FRANISCANOS, DOMINICOS Y AGUSTINOS: FORJADORES DE LA NACIÓN. Nemesio Rodríguez Lois

(Proporcionado por Salvador Flores LLamas)

Escrito por Nemesio Rodríguez Lois

Miércoles 28 de Noviembre de 2012 12:17
Recientemente, en este mismo espacio, publicamos un artículo acerca de la gran labor realizada por los franciscanos en tierras de México; artículo que, al revisar las estadísticas, vimos que tuvo gran aceptación, dándose el caso de que varios lectores nos escribiesen pidiendo que hablásemos acerca de la influencia que las órdenes religiosas han tenido en la integración de la mexicanidad.Reconociendo de antemano que la amplitud y complejidad del tema nos impiden tratarlo con la profundidad debida, trataremos de complacerlos.Como en aquella ocasión dijimos, en 1524 llegaron los 12 primeros misioneros franciscanos, a quienes siguieron los dominicos en 1526, para finalizar esta primera etapa con los agustinos en 1533.Con el objeto de lograr mayor eficacia en sus tareas evangelizadoras, dichas órdenes se repartieron territorios dentro de lo que entonces era el virreinato de la Nueva España.Y fue así como los dominicos se dirigieron hacia Oaxaca y Chiapas, en tanto que los agustinos encaminaron sus pasos hacia los que hoy son los estados de Guanajuato, Hidalgo y Michoacán.

Mucho se podría hablar de la gran obra dominicana siendo prueba palpable de la misma el grandioso convento de Santo Domingo de Oaxaca así como la impresionante capilla del Rosario en Santo Domingo de Puebla. En esta maravilla artística es donde se cristianiza el arte indígena  y se nos muestra en todo su esplendor el arte mestizo que dio origen al barroco mexicano.

Al misionero dominico fray Francisco Jiménez se debe el descubrimiento del “Popol Vuh”, libro sagrado de los mayas, lo cual significa que, gracias a este santo varón fue posible conocer aquella sorprendente civilización maya que casi había desaparecido a la llegada de los españoles.

Gracias a la predicación y buen ejemplo de los hijos de Santo Domingo fue que en las familias mexicanas arraigó una piadosa costumbre que aún perdura: El rezo del rosario.

Y si hablamos de los agustinos su obra no fue menos grandiosa y de ello dan testimonio los impresionantes conventos de Acolman, Actopan y Yuriria.

A un religioso agustino, fray Alonso de la Veracruz, se debe la fundación de la primera biblioteca pública que hubo en México. Y es que tan culto misionero donó sus libros con el fin de elevar el nivel de cultura popular.

A otro religioso agustino, fray Diego de Chávez, se debe la construcción de la Laguna de Yuriria. Aprovechando un socavón de terreno, el misionero hizo confluir varios riachuelos dando vida a un lago artificial en el cual podrían pescar los habitantes de los alrededores.

Como podemos observar, la Iglesia no solamente predica invitándonos a conseguir la felicidad después de la muerte; nada de eso, la Iglesia -en cuanto tiene oportunidad- procura , mediante obras materiales, aliviar las  necesidades de los fieles.

Los misioneros que a estas tierras llegaron entendían muy bien como el “más allá” (el Cielo) se gana desde el “más acá” o sea haciendo obras buenas que nos ayuden a conseguir la salvación eterna.

Y esas obras buenas se realizarán más fácilmente si existen las condiciones propicias que permitan tanto ganar honestamente el pan cotidiano como elevar el nivel cultural.

Casi cuatro décadas después de la llegada de los agustinos, llegaron los jesuitas en 1572 y, la verdad sea dicha, todo lo que de ellos se diga siempre será poco.

Aparte de educar con esmero a los niños y jóvenes de las clases pudientes, fue admirable su labor misionera entre los indios bárbaros del Norte a quienes cristianizaron en territorios de Durango, Chihuahua, Sonora y Baja California.

Ejemplo de jesuita dedicado a la enseñanza e investigación es el padre Francisco Javier Clavigero. Ejemplo de jesuita misionero es el padre Francisco Eusebio Kino.

En fin que -como al principio dijimos- el tema nos rebasa por su amplitud y complejidad.

Baste decir que semillas vitales de la mexicanidad -como son el idioma, la religión y la cultura- fueron sembradas por misioneros que en cada uno de los indígenas que bautizaban veían a un ser privilegiado por quien  se había derramado la sangre de Cristo.

Y al verlo como un ser privilegiado no solamente les predicaban sino que trataban de mejorarle la vida en todos los aspectos.

En fin, que si alguien desea saber un poco más del tema les recomendamos un libro nuestro del que se han hecho ya varias ediciones: “forjadores de México” (Editorial Tradición. Teléfono 55743212).

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