PERICIA LEGISLATIVA; ALIANZA LABORAL PAN-PRD; LA DESPEDIDA DE CALDERÓN. Salvador Flores LLamas

A c e n t o

Pericia legislativa

SALVADOR FLORES LLAMAS

Las dos iniciativas preferentes enviadas por el presidente Calderón al Congreso detonaron la actividad de la LXII Legislatura, que dejó atrás la pasividad de las anteriores y de inmediato cada cámara de origen se dio a la tarea de discutir y aprobar la que le correspondió.

Los diputados dieron trámite a la de reforma laboral y los senadores a la de la Ley General de Contabilidad Gubernamental; la primera para reformar la Ley Federal del Trabajo, intocada desde 1970 en el gobierno de Díaz Ordaz; la segunda para transparentar el manejo de los erarios federal, estatales y municipales.

Sabido es que en San Lázaro quedó trunca la reforma laboral, pues se rechazó democratizar a los sindicatos y transparentar el uso del patrimonio de los mismos; en lo que ahora están empeñados los senadores con posturas muy definidas.

El PAN y la izquierda pretenden democratizar y transparentar la vida sindical, mientras el PRI y el PVEM se oponen, empujados por los caciques de la CTM, CROC y organizaciones que dan su voto corporativo al tricolor y se niegan a dejar de manejar a su antojo sus finanzas, con las que se han enriquecido insaciablemente.

Empero, el PAN debería ser más cuidadoso, pues el avance logrado por los diputados fue con el apoyo del PRI, y los partidos de izquierda le pintaron un violín en El Palacio Legislativo a la hora de votar por la democratización y transparencia aludidas, aunque se había comprometido ello.

Si ahora las izquierdas empujan al PAN a modificar en el Senado la minuta enviada por los diputados en favor de dichos puntos, no debe olvidar aquel desaire y mucho menos que los líderes de los sindicatos izquierdistas (telefonistas, STUNAM, SME) son también caciques enriquecidos a costillas de los obreros y tampoco desean perder sus privilegios; por lo que de nuevo le fallará la izquierda a la hora de la verdad.

Por este camino, lo único que logrará Acción Nacional es que la reforma laboral se empantane y, en el supuesto caso de lograr que el Senado aprobara los puntos en litigio señalados, hay el riesgo de que los diputados congelen la iniciativa, que dejaría de ser preferente.

Entablar alianzas con la izquierda es pisar a un terreno demasiado resbaladizo; el PAN ya se llevó un frentazo en 2011 en la elección de gobernador del estado de México, cuando el PRD desistió de aliársele, como le había prometido, pues se dejó arrastrar por López Obrador y dejó a los panistas vestidos y alborotados.

Y, como se dijo, también le falló al votar en San Lázaro sobre la democratización y transparencia sindicales, mediante una patraña, al parecer también ordenada por el Peje: diputados izquierdistas tomaron la tribuna para evitar la aprobación parcial de la reforma laboral y abandonaron el salón de sesiones precisamente al votar los puntos multicitados.

Debe mencionarse que la alianza PAN-izquierda podría aprobar la democratización y transparencia sindicales por un escasísimo margen de votos, por lo que si fallan unos cuantos se pierde, y no sería raro, ya que, por otra parte, la izquierda anda divididísima.

No sólo el Peje arrastró un gran contingente; Bejarano quiere quitar a los Chuchos el control del PRD y los hermanos Círigo (Víctor Hugo y René Arce) desean fundar otro partido con el ex panista Manuel Espino y Carlos Díaz Cuervo, ex jefe nacional del desaparecido PSD.

Ahora bien, puede decirse que los diputados cumplieron al aprobar la reforma laboral en el tiempo fijado por la Constitución, por ser iniciativa presidencial preferente, e hicieron lo mismo con la minuta de la Ley General de Contabilidad Gubernamental.

La realidad es que en San Lázaro se advierte liderazgo por la coordinación entre los jefes de las bancadas: Manlio Fabio Beltrones, del PRI; Luis Alberto Villarreal, del PAN, y Silvano Aureoles, del PRD, principalmente, quienes han sabido conciliar sus opiniones e intereses políticos partidistas con los del país.

Aureoles se jugó el puesto cuando censuró la toma de la tribuna por los diputados pejistas, y salió adelante. Beltrones tiene pendiente resolver el descontento de PAN y PRD por el reparto de las comisiones legislativas; los coordinadores de ambos partidos amenazaron con que sus fracciones no asistirán a la toma de posesión del presidente Peña Nieto, si el PRI no satisface sus exigencias.

Pero hay la convicción de que esto ocurrirá por el colmillo bien retorcido del sonorense, quien a su viveza política añade su larga experiencia legislativa y administrativa: ha sido tres veces diputado federal, dos senador (la última lideró al Senado) subsecretario de Gobernación, secretario de gobierno y gobernador de Sonora.

Por eso no espanta a Manlio reconocer que vivimos una realidad política en que se puede trabajar con un gobierno dividido, en el que “el presidente carece de una amplia mayoría parlamentaria, pero eso ya no impide el acuerdo en los temas fundamentales de la agenda nacional: crecer a tasas sostenidas, crear empleos formales y reducir la pobreza y la desigualdad social”.

Avizoró, por lo demás, que habrá reforma electoral rumbo a los comicios de 2015, para “ir resolviendo las inquietudes que dejó la pasada elección federal y adecuar el marco jurídico electoral y el sistema de partidos a la demanda de mayor equidad, certidumbre jurídica y calidad en la representación de la pluralidad política y la diversidad social”.

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A c e n t o

Alianza laboral PAN-PRD

SALVADOR FLORES LLAMAS

Gustavo Madero, jefe nacional del PAN, declaró que los senadores de su partido dejarán intacta la minuta de la reforma laboral que aprobó la Cámara de Diputados, para evitar el riesgo de que el PRI dé marcha atrás en ese asunto y se malogre tal iniciativa preferente del presidente Calderón.

Al mismo tiempo Ernesto Cordero, coordinador de los senadores panistas, anunció que ellos se aliarán con el PRD para apuntalar en dicha reforma la democratización y la transparencia en el manejo de los fondos sindicales.

Es más, Javier Lozano, ex secretario del Trabajo de Calderón y hoy secretario de la comisión senatorial respectiva, adujo que sólo tocarán los artículos de la minuta relativos a estos temas y devolverán a los diputados los demás tal cual ellos los aprobaron.

Por principio de cuentas se advierte que Cordero y Lozano se pusieron más bien de acuerdo con los perredistas que con el presidente de su partido. De ahí surge una serie de interrogantes o conjeturas sobre si estos senadores panistas no se darán cuenta de que pecan de ingenuos.

En San Lázaro el PRD acusó al PAN de haberse aliado con el PRI (PRIAN) para aprobar lo que se logró de la reforma electoral, y en cuanto a la democracia y transparencia sindicales le había prometido lo mismo al azul; pero le falló a la mera hora.

No es la primera ocasión en que le falla (recuérdese la alianza electoral en el Estado de México, para la elección de gobernador), y ¿quién dice que fue la última?

El propio coordinador perredista en San Lázaro, Silvano Aureoles acusó a los pejistas de haber malogrado el acuerdo de no tomar la tribuna cameral para frenar la reforma, y admitió que si los miembros de esa tribu no hubieran abandonado la votación, tras consumar su hazaña, PAN y PRD la habrían ganado para democratizar y transparentar dichos asuntos sindicales vitales.

Se vio, por otra parte, que el liderato de Aureoles en el Palacio Legislativo está prendido con alfileres, y ya andaban defenestrándolo sólo por condenar la toma de la tribuna.

Cordero y Lozano deberían advertir la evidencia de que el pejismo sigue muy fuerte en la izquierda, y por ello podría jugarle al PAN otra trastada en el Senado, pues bastaría con que algunos de sus senadores no votaran por la democratización y transparencia para perder la partida, máxime que la diferencia es de 3 votos con el PRI y su PVEM.

En tales condiciones, Cordero no debería hacer ninguna alianza con el PRD en el Senado, por la casi seguridad de que no le cumplirá.

Pues además los pejistas tienen atrás a los sindicatos de telefonistas, SME y STUNAM, cuyos líderes Hernández Juárez, Martín Esparza y Agustín Rodríguez son antidemocráticos y manejan a su antojo los patrimonios sindicales; por lo que no están de acuerdo con los artículos de la reforma contra esos puntos.

He ahí el secreto de por qué los pejistas se salieron de la Cámara a la hora de votar por esos postulados y de honrar la alianza que dizque Aureoles tenía con el PAN.

¿Puede esperar Codero que en el Senado sí le cumplan? Sería ingenuo pensarlo simplemente.

En contrapartida, hay peligro de que el PRI dé marcha atrás en lo aprobado en la Cámara junto con el PAN, y la reforma laboral de Calderón se vaya a la congeladora. Lo ven hasta los menos duchos en política.

¿Para qué arriesgar entonces?

Cierto, no se logró lo óptimo de la reforma laboral, pero es lo que puede alcanzarse en nuestro medio, y hasta el presidente Calderón lo celebró, consciente de lo que le ha ocurrido en todo el sexenio. ¿En qué galaxia vivieron todo este tiempo Ernesto Cordero y Javier Lozano?

Es magro, según ellos, lo alcanzado, pero es lo que se pudo, fue lo posible, no lo deseable, como tanto se ha dicho.

No faltarán lectores que podrán completar este dicho popular: el que por si gusto es…,hasta la coyunda lame.

Posdata.-

Se insiste en el medio político en que el ruido con que la Cámara de Diputados aprobó la reforma laboral, retiró los reflectores del trabajo similar que realizó el Senado con la otra iniciativa preferente del presidente Calderón, la Ley General de Contabilidad Gubernamental, que ya está para ser revisada en San Lázaro, y lo más probable es que sea aprobada antes que finalice octubre.

Esa iniciativa rima con el propósito del presidente electo Peña Nieto de transparentar el manejo de los recursos públicos en la federación, estados y municipios. Hasta se habla de que Calderón lo ayudó así a despejar el camino reformista que se ha trazado.

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A c e n t o

La despedida de Calderón

SALVADOR FLORES LLAMAS

A 8 semanas de entregar el poder, el presidente Calderón recorre el país, inaugura obras, subraya sus realizaciones y emite declaraciones que pueden armar revuelo, como la de que la Ciudad de México, “la más importante del mundo”, descuidó por décadas tratar sus aguas residuales.

Ese error craso no tiene por qué pagarlo el estado de Hidalgo, como lo hace desde hace tiempo, al recibir esas descargas de la capital del país, indicó el Ejecutivo saliente.

En reciente viaje a Estados Unidos Calderón instó a su sucesor a no frenar el ataque al crimen organizado, y demandó a la ONU debatir sobre la despenalización de las drogas, a la que se había opuesto, y hoy se tomó como enmienda de su postura original, que tantas muertes ha costado al país.

“Mea culpa o no”, el hecho es que muchos minimizan ya los actos y dichos del Ejecutivo saliente; lo vapulean detractores, aunque no tan encarnizadamente, ya que durante todo el sexenio ése ha sido su divertimento; sin que él se altere al menos públicamente, sino mostró respeto absoluto a la libertad de expresión, que nadie puede regatearle sinceramente y tiempo hacía que no se daba en nuestro medio.

Esto, como la estabilidad económica que nos libró de crisis y devaluaciones cíclicas de otras décadas; el manejo de la macroeconómico, construcción de infraestructura, ampliación de la cobertura de la salud con el seguro popular y el ataque a la pobreza mediante programas sociales, son méritos que no pueden regateársele.

Hasta los izquierdistas vociferantes, que lo persiguieron por todo el país y llenaron de insultos porque el 2006 derrotó a Andrés Manuel, le retiraron la mira para enfilarla a Peña Nieto; sin que eso signifique que aquél es santo de su devoción.

Pero dentro del propio PAN empiezan a surgirle críticos, como el senador Javier Corral, quien desde tiempo ha lo tiene en la mira, y recientemente filtró a los medios una carta (dizque privada) en respuesta a que a Felipe le extrañó que no asistiera al convivio que ofreció a los senadores panistas, en Los Pinos, porque ahí habrían podido dirimir diferencias, y se filtró que lo tildó de cobarde.

Eso dio pie a Corral para ensañarse contra él, lo llamó intransigente y enojón y lo retó, dos veces en la misiva, a confrontarse públicamente, sin un mínimo de respeto a su investidura, ni por tratarse de un presidente surgido de su propio partido.

Enseguida vino el reparto de las comisiones en el Senado y como Corral no logró la anhelada presidencia de la Comisión de Comunicaciones; antes de que el pleno del Senado aprobara el dictamen respectivo ya acordado por las fracciones parlamentarias, el chihuahuense subió a la tribuna para dolerse porque ni siquiera resultó miembro de dicha comisión.

A nadie despistó que no respiraba por la herida, según dijo, al argumentar que, de acuerdo a las normas, deben integrar las comisiones los más preparados sobre sus temas respectivos, y él fue secretario de dicha comisión la vez anterior que fue senador; por lo que –sin decirlo- insinuó que ahora le correspondía presidirla.

Una forma de protestar–como diría mi fallecido amigo Gustavo Mora– sin querer queriendo, porque supone que desde Los Pinos se opusieron a que le entregaran dicha canongía, y quizá no se equivocó.

En cuanto al período de transición presidencial, en México es de 5 meses, demasiado largo, mientras, por ejemplo, en Estados Unidos es de dos y en Francia de sólo dos semanas entre la elección y la toma del poder por el nuevo gobernante federal.

Por eso se ha insistido en que es preciso recortar dicho lapso, y la fracción priísta de los diputados presentó ya una iniciativa para reducirlo a tres meses; o sea, que como la elección es el primer domingo de julio, el nuevo presidente proteste el 1 de octubre.

Además de evitar riesgos de inestabilidad política en un interregno tan prolongado, se daría tiempo a que el nuevo mandatario presentara con tiempo el nuevo presupuesto federal al Congreso y lo pudiera negociar con éste sin premuras.

Por otro lado, como que en cinco meses casi casi se presenta un vacío de poder, pues el presidente saliente ya no puede o debe tomar decisiones importantes que trasciendan su sexenio, y el entrante aún no puede asumirlas, pues todavía no es su turno.

Dicha iniciativa de reforma constitucional que presentó el diputado Manuel Añorve Baños, del equipo de Manlio Fabio Beltrones, coordinador parlamentario del PRI, podría tomarse como propuesta del equipo del presidente electo Peña Nieto, y ojalá sea aprobada, si no en sus términos exactos, sí en su intención, para reducir el largo período de transición presidencial.

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