Discurso del Presidente de México Felipe Calderón Hinojosa, ante la Asamblea General de la ONU

(Tomado de Prensa, Presidencia de la República)

El Presidente Calderón en la Participación en el Debate General de la 67° Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas

26 sep 2012 | Discurso

Nueva York, EUA, 26 de septiembre de 2012

Señor Presidente.

Señoras y señores Jefes de Estado y de Gobierno.

Señoras y señores:

Por convicción y por historia, México es un aliado estratégico de la Organización de las Naciones Unidas.

Ha sido el nuestro, uno de los países fundadores de la ONU y como fundador, compartimos plenamente los postulados fundamentales de nuestra gran Organización.

Para mí, ésta es la última ocasión en que asisto como Presidente de México a la Asamblea General de Naciones Unidas. Y a lo largo de estos seis años, México ha participado en muy diversos foros para abrirle paso a las iniciativas de la ONU.

Hemos trabajado para que se consolide como el principal organismo para el diálogo y la paz, para la seguridad y para la vigencia plena del derecho, para la vigencia plena de la ley y, en particular, del Derecho Internacional.

Sabemos muy bien que hoy el mundo enfrenta desafíos que verdaderamente amenazan la viabilidad misma de la humanidad.

El primer desafío, pienso, es la actual emergencia económica y la urgencia de desarrollar el comercio y el crecimiento global con alta generación de empleo.

Es un problema que tiene en crisis a poblaciones enteras y que ha impedido a las naciones en desarrollo abatir graves rezagos que tenemos en materia de pobreza, ignorancia y marginación.

Como ustedes saben, México asumió este año, 2012, fundamentalmente, la Presidencia del Grupo de los 20, del G20, y nuestra misión era muy clara: teníamos que conciliar los intereses aparentemente opuestos, por cierto, entre los países emergentes y los países desarrollados.

Y como muchos saben, la reunión previa que habíamos tenido del G20, en Cannes, no pudo avanzar todo lo que hubiéramos querido en la adopción de medidas para reactivar la economía internacional.

Y por eso, la Presidencia mexicana trabajó arduamente para construir consensos mucho más amplios. Incorporamos al mayor número de países posibles, escuchamos a todos los sectores que pudimos: a sindicatos, a empresarios, a organizaciones ciudadanas, a jóvenes y llevamos todas sus propuestas al seno del G20.

Fueron varios meses en que se celebraron, incluso, varias reuniones ministeriales y preparatorias, y logramos acercar posiciones que parecían aparentemente divergentes.

Y este trabajo fue para que la Cumbre del G20 que tuvimos en Los Cabos, en junio en México, alcanzáramos, como fue el caso, logros significativos.

Y si bien es cierto que todavía meses antes había surgido, incluso, la duda acerca de la viabilidad misma, por ejemplo, del euro como una moneda única para varios países europeos, en la reunión de Los Cabos se refrendó por esos integrantes, con apoyo del resto del Grupo del G20, un sólido compromiso, no sólo con el euro como moneda unitaria, sino con la unidad financiera, la unidad fiscal y la unidad política de la zona del euro.

Se precisaron y se ampliaron los compromisos de las instituciones financieras internacionales, especialmente, desde luego, de las europeas, pero también, del Fondo Monetario Internacional, por ejemplo.

Y entre los logros más significativos yo destaco el Plan de Acción de largo plazo de Los Cabos. Un plan de acción ambicioso, que tiene el propósito, no sólo de enfrentar la coyuntura económica actual, sino  de avanzar hacia una recuperación económica plena y permanente, que todos anhelamos.

Asimismo, algo muy importante, se acordó ahí, la mayor aportación de recursos al Fondo Monetario Internacional que se tenga registro  en la historia de esta Institución nuestra.  Se trata, además, de 450 billones de dólares comprometidos y que están ahí, disponibles para auxiliar a cualquier país desarrollado o en desarrollo, que enfrente la situación financiera crítica que acompaña a la crisis actual.

Y es cierto. Los problemas financieros en algunos países de Europa subsisten, son problemas de larga recuperación, pero desde nuestro punto de vista, amigas y amigos, la perspectiva hoy de solución es mejor de la que prevalecía antes de la reunión del G20.

Y este compromiso de los países del G20 ha sido, a mi juicio, un elemento valioso para que hoy la economía mundial empiece a registrar perspectivas, perspectivas más optimistas, de recuperación en el mediano plazo, que las que tenía apenas hace un año o poco menos.

Por eso, pienso que en esa materia comienza a darse un punto de inflexión en las perspectivas económicas y debemos abonar todos a que esa recuperación pueda ahora materializarse en el cumplimiento de los compromisos.

Ello, sin embargo, no debe disuadirnos. Al contrario. Debemos redoblar esfuerzos para superar, definitivamente, esta crisis global e  impulsar el desarrollo de nuestras sociedades.

Quiero subrayar que la Cumbre de Los Cabos del G20 no abordó sólo el tema de la crisis internacional, mucho menos sólo el tema europeo. Se ocupó de los temas urgentes, pero, también, de los temas importantes.

Nos ocupamos de que las naciones recuperemos el crecimiento, con un enfoque de sustentabilidad, por ejemplo; y colocamos en la agenda varios temas que son de la mayor importancia. Les menciono cuáles: el crecimiento verde, al cual me referiré más adelante, la  seguridad alimentaria de nuestros pueblos y la inclusión financiera de los más pobres.

A este respecto, por ejemplo, el hecho de que casi tres mil millones de personas en el mundo, adultos, no tengan acceso a servicios financieros representa un obstáculo claro para la justicia pero, también, un obstáculo para la eficiencia y el crecimiento de las economías.

Y, por eso, en México hemos ampliado el acceso de la población a los servicios financieros. Hoy, los bancos cuentan con requisitos simplificados para la apertura de cuentas. Estamos estableciendo una banca nueva, completamente, a través de los teléfonos celulares que tiene más del 80 por ciento de la población; y, mediante corresponsales bancarios, estamos brindando servicios financieros en las localidades más remotas.

También, el Gobierno a mi cargo, está introduciendo, no sólo programas de justicia y de combate a la pobreza, sino que la gran cantidad de apoyos gubernamentales, que damos a  los más pobres ahora, se hacen a través de un esfuerzo de incorporación financiera.

Cómo.

Por ejemplo, el Programa Oportunidades. Un programa pionero de transferencias económicas para seis y medio millones de familias.

Estamos hablando de más de la cuarta parte de toda la población de México. Las familias pobres en el país, están recibiendo mes a mes un apoyo económico para adquirir alimentos y lo más indispensable, con la condición de que las madres de familia lleven a sus hijos a la escuela y lleven a sus hijos al médico, como la única forma de romper estructuralmente la miseria.

Y estos apoyos se entregan a través de tarjetas de crédito, de débito, y cada una de esas tarjetas está asociada a una cuenta bancaria individual, a la que nunca hubieran tenido acceso, quizá, esas seis y medio millones de familias pobres en el país.

El otro tema que impulsamos en el G20 es la seguridad alimentaria. El aumento en el precio de los alimentos en el mundo explica, en gran parte, por qué desde el año 2010 hasta la fecha están saliendo en el Norte de África, y en muchas partes del mundo, está saliendo la gente a la calle, más allá de las razones políticas que pueda haber en cada Nación.

Porque si las familias más pobres destinan la mitad de su ingreso a buscar alimento, y ese alimento aumenta 10, 20 por ciento, estamos hablando de un empobrecimiento neto en el mundo superior a esos porcentajes.

Estamos hablando de que uno de los problemas más dramáticos para combatir la pobreza es evitar, precisamente, esta enorme carestía en el precio de los alimentos a nivel global. De eso hablamos en el G20, de seguridad alimentaria.

Y concretamente logramos acuerdos para promover más inversión en tecnología, más inversión pública, más inversión privada en agricultura para, con los mismos recursos, con la misma tierra, con la misma agua, producir en todo el mundo más y mejores alimentos.

México fue protagonista de la llamada revolución verde a principios de los 70. Hoy, se requiere otra revolución verde para producir alimentos y México quiere ser activo partícipe en esa transformación tecnológica y de política pública y, también, de cooperación internacional, que implica proveer alimentos a los más pobres del mundo.

En el G20 demostramos que es posible encontrar soluciones tanto en problemas urgentes y de coyuntura, como en los problemas y desafíos de largo plazo.

Señor Presidente:

El segundo reto, de los cuatro quiero mencionar hoy, es el referente a los Objetivos del Milenio, que atinadamente ha establecido la Organización de las Naciones Unidas, los Objetivos del Desarrollo del Milenio. Porque es evidente que sintetizan los anhelos de todos nuestros pueblos por un desarrollo armónico, humano y sustentable.

Mi país, a pesar del alza inusitada en el precio internacional de los alimentos, a pesar de la peor crisis económica mundial que tengan memoria las generaciones presentes en el mundo, hemos avanzado con firmeza en el cumplimiento de tales objetivos.

Quiero subrayar, amigos, que México está cumpliendo con las Metas del Milenio. A tres años de que venza el plazo fijado, hemos hecho realidad, por ejemplo, uno de los principales anhelos de cualquier Nación, desarrollada o en desarrollo, la cobertura universal en salud en mi país.

Qué significa.

Que hoy, en México, hay médico, medicinas, tratamiento y hospital para cualquier mexicana o cualquier mexicano que lo necesite. Y ello nos permitirá cumplir los compromisos asumidos, por ejemplo, en reducción de mortalidad materna, en reducción de mortalidad infantil.

Estamos, además, atacando severamente problemas como el VIH-Sida, y en México se están proporcionando atención médica gratuita y retrovirales gratuitos a todos los pacientes con VIH-Sida en el país, y con ello, estamos enfrentando y superando este grave problema y desafío a nivel mundial.

Además, no sólo alcanzamos la cobertura en salud, alcanzamos, también, la cobertura universal en educación primaria; y eso significa que hoy toda niña y todo niño en edad escolar, entre los cinco y los 13 años de edad, tiene un lugar en una escuela pública y gratuita.

Y, además, hemos cerrado la brecha entre hombres y mujeres, de tal manera, que a nivel de educación básica y a todos los niveles, prácticamente, es igual la participación ya, afortunadamente, entre hombres y mujeres en la educación del país.

Hemos logrado progresos importantes. Hemos construido más de mil 200 hospitales o clínicas nuevas en seis años. Y hemos creado 140 universidades desde cero, nuevas, públicas y gratuitas, donde se están formando 113 mil ingenieros cada año, que, además, de tener mejores oportunidades de ingreso, están revolucionando la competitividad de la industria mexicana.

Y, también, hemos logrado progresos por encima de las metas acordadas en el acceso de los mexicanos a agua potable, en el acceso a las tecnologías de la información, y en el acceso a una vivienda digna.

Casi 650 mil créditos hipotecarios para otro tanto número de viviendas se otorgan cada año en nuestro país, particularmente, a trabajadores que ganan menos de 20 dólares al día.

Todos estos avances nos colocan en tiempo y en la ruta para cumplir uno de los Objetivos del Milenio en el plazo que nos hemos establecido.

En el ámbito global, México es consciente de que los avances son desiguales, pero ello no debe ser motivo para que claudiquemos en nuestros esfuerzos. Debemos blindar el avance alcanzado y darle un sentido de continuidad.

Por eso, sugiere México que avancemos en una segunda generación de Objetivos del Milenio, objetivos que sean universales, que sean medibles y que sean adaptables a las distintas realidades nacionales, en temas como equidad de género, protección del ambiente, crecimiento verde, educación, alimentación, acceso al agua y gobernanza democrática internacional. Deben ser parte medular de la agenda de desarrollo del 2015.

Señor Presidente:

El tercer desafío. El cambio climático. Su impacto puede ser irreversible, tanto para la sociedad como para los recursos naturales.

Yo sé que en todos sus países se está viviendo, o alguna sequía sin precedentes o alguna inundación sin precedentes.

Aquí mismo, en Manhattan, hace menos de dos años pasó un huracán en medio de la Quinta Avenida, por primera vez en la historia. Y, por primera vez, se desarrollan tornados en Maine y Massachusetts.

El cambio climático está afectando a todas las naciones. Y esto es un desafío en marcha arrolladora a la humanidad, que si no se enfrenta hoy, los costos de cada pueblo para enfrentar sus consecuencias serán significativamente mayores.

México busca utilizar todas sus capacidades para despertar un sentido de responsabilidad en esta lucha mundial contra el calentamiento global. Y, por ello, creamos un programa unilateral especial para combatirlo. Nos comprometimos, por ejemplo, a disminuir en 50 millones de toneladas de bióxido de carbono anuales para este año, 2012, un compromiso hecho en 2008.

Y lo estamos cumpliendo. Al término de este año habremos cumplido la meta.

Somos el primer país que entregó una comunicación nacional en la Convención Marco de Cambio Climático. Y no sólo eso, hemos entregado cuatro y hoy mismo, hoy presentaré, a nombre de México, la Quinta Comunicación Nacional en la Convención Marco Sobre Cambio Climático.

Y en ella estamos reportando no sólo cómo hemos cumplido nuestros compromisos, sino estamos demostrando que hemos logrado desfasar, desvincular el crecimiento económico de México de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Por ejemplo, en las últimas dos décadas, nuestras emisiones de bióxido de carbono han crecido 40 por ciento menos que la tasa de crecimiento económico del país.

Y lo hacemos, porque en México estamos superando un falso debate que se ha dado aquí, en Naciones Unidas y que se da en todos los foros económicos del mundo.

El debate parece ser, o crecemos o atendemos el cambio climático; o terminamos con la pobreza o terminamos con el calentamiento global. Pareciera que no se pueden las dos cosas. Y sí, sí se puede, y yo diría, sí se debe.

Tenemos que superar el falso dilema que hay entre o proteger el medio ambiente o auspiciar el crecimiento económico, entre combatir la pobreza o combatir el cambio climático.

En México estamos haciendo las dos cosas. Por ejemplo, ProÁrbol, es un programa de pago de servicios ambientales, el más grande del mundo, quizá, donde le estamos pagando a las comunidades indígenas y pobres, que habitan en bosques y selvas, les estamos pagando por el agua que nos proveen, por el oxígeno que respiramos. Les pagamos por no talar los árboles, por recuperar sus cuencas, porque los servicios ambientales permanezcan para nosotros.

Y con este programa a la vez que cuidamos nuestros bosques y selvas estamos proveyéndole ingreso a las comunidades más pobres que nunca habían tenido. Y en seis años con él hemos plantado, por ejemplo, mil 300 millones de árboles en el país.

Yo recuerdo un programa de Naciones Unidas, hace cinco años, por plantar mil millones de árboles en todo el mundo, y participamos con entusiasmo. Nosotros hemos plantado mil 300 millones en seis años, y hemos decretado tres y medio millones de hectáreas como Áreas Naturales Protegidas.

Un resultado promisorio es que de acuerdo con la FAO, un organismo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, México ha reducido su tasa neta de deforestación de 350 mil hectáreas por año en la década de los 90, a 150 mil hectáreas por año entre 2005 y 2010. Y estoy seguro que la hemos reducido aún más entre el 10 y el 12, con la esperanza de que en esta misma década no sólo llegaremos a la tasa cero, sino que revertiremos la deforestación de selvas y bosques en el país.

Por este desafío, también, contribuimos con la ONU y con mucho gusto para organizar la Conferencia de las Partes en materia de Cambio Climático, la COP16, en Cancún.

Y, honestamente, amigos, esa fue una COP bastante exitosa contra todos los pronósticos. Ahí, por ejemplo, concretamos acuerdos para operar por primera vez el esquema de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación, la llamada REDD Plus, que permitirá a las naciones en desarrollo contribuir a la reducción de emisiones conservando y acrecentando bosques y selvas.

La mayor riqueza de los países pobres cuál es en materia natural.

Nosotros, los países en desarrollo, no contaminan con industrias que no tienen, la mayor riqueza son los bosques y las selvas, y la emisión de gases de carbono proviene de la deforestación. Si se le da el apoyo que requieren los países en desarrollo para conservar bosques y selvas, estarán contribuyendo a reducir emisiones de carbono y, a la vez, se estará contribuyendo a elevar el ingreso de esas comunidades. Eso lo acordamos en Cancún, en la COP16.

Este acierto, además, muestra un potencial que se abrió en la lucha contra el calentamiento global. Logramos, por ejemplo, zanjar diferencias entre países desarrollados y en desarrollo. Logramos hacer a un lado este juego perverso de echarnos la culpa unos a otros: No, la culpa la tienen ustedes, los ricos, porque son los que contaminan. No, la culpa la tienen ustedes, los pobres, porque están emitiendo muchos gases de efecto invernadero.

Señores, aquí todos somos responsables y aquí todos debemos tener la solución. Somos corresponsables del planeta que compartimos y que no reconoce nuestras fronteras en materia ambiental.

Por esa razón, el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas, permitió llegar a acuerdos razonables en Cancún y creamos el Fondo Verde contra el Cambio Climático, que propuso México y establecimos al principio consensos.

Por ejemplo, para establecer claramente el umbral de no más de dos grados en el aumento de temperatura del planeta en el largo plazo, compromisos de reducción de emisiones, un marco institucional para la adaptación al calentamiento global, así como mecanismos de financiamiento y transferencia de tecnología.

Estos avances hicieron revivir el multilateralismo en materia climática y siguieron en la exitosa Plataforma de Acción de Durban, en 2011.

Señor Presidente:

Finalmente. El cuarto desafío y aquí quisiera su atención, porque voy a hablar del tema y el problema que está causando más muertes violentas en todo el planeta, el problema que está causando la muerte de miles y miles de jóvenes, particularmente en nuestra querida América Latina y el Caribe.

El cuarto desafío es la delincuencia organizada transnacional, que está segando la vida de miles y miles de jóvenes y que es una de las más graves amenazas globales de nuestros tiempos.

Las organizaciones criminales articulan redes de operación en torno a los grandes flujos ilegales, no sólo de droga, flujos ilegales de armas, flujos ilegales de dinero, flujos ilegales de la inadmisible trata de personas.

Y para controlar sus mercados, su oferta y sus clientes, y para cobrar la renta a ciudadanos honestos en los lugares que dominan, utilizan la violencia.

Bajo esa lógica, buscan controlar territorios y cooptar gobiernos.  Le disputan la fuerza del Estado al Estado mismo. Aprovechan la debilidad o la franca corrupción institucional para establecer sus cotos de  poder y su impunidad.

Se enquistan en las comunidades y  ahí  controlan todo lo que pueden controlar.  Cobran cuotas a la gente honesta por su trabajo. Cobran cuotas a los empresarios y a los ganaderos, y controlan, además, delitos, como la extorsión, el robo y el secuestro.

El crimen organizado, señoras y señores,  es una de las principales causas de muerte, hoy en día, es una de las principales causas de la violencia, que Naciones Unidas tiene obligación de combatir. Es una de las mayores amenazas, también, para la democracia en el Siglo XXI.

Vaya si México ha padecido las consecuencias de ello, y que son también las consecuencias, por desgracia, de años de inacción ante la expansión brutal de este fenómeno delictivo.

Por ello, proteger a las familias, proteger a los mexicanos, protegerlas de la criminalidad ha sido para mi Gobierno, no sólo un imperativo legal, constitucional, sino, también, un imperativo ético, político, un imperativo categórico.

Y hemos combatido con fuerza, con determinación, con coraje, esta amenaza, inadmisible para nuestros pueblos. Y lo hemos hecho convencidos de que nuestro principal deber, como gobernantes, es proteger a las familias.

Al mismo tiempo, hemos impulsado una transformación verdaderamente histórica en las instituciones encargadas del cumplimiento de la ley. Porque estamos desarrollando nuevas y mejores capacidades policiacas y judiciales en la lucha por la seguridad. Necesitamos nuevas y mejores capacidades, que sepan defender la libertad y la legalidad.

Lamentamos, sin embargo, que este esfuerzo no se observa por igual en todos los países que debieran hacerlo.

Quiero, explícitamente, lamentar ante ustedes, por ejemplo, que la Conferencia Diplomática realizada aquí mismo, en julio pasado, no llegó a ningún acuerdo para adoptar el Tratado sobre Comercio de Armas. Y eso hubiera  sentado las bases para controlar una venta irresponsable de armas de alto poder al crimen organizado transnacional.

Sepan ustedes que, en mi Gobierno, en estos casi seis años, hemos decomisado más de 150 mil armas a los criminales. 150 mil armas.

Y, por ello, México impulsa un Tratado que limite o que prohíba, por lo menos, que regule, la transferencia de armas convencionales, porque sabemos que existe el riesgo, sabemos que eso pasa, que éstas no van a las manos de los buenos ciudadanos que quieren defender a su Patria.

Van a las manos de los criminales. Sí, para eso es el negocio de la industria: para cometer violaciones horribles y sin precedentes al derecho internacional y a los pueblos.

Ahora bien. El tráfico de armas sólo es una arista del problema. Es un problema  complejo. Hoy tenemos, señoras y señores, que reconocer, entre todos, una verdad indiscutible: el consumo de drogas ilegales en muchos países desarrollados está matando a miles y miles de jóvenes en los países de producción y de tránsito. Está causando una violencia que nuestros pueblos no merecen.

Los países consumidores de droga no han avanzado o al menos no han avanzado de manera relevante en la reducción del consumo de esas drogas. Y aquí hay mucho trabajo por hacer en materia de la reducción de la demanda, de la prevención de las adicciones.

Se requiere redoblar esfuerzos para atender este problema de salud pública: políticas preventivas contra las adicciones, campañas en los medios de comunicación, que hagan entender a los jóvenes de todo el mundo que las adicciones a las drogas son la nueva esclavitud del Siglo XXI, son una cadena pesada que ata al adolescente de por vida, hasta su muerte, a su proveedor.

Pero, al margen de eso, necesitamos recordar, también, señores, que el mayor poder de las organizaciones criminales.

De dónde viene.

Viene de los multimillonarios recursos económicos con los que se financian. Recursos que, a su vez, fluyen de los países consumidores de droga. Y mientras no se detenga esa montaña de dinero, mientras no se detenga el flujo de dinero que pagan los consumidores, la delincuencia organizada va a seguir comprometiendo la paz y va a seguir acechando sociedades enteras y gobiernos.

Por eso, aquí, en esta alta tribuna del mundo, quiero decirlo con toda claridad: Ha llegado el momento de que los países consumidores evalúen con toda sinceridad, con toda honestidad, si pueden, si cuentan con la voluntad y con la capacidad para reducir el consumo de drogas de manera significativa y sustancial.

Porque si no es así, sino se puede reducir ese consumo, es urgente que tomen ya acciones contundentes para al menos reducir los extraordinarios flujos de dinero, que están terminando en las manos de las organizaciones criminales.

Sé que hasta ahora se ha seguido un enfoque bien intencionado. El enfoque es alejar la droga de los jóvenes, mediante el combate legal al tráfico de drogas. Pero tiene un problema fundamental: genera un mercado negro y las enormes ganancias derivadas del mercado negro, provocado por la prohibición, han exacerbado la ambición de los criminales, han aumentado todavía más el masivo flujo de recursos hacia sus organizaciones.

Esto les permite crear redes poderosas, les da una capacidad de corrupción prácticamente ilimitada, son capaces de comprar gobiernos y cuerpos policiacos enteros, dejando inermes a las sociedades, dejando indefensas a las familias, especialmente a las naciones más pobres.

Es cierto, una Nación poderosa puede tener un Poder Judicial poderoso, puede tener policías imbatibles.

Pero qué me dicen de las naciones pobres de nuestros continentes, y yo hablo por las nuestras, en América Latina y el Caribe; pero qué pasará con África, o con Asia, o con tantas naciones que no tienen el poder económico para hacerle frente a los criminales.

La creciente demanda de drogas, entendámoslo de una vez, le está dando a los criminales un poderío económico y que se está transformando, en algunos casos, en político, para hacerse de la voluntad de una autoridad.

Y, por otro lado, insisto, tanto dinero despierta en ellos tal ambición que se barre cualquier escrúpulo, y que los hace cometer las peores atrocidades y los peores actos de crueldad que haya visto la humanidad.

El dinero de los consumidores está causando la muerte de miles y miles de jóvenes, en América Latina, en el Caribe, por esa violencia asociada al narcotráfico. Y en particular, las naciones estamos sufriendo de manera mucho más aguda los efectos devastadores de esta situación, particularmente, nosotros.

Quiénes. Las naciones que estamos entre la zona de producción, por ejemplo, en Los Andes, en Sudamérica, y el mercado más grande del mundo de consumo de drogas, que son los Estados Unidos. Y ahí vamos, Colombia, y Venezuela, y Guatemala, y El Salvador, y Honduras, y el Caribe, Haití, Dominicana, Jamaica. Todos ellos.

Por eso, amigos, les comparto que en diciembre del año pasado nos reunimos los Presidentes de la zona, los Jefes de Estado y de Gobierno de Centroamérica, más México y Colombia, y estaba de invitado el Presidente de Chile, en lo que llamamos el Mecanismo de Concertación de Tuxtla, y ahí emitimos una declaración muy importante: La Declaración de Mérida.

Y ahí expresamos que es urgente lograr una sensible reducción de la demanda de drogas ilegales por parte de los países consumidores. Sí. Pero, también, dijimos que si esto no es posible las autoridades de esos países deben, entonces, tienen la obligación moral de explorar todas las alternativas para eliminar las estratosféricas ganancias de los criminales, incluyendo explorar las opciones regulatorias o de mercado, orientadas, precisamente, a ese propósito.

No sólo eso. Meses más tarde, nos reunimos todos los países del Continente en la VI Cumbre de las Américas, en Cartagena, Colombia. Y ahí varios mandatarios de América Latina reiteramos nuestra preocupación y llegamos a un acuerdo medular, desde Canadá hasta Chile, de darle un mandato a la OEA para analizar, sobre la base de evidencia científica, todas las opciones, todas las opciones que nos permitan combatir este flagelo con mayor eficacia.

También, acordamos por unanimidad, por cierto, establecer un esquema hemisférico contra la delincuencia organizada transnacional, que permita coordinar en tiempo real a las distintas entidades encargadas de la seguridad en el hemisferio.

Hoy, propongo, formalmente, que ésta, nuestra Organización de las Naciones Unidas, se comprometa en el tema, que haga una valoración profunda de los alcances y de los límites del actual enfoque prohibicionista en materia de drogas.

Y eso no implica que se deba bajar la guardia, nosotros no lo haremos. No vamos a ceder ni un milímetro a las organizaciones criminales, lo que sí significa es que los países debemos asumir las responsabilidades comunes que tenemos en el problema y que, también, son diferenciadas de acuerdo al origen y de acuerdo a la capacidad que cada quien tiene en el problema.

Y en cualquier caso, en cualquier caso, señores, cualquiera que sea ese marco regulatorio sobre el tema de drogas, todas las naciones y estoy convencido, particularmente, las economías emergentes, como México, estamos llamados a implementar una política integral en tres ejes.

Por un lado, combatir a la criminalidad, no rehuirla, no permitir que asiente su territorio como si fuera un Estado nuevo.

Dos. Fortalecer las leyes y las agencias interinstitucionales encargadas de aplicar la ley, en particular hay que limpiar, hay que depurar y fortalecer cuerpos policiacos, fiscalías, Ministerios Públicos y Poderes Judiciales.

Y, tercero, y todavía más importante. Hay que restaurar el tejido social, hay que ampliar de manera acelerada las oportunidades para los jóvenes, de educación, de salud, de trabajo, de esparcimiento.

Hay que hacerlo a través de universidades, bandas de música, equipos de fútbol, clínicas, clínicas de prevención y tratamiento de adicciones. Hay que poner en marcha políticas activas y masivas de prevención y tratamiento de adicciones entre jóvenes y entre adolescentes.

Eso es lo que ya estamos haciendo en México. Así lo estamos haciendo en nuestro país, en estas tres vertientes, que son un imperativo para cualquier Estado democrático.

Sin importar cuál sea la postura o la política en materia de combate a las drogas, es distinto, en cualquier caso es obvio que el Estado debe combatir a los criminales, tener mejores instituciones de cumplimiento de la ley y crear oportunidades.

Pero hoy hago el llamado, porque las naciones tienen, tenemos todos, aquí, en la ONU, que asumir esta responsabilidad que no se ha asumido, lo digo sinceramente, conforme a la magnitud e importancia del problema.

Repito, la mayor causa de homicidios violentos en el mundo la causa el crimen organizado, y ese es un tema que tiene que abordar Naciones Unidas.

Si los países desarrollados, los que consumen toneladas y toneladas de droga todos los días no pueden o no quieren reducir el consumo de drogas, al menos detengan el dinero que le mandan a los criminales; al menos detengan el flujo exorbitante de dinero con el que están financiando los consumidores la muerte de miles de jóvenes.

Y si eso no se puede, es el momento, insisto, de explorar alternativas diferentes al propósito no logrado nunca de reducir el consumo.

Es el momento en que la ONU no sólo participe en este análisis, la ONU tiene que encabezar y encabezar en serio, un profundo debate internacional, que nos permita hacer un balance, por una parte, de los alcances y las limitaciones de la política actual: qué es lo que ha dado, cuánto hemos avanzado en el actual enfoque prohibicionista, por ejemplo.

Y, por la otra, un estudio acerca de la violencia inhumana, inaceptable que genera la producción, la distribución, el tráfico y el consumo de drogas en el mundo, y que ha convertido, duele decirlo, pero así es, ha convertido a América Latina y el Caribe en la región más violenta del mundo.

Este balance, finalmente, debe examinar con honestidad, con rigor académico y con responsabilidad global cuáles pueden ser esas alternativas, debe explorar, específicamente, alternativas regulatorias o de mercado, que nos permitan saber si son o no verdaderas alternativas, que nos permitan terminar a todas las naciones juntas con este flagelo que está costando decenas de miles de vidas en nuestra región.

Así como la ONU examina y aporta soluciones para vencer problemas globales, que amenazan la integridad, la salud y la vida de millones de personas en el mundo; así como se ocupa de las hambrunas en el mundo; así como debemos ocuparnos de la hambruna en el Cuerno de África; así como debemos de ocuparnos de la epidemia, como el virus de la Influenza H1/N1, que nos tocó sufrir a México; así como debemos ocuparnos del cambio climático, es hora, también, de entrar en acción para detener esta ola de muerte que causa tanto sufrimiento a nuestros pueblos.

Así que, yo urjo, respetuosamente, urjo, exijo a las Naciones Unidas a que no sólo participe, sino que encabece una discusión a la altura del siglo XXI, y sin falsos prejuicios, nos lleve a todos encontrar soluciones a este problema grave con enfoques nuevos y eficaces.

Señor Presidente.

Señoras y señores:

Mi Gobierno concluye en pocos meses. Me enorgullece que México cuente ahora con una economía sólida que está en crecimiento y que genera 700 mil empleos anuales nuevos formales en el país.

Con satisfacción puedo decir que hoy México es más fuerte, más justo y más próspero, así lo demuestran nuestros índices de desarrollo humano en educación, salud, vivienda y empleo. Además de atender los cuatro desafíos a los que hecho referencia, quiero decir, que como comunidad mundial necesitamos fortalecer a la ONU desde adentro para que responda a los retos globales.

Una primera tarea es una reforma realista al Consejo de Seguridad, democrática, para hacerlo más representativo y para preservar su capacidad de acción, mediante el mejoramiento de métodos de trabajo y la rendición de cuentas  de sus miembros.

Por otra parte, México celebra, señor Presidente, que haya usted propuesto, como tema central para este periodo de sesiones, la solución pacífica de controversias. Un tema  crucial para la convivencia civilizada y la cooperación.

México es una nación comprometida con la cooperación, con la  concertación de acuerdos

Nos preocupa, y sé que a ustedes también les preocupa, nos preocupa sinceramente   la debilidad o, a veces, la franca inacción de nuestras organizaciones ante violaciones flagrantes al derecho internacional.

La grave situación de Siria, por ejemplo, es un peligro para la paz mundial y es algo que es indignante para todos. Condenamos, sin ambages, la represión del régimen de Damasco y la violencia generalizada que está diezmando a la población civil y que ha provocado ya una crisis de refugio en los países vecinos.

La parálisis del Consejo de Seguridad, ante crisis como la de Siria, debe hoy relanzar la  voluntad, todos, la voluntad política para  transformar ya nuestra Organización.

Así como se ha trasformado y embellecido el edificio de la ONU y se han quitado los residuos de asbesto que la acompañaron tantos años, es importante ya renovar la Organización para ponerla a la altura de las exigencias del Siglo XXI.

Y, también,  por supuesto, condenamos el ataque terrorista, premeditado, contra el Consulado Estadounidense en Bengasi y el asesinato del Embajador estadounidense en Libia y de varios de sus colaboradores.

Señor Presidente:

Reitero que México cumplirá suficientemente con las Metas del Milenio, establecidas por esa gran Organización. Así lo demuestran nuestros índices de desarrollo humano en educación, salud, vivienda, empleo y seguridad social.

En el tema de seguridad, hemos combatido, con determinación, a las bandas criminales. Hemos actualizado nuestras  leyes, hemos emprendido una profunda reestructuración institucional. Y, al mismo tiempo, hemos avanzado en la consolidación de una cultura democrática y en el respeto a los derechos humanos.

Hoy, en México ha pasado ya una reforma, donde todo derecho humano, reconocido en cualquier tratado internacional, suscrito por México, ya es derecho interno exigible ante los tribunales mexicanos.

Me enorgullece dejar un México que mantiene profundas relaciones de amistad y de cooperación con todas las naciones. Un México que participa activamente en la construcción de la paz tan anhelada, en la construcción de un mundo de justicia, de seguridad, de desarrollo.

Queremos libertad para los hombres y las mujeres. Justicia y respeto a los derechos humanos en nuestras sociedades. Queremos un medio ambiente respetado, que permita que nuestra querida  Tierra, nuestro planeta, nos dure para siempre.

Y queremos democracia, sin la cual no hay libertad y no hay desarrollo.

Y, desde luego, queremos, anhelamos, buscamos y deseamos la paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.

Paz para todos ustedes.

Muchas gracias.

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