ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. INÚTIL, NUEVA LEY LABORAL

JUE 08-11-12

FRANCISCO GÓMEZ MAZA

ANÁLISIS A FONDO: INÚTIL, NUEVA LEY LABORAL

üVoto mayoritario de ignorantes

üModelo fallido, economía fallida

Las reformas a la ley federal del trabajo quedaron al fin avaladas por los diputados del PRI, del Verde, del Panal y del PAN – aplastante mayoría -, como producto de una negociación a todas luces pragmática, pero de ignorantes en ciencia económica, que no tienen ni idea de que la falta de competitividad y productividad de la planta productiva no es un asunto laboral, sino de un fallido modelo económico. A los de la izquierda sólo les permitieron desahogarse, en la sesión del pleno de ayer. El dictamen fue aprobado y muy pronto entrará en vigencia.

Si la ciencia económica no falla, las nuevas relaciones laborales – contratos parciales, salarios por hora etc – no cambiarán un ápice las relaciones capital, mano de obra, Estado. Éstas responden a una real política económica, inclusive librecambista, que nunca han podido inventar los gobernantes mexicanos. Escúchelo bien, Manlio Fabio. Óigalo claro, señor Villarreal. No lo dude, don Enrique.

La productividad y la competitividad, y el pleno empleo, sólo se aumentarán mediante las innovaciones tecnológicas asociadas al sector externo y a toda la infraestructura productiva, con lo que podrá favorecerse el desarrollo del mercado interno, ya que dota de capital a las empresas que producen para el consumo nacional, y no sólo a las exportadoras.

Obviamente que, para lograrlo, como lo sugirieron hace poco más de una década Bulmer y Thomas, debe procurarse que el beneficio macroeconómico llegue a la población en general, cuestión que se da cuando los trabajadores aumentan su ingreso a través de mejores salarios y prestaciones, situación que repercute en una mejora de su poder adquisitivo. Pero los defensores de la reforma laboral sólo pensaron en las cargas y jamás en los beneficios que pudieran elevar los niveles de vida de los contratados.

Pero en el proceso es indispensable la participación del Estado, cuya función es la de ser garante del desarrollo integral. El Estado no es únicamente responsable de generar mecanismos e incentivos para fortalecer el crecimiento del sector externo (exportaciones e importaciones), sino que además debe aplicar una política económica que tenga como objetivo el fortalecimiento del sector no exportador.

De acuerdo con un extenso estudio elaborado por el doctor José Luis de la Cruz Gallegos, director del Centro de Investigación en Economía y Negocios y profesor de tiempo completo en el Departamento de Finanzas y Economía del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Estado de México, bajo el patrocinio de la Asociación Latinoamericana del Acero, lamentablemente la experiencia de México va en contrasentido y es una muestra de que la dinámica social y económica no es un proceso exclusivo del libre mercado y de su mano invisible.

Después de la crisis de los años 80, México entró en un proceso de ajuste estructural, en donde el marco institucional y económico fue modificado para favorecer la liberalización de los mercados. Para ello se recurrió tanto a la apertura comercial y financiera como a la privatización de las empresas públicas.

El desafío no era algo trivial, ya que la menor intervención del sector público en la economía y la desaparición de programas sociales implicaban que el vigor y sustentabilidad de la recuperación caerían en el buen funcionamiento del sector privado. Para ello, las empresas deberían estar en capacidad de generar empleo formal bien remunerado, que otorgara las prestaciones sociales marcadas por las leyes y reglamentos, ya que de otra manera la población no estaría en posibilidad de elevar su bienestar.

El proceso de liberalización reclamaba que esta nueva política económica elevara la productividad y la competitividad de las empresas; de otra manera serían incapaces de cumplir, no sólo con lo descrito, sino que tendrían pocas oportunidades para enfrentar el desafío que representaba la competencia de poderosas empresas trasnacionales interesadas en posicionarse en el recién abierto mercado mexicano.

Pero es evidente que México no ha logrado cumplir con la condicionante de elevar su nivel de productividad a un ritmo similar al alcanzado por otros países. En realidad, la evolución de la productividad laboral mostró un retroceso durante la primera parte de la década de los 90 y sólo durante el nuevo milenio ha conseguido establecer una modesta senda de crecimiento.

En el caso de la competitividad ocurre algo aún más inquietante, y es lo que se refiere a una pérdida de posiciones en casi todas las clasificaciones mundiales. La pérdida de competitividad constituye una debilidad estructural, una implicación negativa del modelo de crecimiento basado en la apertura, la desregulación y la privatización: bajo la política económica aplicada, las empresas privadas no han logrado incrementar su productividad y competitividad, por lo que no son capaces de enfrentar el desafío global y difícilmente pueden establecerse como el mecanismo para elevar el bienestar de la población.

No es un cuestionamiento mejor. En realidad representa un aspecto central de las fallas que tiene el actual modelo económico: no se puede alcanzar un mejor nivel de vida para la población sin empresas competitivas y productivas, generadoras  empleo formal, que otorguen remuneraciones y prestaciones sociales suficientes para elevar la calidad de vida de los trabajadores y sus familias.

Lo anterior es particularmente relevante cuando se recuerda que, al mismo tiempo, la privatización alejó al Estado de la esfera productiva, por lo que en general el empleo y la distribución de la riqueza se dan desde el sector privado. No puede soslayarse también que ello es aún más evidente cuando se tiene un gasto de gobierno ineficaz, fuertemente dominado por el llamado gasto corriente, el de menor impacto en términos de crecimiento económico y desarrollo social.

Lo más delicado, y que lleva a plantear que, en el corto plazo (con reforma de la ley federal del trabajo y todo) difícilmente se tendrá una corrección de esta situación, es que el mal funcionamiento del modelo es resultado de la aplicación de una política económica errónea, que va en contra de la lógica de su propia propuesta, como lo advierte A. Nadal, de El Colegio de México.

Las contradicciones han llevado a que la economía tenga un desempeño inadecuado y que no sea capaz de lograr la consecución de los objetivos que pretendía alcanzar.

Pero que no vengan ahora los falsos “gurúes” de Calderón Hinojosa y Peña Nieto, y diputados que no tienen ni idea ni siquiera de las leyes del mercado, a endilgarnos la mentira de que la economía no es productiva ni competitiva por culpa de una ley del trabajo que, además, como toda ley y reglamentación en México, nunca se ha aplicado y además es violada todos los días.

analisisafondo@cablevision.net.mx

Francisco Gómez Maza

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