ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. LA RETRÓGRADA LEY CALDERÓN; LA LENGUA DE CARTENS

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English: Agustín Carstens, a prominent Mexican economist. Español: Agustín Carstens, destacado economista mexicano. Français : Agustín Carstens, économiste mexicain. (Photo credit: Wikipedia)

JUE 13-09-12 FRANCISCO GÓMEZ MAZA

ANÁLISIS A FONDO: LA RETRÓGRADA LEY CALDERÓN

  • · Sólo 4 sesiones para dictaminarla y aprobarla
  • · Velan armas los diputados hacia el debate

Por fin, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó, por unanimidad, la integración de la comisión de trabajo y previsión social que, bajo la presidencia del priísta y dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), diputado Carlos Aceves del Olmo, tiene la responsabilidad de analizar, discutir y dictaminar la retrógrada reforma a las leyes laborales, presentada por el señor Felipe Calderón y defendida con singular entusiasmo por el señor Carstens, gobernador del Banco de México.

Cuando se instaló esta LXII Legislatura, el pasado día primero de septiembre, el encargado del llamado poder ejecutivo “inició”(como dice el argot legislativo) dos iniciativas de carácter preferente (o sea que los diputados tienen que aprobarla ya), una de las cuales propone reformas radicales a la legislación laboral – la Ley Federal del Trabajo -, que atentarían contra los derechos de los trabajadores. Homologarían las relaciones obrero patronales con las que imperan en las economías de mercado libre.

La comisión instalada ayer en San Lázaro deberá tener listo el dictamen de la reforma calderoniana, para que el pleno de los diputados la discuta y apruebe antes del 30 de septiembre. O sea que será prácticamente aprobada al vapor, porque a partir de hoy los diputados sólo disponen de cuatro sesiones para lograrlo. Qué le gusta. Una semana para que la comisión dictamine la iniciativa y sólo dos sesiones para aprobarla.

Pero el presidente no descansa, aunque en el caso no quiere aparecer como el villano. Pero recuérdese que en política politiquera lo que parece es. Y no dude por ningún motivo que Calderón ha estado usando a Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, para hacerle el trabajo sucio, antier con ese tonto pronóstico de crecimiento de la economía y, ayer, para pedirle al Congreso que apruebe tal cual la iniciativa laboral del ejecutivo. Afortunadamente, la LXII Legislatura ya no está controlada ni manipulada por Calderón y, aunque los de la “izquierda” son de la corriente que generalmente negocia en lo oscurito, quiero pensar que entre ella y en la bancada del PRI hay gente decente– no lo quiero pensar; estoy seguro -, que no permitirá que la reforma pase como la quiere la derecha panista, salvajemente librecambista; o sea, que sólo privilegie a la parte patronal.

Pero mientras son peras o son manzanas, el gordito del banco central planteó ayer el meollo, el objetivo del gobierno panista en materia laboral y que es privilegiar a los empleadores o desempleadores y mandar al carajo a ese otro gran engranaje de la producción – la fuerza de trabajo -, que tendría que ser muy apapachada si es que en realidad se quiere, como lo advierte todo el mundo, desde el Banco de México hasta el Fondo Monetario Internacional y la OCDE y los propios patrones, elevar la productividad de la planta y la competitividad en el concierto de las naciones.

Pues el señor Carstens definió los aviesos intereses del presidente del desempleo:

Una ley que dé flexibilidad para que las empresas contraten y despidan personal, en base a que enfrentan tiempos buenos y malos. Qué bien. ¡Los trabajadores viven desde hace 12 años en la más deliciosa bonanza!

Como México tiene el mercado laboralmás rígido del mundo, las empresas mexicanas son las menos hábiles para contratar y despedir gente. Y la rigidez incide en la baja productividad de la mano de obra. Los salarios bajos son producto del lento dinamismo de la productividad. Se requiere, por tanto, de un marco jurídico para que las empresas dejen de gastar en litigios que merman la productividad.

Aclaro: eso es lo que advirtió ayer el gobernador del Banco de México al hablar, sin sentido, en la sexta conferencia anual sobre competencia y regulación, denominada “México compite. La agenda pendiente del federalismo regulatorio”.

Majadero es lo menos que se le podría decir al señor Carstens, y perverso al señor Calderón, porque estoy seguro de que ni ellos mismos creen lo que exigen a la Cámara de Diputados. Además, como si estuvieran en condiciones de exigir, cuando ya quedan sólo 77 días de la pesadilla panista. Pero… Pero, aunque la institución que gobierna es “autónoma”, Carstens se ha dedicado a promocionar al señor Calderón, a sabiendas de que la productividad y la competitividad de la economía sólo dependen de un justo equilibrio entre el capital y el trabajo, los dos factores fundamentales. Y así como se privilegia al primero, tiene que privilegiarse al segundo. En última instancia, la mano de obra es la parte que en realidad importa.

A desfondo: El pleno de la Cámara de Diputados está dedicado a la “glosa” del VI y último informe de gobierno. Y francamente, lo que han hecho los bisoños diputados es perder el tiempo en peroratas sin el más absoluto sentido. Da pena ajena escucharlos. Pero, como dicen en mi tierra, que querías por un tostón, mi querido Francisco. Nos veremos el lunes venidero. Y que pasen un feliz final de semana. Hoy, los chiapanecos celebran la anexión de Chiapas a México. Seguro que habrá un festival en Bellas Artes.

analisisafondo@cablevision.net.mx

Francisco Gómez Maza

 

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MIE 12-09-12

FRANCISCO GÓMEZ MAZA

ANÁLISIS A FONDO: LA LENGUA DE CARSTENS

  • · ¿Qué la mesa está puesta? Mentira
  • · Nada crece por decreto, don Agustín

Harta ligereza e irresponsabilidad, demostró el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, cuando afirmó ayer, en el seminario anual de Moody’s, que “La mesa está puesta en México para que la economía pueda crecer a tasas de 6%”.

El señor Carstens no parece ser un connotado economista del mismísimo Fondo Monetario Internacional (FMI) y seguro que no está en contacto con sus colegas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Según el banquero central, para detonar el crecimiento económico sería importante realizar reformas en los sectores eléctrico y petrolero para que participe la iniciativa privada. Bien que participase ésta, pero su sola participación no garantiza nada. Ya está comprobado. Los gobiernos de Miguel de La Madrid y Carlos Salinas de Gortari desmantelaron al Estado y lo arrinconaron, despojándolo de su participación en áreas estratégicas de la producción nacional, precisamente para que la planta en manos de los empresarios particulares detonara el crecimiento la economía. Y qué pasó. Que el proceso productivo siguió y sigue estancado. Ni los gobiernos panistas lograron detonar la actividad y eso que estuvieron en el poder para privilegiar a los magnates del sector privado. Faltó algo muy determinante.

La economía sigue paralizada y sólo ha dado pingües ganancias a un reducido grupo de las grandes y globalizadas empresas, pero la mayoría de las medianas y pequeñas, que son las que llevan el peso del aparato económico, continúan en graves problemas y no logran salir adelante, más que para mantenerse a flote. Son las que crean más empleos, pero ni esto, pues al momento de que el señor Felipe Calderón entregue la silla presidencial habrá por lo menos unos 2.000,000 millones de personas sin ninguna oportunidad de trabajar y un millonada (por lo menos unos 25 millones) refugiados en la economía subterránea, porque no tienen oportunidad de un puesto de trabajo dentro de la economía formal, lo que significa una enorme pérdida de ingresos fiscales para el Servicio de Atención Tributaria.

La economía no se activa o se reactiva por decreto. Responde, si hemos de darles la razón a los economistas clásicos, a los propios del FMI, de la OCDE y el Banco de México y la Secretaría de Hacienda, a las fuerzas del mercado. Inversiones es lo que se requiere y un clima estable de seguridad pública, por lo menos, para que los inversionistas decidan poner en juego sus capitales. Y en México ha ocurrido el fenómeno perverso de la desinversión, sobre todo por la violencia criminal. En el norte del país, principalmente, cientos de empresarios han tenido que cerrar sus negocios y volar a Estados Unidos porque nadie les garantiza que un día de estos no serán secuestrados o asesinados a mansalva.

No es cierto, señor Carstens, que las reformas estructurales sean indispensables, como usted lo afirma, para atraer inversión e incrementar la productividad. La inversión se atrae por la confianza, principalmente. Y la productividad se obtiene mediante una tecnología de avanzada, bienes de capital de primera, eficientes, de los cuales no dispone la planta productiva. Y, sobre todo, estimulando a la fuerza de trabajo con salarios justos, prestaciones atractivas, seguro social, entre otros, para que los trabajadores trabajen con entusiasmo y se sientan parte del aparato y no simples peones explotados. Se requiere que se pongan la camiseta de la empresa, como ocurre en los países orientales, en donde trabajar es ser parte de la patria. Cómo querer que los trabajadores sean eficientes con sueldos que apenas alcanzan para vivir modestamente. Ninguna oportunidad de esparcimiento. En la alicaída economía española, los trabajadores gozan de muy placenteras vacaciones cada año, por poner un ejemplo.

Que el sistema financiero puede (“podría”, señor, es el tiempo verbal correcto) apoyar al crecimiento con cerca de 0.5%, claro que podría, pero si tuviera un mínimo de confianza en el país. Los bancos, por decir, mandan sus ganancias a sus casas matrices en el exterior.

No leyó el señor Carstens el primer análisis económico entregado este martes por el secretario ejecutivo de la OCDE, José Ángel Gurría Treviño, al presidente electo, Enrique Peña Nieto, ni ha leído las encuestas que la propia institución que gobierna levanta mes a mes entre los expertos económicos del sector privado.

De acuerdo con los economistas del organismo dirigido por Gurría Treviño, casi toda la brecha entre México y los países miembros de la OCDE proviene de una menor productividad laboral. Y, léalo por favor, señor Carstens, la estimación de ese club indica que la aplicación de un programa “moderado” de reformas podría elevar sólo alrededor de medio punto porcentual el crecimiento potencial de México, que actualmente se ubica en cerca del 3% anual. Esto gracias a una contribución positiva y cada vez mayor de la productividad, que en los últimos años ha sido más bien negativa.

Estas tasas de crecimiento podrían elevarse sólo hacia niveles del 4% anual sostenido o más, en el mediano plazo, en función de la intensidad de las reformas, especialmente si la calidad de la regulación de México superara el promedio de la OCDE y se acercara a la de las economías con mejor desempeño de esa Organización. Un avance de tal magnitud contribuiría a elevar el ingreso per cápita, de su nivel actual, cercano a una cuarta parte del de Estados Unidos, a casi la mitad del nivel estadounidense, pero… sólo al final del horizonte de proyección del año 2030.

Así que, no se diga más señor Carstens. Pareciera que trata usted de congraciarse. Equívocamente por cierto, con el señor Peña Nieto, diciendo cosas que no tienen sustento. La clave, la clave del crecimiento es el impulso de la productividad. Ésta es una gran verdad. Pero los políticos vienen diciendo lo mismo desde que se instauró en México en modelo ordenado por el Consenso de Washington y de los muchachitos de Chicago. Y no sólo no hemos avanzado, sino que vamos como el cangrejo.

Las teorías económicas de crecimiento se refieren al crecimiento de la producción potencial, o nivel de producción de pleno empleo. De acuerdo con los mismos clásicos, hay tres tipos de interpretaciones con respecto a las causas del crecimiento económico: la primera nos dice que la economía crece porque los trabajadores tienen cada vez más instrumentos para sus tareas, más máquinas; es decir, mas capital. La clave del crecimiento está en la inversión. La segunda, que los trabajadores con un mayor stock de conocimientos son más productivos y con la misma cantidad de insumos son capaces de obtener una mayor producción. Entonces la clave sería la educación, que incrementaría el capital humano, o trabajo efectivo. Y por último, que la clave está en obtener mejores formas de combinar los insumos, máquinas superiores y conocimientos más avanzados. Progreso tecnológico, señor Carstens.

analisisafondo@cablevision.net.mx


Francisco Gómez Maza

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