MOSAICO, 17–III–011

Martínez Campos, 17/III/011

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 17 de Marzo.- SUELE SUCEDER, ENTRE personas de mayor edad, que olvidan las matemáticas, aún las elementales como la aritmética. Y por ejemplo, una laguna “contable” se les cruza entre 20 y 76, y olvidan que, entre ambas cantidades hay 57. Digo esto, porque parece no tan raro en algunos viejos olvidar que no es lo mismo 20 que 76 y en lugar de caminar pausados, cual debe, aceleran la marcha y es cuando dan el changazo. Pero es difícil aprender, los golpes o los tropezones enseñan y a lo mejor aprende uno a caminar como el patito que es, y no acelerarse queriendo volar. CAMBIO DE FRECUENCIA, antes de que tropiece en un lapsus de hilación en mi discurso, es decir en mi escrito del MOSAICO y recuerdo, hará muchos años cuando me aficioné un poco a leer la ciencia ficción, aquel cuentecillo del cual no recuerdo ni título ni autor. El caso es que hacían uno como experimento y en un momento dado se les salió de control y se iba extendiendo la contaminación, la disolución de la materia, por toda la tierra. Debió aparecer por allí algún héroe tecnológico, de esos que lo pueden todo, porque me parece que se salvó el planeta. PERO EN LA realidad de nuestros días, el problema está focalizado. Un pueblo sufriente que padeció los dos primeros experimentos con armas atómicas y ahora es víctima de un terremoto de inconmensurable potencia, un invasión de aguas del mar de incontrolable poder destructivo, una pérdida de bienes calculada en miles de millones y, lo primero en humanidad, la pérdida en vidas también contabilizada en miles. Y no, no es todo, porque el aparente descontrol en su planta nuclear de Fukushima, amenaza con su radiación a los habitantes costeros de la industriosa isla. Sí, Japón moderno industrioso, cuyos aparatos y tecnología nos llegan, a unos más a unos menos, a muchos en la Tierra. UN DOBLE ACCIDENTE natural: terremoto inédito por su intensidad y tsunami inédito por sus efectos destructores; y luego por lo anterior un accidente nuclear en su planta eléctrica, conmocionan al mundo. No, no es como en el cuento de ciencia ficción, que la radiación llegue a todas partes y si los gobiernos comienzan a inspeccionar sus plantas nuclearess y los ambientalistas a cuestionar la energía nuclear, tal vez sea de momento para calmar temores, antes que prevenir lejanas consecuencias. La opinión científica cuenta y los expertos, sin que disminuyan el riesgo en la planta, focalizan el problema, que no lo es menos para el pueblo japonés. Y su emperador Akihito sale a las ondas televisivas para acompañar desde ellas a su pueblo e invitarlo a que se mantenga unido y a pesar de todo vea las cosas con esperanza. DEBEN EXISTIR RIESGOS serios en la planta nuclear, según lo percibe uno por la gran preocupación expresada por personas con liderazgos alrededor del mundo y la movilización de ayudas gubernamentales, tecnológicas, para confurar el peligro que desafortunadamente podría afectar a un indeterminado número de personas en la zona. Sin embargo, ahora en Japón, como antes en Haití o como poco antes en diversas latitudes con motivo también de inundaciones, estamos recogiendo múltiples lecciones, como se dice. Y ya no es fantasioso, porque lo contemplamos, que luego de la sociedad planetaria, ya conformada, esté naciendo una nueva Tierra, un planeta ya concientemente en proceso de integración, en medio de las otras hecatombes no por menos espectaculares, menos presentes, como son las enfermedades sociales de terrorismos, injusticias por todos lados, degradación contra niños, mujeres, personas a cargo de entidades destructivas; guerras por el poder o contra el poder abusivo. NO ES POCA cosa percibir que una red tecnológica facilita ya una red de comunicación que cubre todo y facilita un poco el conocer las tragedias; no es poca cosa percibir que las naciones a través de sus gobiernos se ponen a disposición para hacer real su generosidad en bienes y equipos; no es poca cosa el percibir que diversidad de grupos sociales no sólo se preocupan, sino se ocupan en acudir a donde hay carencias, necesidad, dolor, sufrimiento, como en este caso de Japón. PERO TAMPOCO ES poca cosa percibir que más allá de temores o miedos, crece la conciencia de que somos una sociedad, aquí, allá y más allá, en constante riesgo y los fenómenos naturales son imparables, los terremotos, inundaciones, cambios climáticos no tienen “conciencia” de culpa, pero sí nuestra responsabilidad de congéneres nos obliga. Qué sucedería si en un país sísmico, tal como Japón, no hubiese concienica del riesgo y no hubiera, como se dice, la cultura de la prevención. PERO TODO, TODO, queda cuestionado y a lo mejor vienen los debates no sólo en torno al uso de la energía nuclear y a la urgencia de encontrar energías alternativas limpias ante la realidad del cambio climático, sino además pensar en cuestionar el gigantismo en tecnologías, construcciones, sistemas, grandes urbes y pensar en vivir mejor desde lo pequeño, sin olvidar desde luego que estamos ya en la era planetaria. Porque como dijo alguien, y no recuerdo quién, los humanos somos patitos que antes de aprender a caminar, ya pretendemos volar. Es nuestra condición, pero pues, si, también somos invitados a explorar las alturas. Es nuestra condición.

(www.lapiedadymiregion.wordpress.com; www.ziquitaromipueblito.wordpress.com; www.silviano.wordpress.com).


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