cargo de monseñor  Espinoza Jiménez,  quien a su vez tuvo para los fieles un mensaje de agradecimiento.

Hizo referencia a su propia biografía, desde el origen familiar, sus estudios elementales, en el seminario, sus funciones como colaborador en la Santa Sede, sus encomiendas en el Seminario de Morelia y otras actividades de clérigo.

En todas ellas, desde su infancia hasta ser elegido para el episcopado, se refirió al auxilio de Dios quien fue conduciendo su vida. Agradeció pues a Jesucristo, a sus padres, amigos, compañeros y paisanos, todo lo que han hecho por el, lo mismo a quienes facilitaron que se realizaran los actos del martes, día de su ordenación episcopal.

Desde luego agradeció a sus maestros y a los obispos,  como Octavio Villegas Aguirre y Carlos Suárez Cázares, auxiliares de Morelia, con quienes salió a saludar a la multitud en la explanada.

Y mientras se dispersaban los asistentes para la comida en los diversos puestos a cargo de las parroquias de la foranía de la arquidiócesis, las bandas juveniles de música, la de Laguna Larga en el vecino Guanajuato y las dos de Río Grande en este municipio, tocaban una en el Teatro del Pueblo y las otras dos, alternándose, en el kiosko de la  plaza.

Dentro del templo, en el presbiterio del Santuario  Diocesano de El Señor de la Piedad, donde se había efectuado el acto religioso, el nuevo obispo auxiliar de Morelia, el piedadense Juan Espinoza Jiménez, recibía el saludo regocijado, las felicitaciones de familiares, amigos y admiradores.

Tantas personas acudieron a felicitarlo, que se retrasó su hora de comida y hubo también de demorarse un acto en la plaza, a cargo de un grupo purépecha  de Janitzio, que ejecutó la danza del pescado, en honor de quien, desde luego, es su nuevo obispo.

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