El Activo más importante de Brasil: su pueblo. Leonardo Boff


El Activo más importante de Brasil: su pueblo. Leonardo Boff.

vía El Activo más importante de Brasil: su pueblo. Leonardo Boff.

El rescate de la categoría “espíritu”. Leonardo Boff


El rescate de la categoría «espíritu»

2013-02-18

En la cultura de hoy, la palabra “espíritu” está desvalorizada en dos frentes: en la cultura letrada y en la cultura popular.

En la cultura letrada dominante “espíritu” es lo que se opone a la materia. La materia sabemos más o menos lo que es, ya que puede ser medida, pesada, manipulada y transformada, mientras que el “espíritu” cae en el campo de lo intangible, indefinido, y hasta nebuloso. La materia es la palabra-fuente de los valores axiales de la experiencia humana de los últimos siglos. La ciencia moderna se ha construido sobre la investigación y el dominio de la materia. Ha penetrado hasta sus últimas dimensiones, las partículas elementales, hasta el campo de Higgs en el que se habría dado la primera condensación de la energía originaria en materia: los tan buscados bosones y hadrones y la  llamada “partícula de Dios”. Einstein demostró que la materia y la energía son equivalentes. La materia no existe. Es  energía  altamente condensada y un campo riquísimo de interacciones.

Los valores espirituales en el sentido moderno convencional, se sitúan en la superestructura y no caben en los esquemas científicos. Su lugar es el mundo de la subjetividad, entregado a la discreción de cada uno o de los grupos religiosos. Expresándolo de una manera un tanto grotesca, pero no demasiado, podemos decir con José Comblin, gran especialista en el tema: «Cuando se habla de “valores espirituales “, todo el mundo piensa que está hablando un burgués en una reunión de los Rotarios o del Club de Leones después de una copiosa cena regada con buenos vinos y a base de comida fina. Para el pueblo en general, “valores espirituales” equivale a “palabras bonitas pero vacías”. O pertenece al repertorio del discurso eclesiástico moralizante, espiritualizante y en relación hostil con el mundo moderno.

Como resultado de ello, la expresión “valores espirituales” aparece con más frecuencia en los labios de los sacerdotes y obispos de tendencia conservadora. De ellos es común escuchar que la crisis del mundo contemporáneo se encuentra fundamentalmente en el abandono del mundo espiritual: la no asistencia a misa o cualquier otra referencia explícita a la Iglesia jerárquica.

Pero con los escándalos de los últimos tiempos, con los sacerdotes pedófilos y con los escándalos financieros vinculados al Banco Vaticano, el discurso oficial de los “valores espirituales” se ha devaluado. No ha perdido su valor, pero la entidad oficial que los anuncia tiene muy poca audiencia.

En la cultura popular, la palabra “espíritu” tiene gran validez. Traduce cierta concepción mágica del mundo en contra de la racionalidad aprendida en la escuela. Para gran parte del pueblo, especialmente los influidos por la cultura afrobrasileña e indígena, el mundo está habitado por espíritus buenos y malos que afectan a las diferentes situaciones de la vida, como la salud y la enfermedad, la vida afectiva, los éxitos y los fracasos, la buena o la mala suerte. El espiritismo ha codificado esta visión del mundo por la vía de la reencarnación. Cuenta con más seguidores de los que se piensa.

Sin embargo, en las últimas décadas nos hemos dado cuenta de que la racionalidad excesiva en todos los ámbitos y el consumismo exacerbado generan saturación existencial y también mucha decepción. La felicidad no está en la materialidad de las cosas, sino en las dimensiones relacionadas con el corazón, el afecto, las relaciones de amor, de solidaridad y de compasión.

Por todas partes se buscan experiencias espirituales nuevas, es decir, sentidos de vida que van más allá de los intereses inmediatos y de la lucha diaria por la vida. Ellos abren una perspectiva de esperanza y luz en medio del mercado de ideas y propuestas convencionales, difundidas por los medios de comunicación y también por las llamadas “instituciones de sentido” que son las religiones, las iglesias y las filosofías de vida. Han adquirido fuerza a través de los programas de televisión y de los grandes shows religiosos que obedecen a la lógica del espectáculo masivo y que, por eso mismo, se desvían del carácter reverente y sagrado de toda religiosidad. En una sociedad de mercado, la religión y la espiritualidad se han convertido en mercancías disponibles para el consumo general. Y producen un montón de dinero.

No obstante esta mercantilización de lo religioso, el mundo espiritual ha empezado a incrementar su fascinación aunque, la mayoría de las veces, en forma de esoterismo y de literatura de autoayuda. Aún así, ha abierto una brecha en el mundo profano y en el carácter gris de la sociedad de masa. En los medios cristianos han surgido las Iglesias pentecostales, los movimientos carismáticos y la centralidad de la figura del Espíritu Santo.

Estos fenómenos suponen un rescate de la categoría “espíritu” en un sentido positivo e incluso anti-sistémico. El “espíritu” es una referencia consistente y ya no está colocado bajo sospecha por la crítica de la modernidad que sólo aceptaba lo que pasaba por el tamiz de la razón. Pero la razón no lo es todo, ni lo explica todo. Hay lo arracional y lo irracional. En los seres humanos hay el universo de la pasión, del afecto y del sentimiento que se expresa mediante la inteligencia emocional y cordial. El espíritu no rechaza la razón, antes bien, la necesita. Pero va más allá, englobándola en un nivel superior que tiene que ver con la inteligencia, la contemplación y el sentido superior de la vida y de la historia. En términos de la nueva cosmología él sería tan ancestral como el universo, éste también portador de espíritu. ¿La era del espíritu?

Del autor: Fuego del cielo: el Espíritu Santo en el universo, en la humanidad, en las Iglesias y religiones, que será publicado próximamente por la Editorial Vozes.

El legado de la crisis actual: revisar y reinventar conceptos. Leonardo Boff


El legado de la crisis actual: 

revisar y reinventar conceptos 

2013-02-08

Alimento la convicción, compartida por otros analistas, de que la  crisis sistémica actual nos dejará como legado y desafío la urgencia de  repensar nuestra relación con la Tierra, con los modos de producción y  consumo, de reinventar una forma de gobernanza global y una convivencia  que incluya a todos en la única y misma Casa Común. Para esto es forzoso revisar conceptos-clave, que como una brújula indican un nuevo norte.  Buena parte de la crisis actual se deriva de premisas falsas.

El primer concepto a revisar es el de desarrollo. En la práctica  se identifica con el crecimiento material, expresado por el PIB. Su  dinámica consiste en ser el mayor posible, lo que implica explotación  despiadada de la naturaleza y la generación de grandes desigualdades  nacionales y mundiales. Es importante abandonar esta comprensión  cuantitativa y asumir la cualitativa; en ésta el desarrollo es bien  definido por Amartya Sen (premio Nobel) como «el proceso de expansión de las libertades sustantivas», es decir, la ampliación de las  oportunidades de modelar la propia vida y darle un sentido que valga la  pena. El crecimiento es imprescindible, pues es de la lógica de todo ser vivo, pero solo es bueno a partir de las interdependencias de las redes de la vida que garantizan la biodiversidad. En vez de  crecimiento/desarrollo deberíamos pensar en una redistribución de lo que ya fue acumulado.

El segundo es el manipulado concepto de sostenibilidad, que, en  el sistema vigente, es inalcanzable. En su lugar deberíamos introducir  la temática, ya aprobada por la ONU, de los derechos de la Tierra y de  la naturaleza. Si los respetásemos, tendríamos garantizada la  sostenibilidad, fruto de habernos ajustado a la lógica de la vida.

El tercero es el del medio ambiente. El medio ambiente no existe, lo que existe es el ambiente entero, en el cual todos conviven y se  interconectan todos los seres. En vez de medio ambiente sería mejor que  usásemos la expresión de la Carta de la Tierra: comunidad de vida. Todos los seres vivos poseemos el mismo código genético de base, por  eso todos somos parientes entre sí: una real comunidad vital. Esta  mirada nos llevaría a tener respeto por cada ser, pues tiene valor en sí mismo más allá del uso por el ser humano.

El cuarto concepto es el de Tierra. Es importante superar la  visión pobre de la modernidad que la ve sólo como una realidad extensa y sin inteligencia. La ciencia contemporánea ha mostrado, y esto ya ha  sido incluido hasta en los manuales de ecología, que la Tierra no sólo  tiene vida sobre ella, sino que ella misma está viva: es un  superorganismo, Gaia, que articula lo físico, lo químico y las energías  terrenas y cósmicas para producir y reproducir siempre vida. El 22 de  abril de 2010 la ONU aprobó la denominación de Madre Tierra. Esta nueva  mirada, nos llevaría a redefinir nuestra relación con ella, ya no más de explotación sino de uso racional y respeto. Una madre ni se vende ni se compra, se respeta y se ama. Así debe ser con la Madre Tierra.

El quinto concepto es el del ser humano. Este en la modernidad ha sido pensado como desligado de la naturaleza, fuera y encima de Ella,  haciéndolo su «dueño y señor» (Descartes). Hoy el ser humano se está  insertando en la naturaleza y en el universo como aquella porción de la  Tierra que siente, piensa, ama y venera. Esta perspectiva nos lleva a  asumir nuestra responsabilidad par con el destino de la Madre Tierra y  de sus hijos e hijas, sientiéndonos cuidadores y guardianes de este  bello, pequeño y amenazado planeta.

El sexto concepto es el de espiritualidad. Ésta ha sido  acantonada en las religiones, cuando es la dimensión de lo profundo  humano universal. La espiritualidad surge cuando la conciencia se  percibe como parte del Todo e intuye cada ser y todo el universo  sustentados y penetrados por una fuerza poderosa y amorosa: aquel Abismo de energía, generador de todo ser. Es posible captar el eslabón  misterioso que liga y religa todas las cosas, formando un cosmos y no un caos. La espiritualidad nos confiere un sentimiento de veneración por  la grandeza del universo y nos llena de autoestima por poder admirar,  gozar y celebrar todas las cosas.

Mucho tenemos que cambiar todavía para que todo esto se vuelva parte de  la conciencia colectiva. Pero es lo que debe ser. Y lo que debe ser  tiene fuerza de realización.

¿Cuál es el sentido de los buenos deseos para 2013?. Leonardo Boff


Qual es el sentido de los buenos deseos para 2013?

27/01/2013

Ya estamos avanzados en el año nuevo y todavía nos expresamos buenos deseos de salud y prosperidad. ¿Qué sentido tienen tales votos en el contexto mundial y nacional en el que vivimos?

Ellos ganan sentido si ocurre lo que pide con urgencia la Carta de la Tierra, uno de los documentos más importantes y promotores de esperanza del comienzo del siglo XXI: «un cambio en la mente y en el corazón, un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal» (conclusión). Es decir, si tuviésemos el coraje de cambiar nuestra forma de vivir, si el modo de producción y de consumo tomase en cuenta los límites de la Tierra, en especial, la escasez de agua potable y los millones y millones de personas que pasan hambre.

No es imposible que pueda haber una quiebra sincronizada del sistema-Tierra y del sistema-vida. Los tsunamis y los huracanes son pequeñas anticipaciones. La biodiversidad podrá en gran parte desaparecer, como en las conocidas 15 grandes destrucciones sufridas antaño por la Tierra. Muchos humanos también perecerán y se salvarán apenas retazos de nuestra civilización.

Jared Diamond, conocido especialista en biología evolutiva y biogeografía de la Universidad de California, en su libro Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (Debate 2006) mostró como ese colapso ocurrió en la Isla de Pascua, en la cultura maya y en Groenlandia del Norte. ¿No sería una miniatura de lo que podría ocurrir con la Tierra, una Isla de Pascua ampliada? ¿Quién nos garantiza que eso no será posible?

Hay flechas en nuestros caminos que apuntan en esa dirección. Y nosotros, divirtiéndonos, riendo despreocupadamente, jugando en las bolsas especulativas, como en la fábula de Kierkegaard: un teatro está en llamas, el payaso pide a gritos a los espectadores que vengan a apagarlo, pero nadie acude pues todos creen que es parte de la obra. El teatro se quema, consumiendo el auditorio, los espectadores y los alrededores. Noé fue el único que leyó las señales de los tiempos: construyó un arca salvadora, garantizándola para él, su familia y representantes de la biodiversidad.

Pero entre Noé y nosotros hay una diferencia: ahora no disponemos de un Arca que salve a algunos y deje perecer a los demás.  Esta vez o nos salvamos todos o perecemos todos. Con razón nos convoca en su parte final la Carta de la Tierra:

«Como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo». Obsérvese que no se habla de reformas,  mejoras, recortes, regulaciones, sino «de un nuevo comienzo». No es que tales iniciativas no tengan sentido, pero serán siempre más de lo mismo e intrasistémicas. No resuelven el problema-raíz: el sistema que debe ser cambiado, solo retrasan la solución. El sistema se encuentra corroído por dentro y se ha transformado en una amenaza para la vida y el futuro de la Tierra De él no podrá venir vida nueva que incluya a todos y salve nuestro ensayo civilizatorio. Esto supone reconocer que los valores y los principios, las instituciones y los organismos, los hábitos y los modos de producir y consumir ya no nos aseguran un futuro discernible. Un «nuevo comienzo» implica inventar una nueva Tierra y forjar un nuevo estilo de «bien vivir» y «bien convivir», produciendo lo suficiente y lo decente para todos, sin olvidar a la comunidad de vida y a nuestros hijos y nietos.

Los ejes articuladores ya no serán la economía, el mercado, el sistema bancario ni la globalización, sino la vida, la humanidad y la Tierra, considerada como Gaia, superorganismo vivo del cual nosotros somos su porción consciente e inteligente. Todos los demás subsistemas han de servir a este gran sistema uno y diverso en el cual todos serán interdependientes, construyendo juntos un destino común, también con la Madre Tierra.

La situación de la Tierra y de la humanidad es comparable a un avión en la pista de despegue. Comienza a correr. Todo piloto sabe que llega un momento crítico en el que el avión debe despegar, pues en caso contrario se estrellará al final de la pista. No son pocos, como Mijaíl Gorbachev, Martin Rees, James Lovelock, Eduard Wilson, y Albert Jacquard entre otros, los que nos advierten: hemos pasado el punto crítico y no levantamos vuelo. ¿Hacia dónde vamos?

Como la evolución no es continua sino que da saltos, nunca perdemos la esperanza, antes bien la cultivamos, de un salto cuántico que nos salve con una nueva mente y un nuevo corazón y, por eso, con un destino prometedor para 2013.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor.

San Jorge y el dragón: dos dimensiones del ser humano. Leonardo Boff


San Jorge y el Dragón:

dos dimensiones del ser humano

2013-01-25

Toda religión, también el cristianismo, tiene muchas valencias. Además de centralizarse en Dios, elabora narraciones sobre el drama paradójico del ser humano, generando sentido, una interpretación de la realidad, de la historia y del mundo.

Ejemplar es la leyenda de san Jorge y el combate feroz con el dragón narrada en el artículo anterior. En primer lugar, el dragón es dragón, por lo tanto una serpiente. Pero alada, con una enorme boca que emite fuego y humo y un olor mortífero.

En Occidente representa el mal y el mundo amenazador de las sombras. En Oriente es un símbolo positivo, símbolo nacional de China, señor de las aguas y de la fertilidad (long). Entre los aztecas la serpiente alada (Quezalcoatl) era un símbolo positivo de su cultura. Para nosotros occidentales el dragón es siempre terrible y representa la amenaza a la vida o las duras dificultades de la supervivencia. Los pobres dicen: “tengo que matar un dragón cada día, tal es la lucha por la supervivencia”.

Pero el dragón, como lo mostró la tradición psicoanalítica de C. G. Jung con Erich Neumann, James Hillmann, Etienne Perrot y otros, representa uno de los arquetipos (elementos estructurales del inconsciente colectivo o imágenes primordiales que estructuran la psique) más ancestrales y transculturales de la humanidad.

Y junto con el dragón viene siempre el caballero heroico que se enfrenta a él en lucha feroz. ¿Qué significan estas dos figuras? De la mano de categorías de C. G. Jung y sus discípulos, especialmente de Erich Neumann que estudió específicamente este arquetipo (A história da origem da consciência, Cultrix 1990), y de la psicoterapia existencial-humanística de Kirk J. Schneider (O eu paradoxal, Vozes 1993) procuremos entender lo que está en juego en ese enfrentamiento. Él enseña y nos desafía.

El camino de la evolución lleva a la humanidad del inconsciente al consciente, de la fusión cósmica con el Todo (Uroboros) a la emergencia de la autonomía del ego. Este paso, totalmente realizado, es dramático; por eso, el ego debe retomarlo continuamente si quiere gozar de libertad y de autonomía.

Es importante reconocer que el dragón aterrador y el caballero heroico son dos dimensiones importantes del mismo ser humano. En nosotros el dragón es nuestro universo ancestral, oscuro, nuestras sombras, de donde surgimos hacia la luz de la razón y de la independencia del ego. No sin razón en algunas iconografías, especialmente en una de Cataluña (es su patrono) el dragón aparece envolviendo todo el cuerpo del caballero. En un grabado de Rogério Fernandes (com.br) el dragón aparece envolviendo el cuerpo de san Jorge, que lo sujeta con el brazo, y tiene su rostro, nada amenazador, a la altura del de san Jorge. Es un dragón humanizado formando una unidad con san Jorge. En otras imágenes (en Google hay 25 páginas de san Jorge con el dragón) el dragón aparece como un animal domesticado al cual san Jorge, de pie, conduce sereno, no con la lanza sino con un bastón.

La actividad del héroe, en este caso san Jorge, en su lucha con el dragón, muestra la fuerza del ego, valeroso, iluminado, que se afirma y conquista autonomía, pero siempre en tensión con la dimensión oscura del dragón. Conviven, pero el dragón no consigue dominar al ego.

Dice Neumann: «La actividad de la conciencia es heroica cuando el ego asume y realiza por sí mismo la lucha arquetípica con el dragón del inconsciente, llevándola a una síntesis satisfactoria» (Op. cit. p. 244). La persona que hace esta travesía no reniega del dragón, pero lo mantiene domesticado e integrado como su lado de sombra. Por esta razón, en la mayoría de los relatos, san Jorge no mata al dragón, solamente lo domestica y lo reinserta en su lugar, dejando de ser amenazador. Ahí surge la síntesis feliz de los opuestos; el yo paradójico encuentra su equilibrio pues alcanza la armonización del ego con el dragón, del consciente con el inconsciente, de la luz con la sombra, de la razón con la pasión, de lo racional con lo simbólico, de la ciencia con el arte y con la religión (Cf. Schneider, p. 138).

El enfrentarse a las oposiciones y la búsqueda del equilibrio constituye la característica de personalidades maduras, que integraron las dimensiones de sombra y de luz. Así lo vemos en Buda, Francisco de Asís, Jesús, en Gandhi y en Luther King.

Los cariocas tienen gran veneración por san Jorge, más que por san Sebastián, patrono oficial de la ciudad. Éste es un guerrero, acribillado por las flechas, por lo tanto, “derrotado”. El pueblo siente necesidad de un santo guerrero valiente que vence las adversidades. Y san Jorge representa el santo ideal.

Tal vez los que veneran a san Jorge ante el dragón no saben nada de esto. No importa. Su inconsciente lo sabe y activa y realiza en ellos su obra: el deseo de luchar, de afirmarse como egos autónomos que se enfrentan e integran las dificultades (los dragones) dentro de un proyecto positivo de vida (san Jorge héroe victorioso). Y salen fortalecidos para la lucha de la vida.

Balance anual de lo micro: brotes en el desierto. Leonardo Boff


Texto de Leonardo para el domingo 6 de enero.
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Balance anual de lo micro: brotes en el desierto

2013-01-06

Desde San Agustín (“en cada hombre hay simultáneamente un Adán y un  Cristo”), pasando por Abelardo (“Sic et non”), por Hegel y Marx, hasta  llegar a Leandro Konder, sabemos que la realidad es dialéctica. Es  decir, es contradictoria, porque los opuestos no se anulan sino que se  tensionan y conviven permanentemente, generando dinamismo en la  historia. Esto no es un defecto de fabricación, sino la marca registrada de lo real. Nadie lo ha expresado mejor que el pobrecito de Asís al  rezar: “donde haya odio que yo lleve amor, donde haya tinieblas que  lleve la luz, donde haya error que lleve la verdad…”. No se trata de  negar o de anular uno de los polos, sino de optar por uno, el luminoso, y reforzarlo hasta el punto de impedir que el otro, negativo, sea tan  destructivo.

¿A que viene esta reflexión? Con ella quiere expresarse que el mal nunca es tan malo que impida la presencia del bien; y que el bien nunca es  tan bueno que suprima la fuerza del mal. Debemos aprender a negociar con estas contradicciones. En un artículo anterior intenté hacer un balance de lo macro, negativo: así como estamos vamos de mal en peor. Pero  dialécticamente hay un lado positivo que importa realzar. Un balance de  lo micro nos revela que estamos asistiendo, esperanzados, al brote de  flores en el desierto. Y esto está ocurriendo por todas las partes del  planeta. Basta frecuentar los Foros Sociales Mundiales y las bases  populares de muchas partes para notar que hay vida nueva que está  abriéndose en medio de las víctimas del sistema e incluso en empresas y  en dirigentes que están abandonando el viejo paradigma y se ponen a  construir un Arca de Noé salvadora.

Anotamos aquí algunos puntos de mutación que podrán salvaguardar la vitalidad de la Tierra y garantizar nuestra civilización.

El primero es la superación de la dictadura de la razón instrumental  analítica, principal responsable de la devastación de la naturaleza,  mediante la incorporación de la inteligencia emocional o cordial, que  nos lleva a implicarnos con el destino de la vida y de la Tierra,  cuidando, amando y buscando el vivir bien.

El segundo es el fortalecimiento mundial de la economía solidaria, la  agroecología, la agricultura orgánica, la bio-economía y el  eco-desarrollo, alternativas al crecimiento material vía PIB.

El tercero es el eco-socialismo democrático que propone una forma nueva  de producción con la naturaleza y no contra ella y una necesaria  gobernanza global.

El cuarto es el bio-regionalismo que se presenta como alternativa a la  globalización homogeneizadora, valorando los bienes y servicios de cada  región con su población y cultura.

El quinto es el buen vivir de los pueblos originarios andinos que supone la construcción del equilibrio entre los seres humanos y con la  naturaleza a base de una democracia comunitaria y el respeto a los  derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra o el Índice de Felicidad  Bruta del gobierno de Bután.

El sexto es la sobriedad compartida o la sencillez voluntaria que  refuerzan la soberanía alimentaria de todos, la justa medida y la  autocontención del deseo obsesivo de consumir.

El séptimo es el visible protagonismo de las mujeres y de los pueblos  originarios que presentan una nueva benevolencia hacia la naturaleza y  formas más solidarias de producción y de consumo.

El octavo es la lenta pero creciente acogida de las categorías de  cuidado como condición previa para una sostenibilidad real. Esta está  despegándose de la categoría desarrollo y es vista como la lógica de la  red de la vida que garantiza las interdependencias de todos con todos  asegurando la vida en la Tierra.

El noveno es la penetración de la ética de la responsabilidad universal, pues todos somos responsables del destino común, el nuestro y el de la  Madre Tierra.

El décimo es la recuperación de la dimensión espiritual, más allá de las religiones, que nos permite sentirnos parte del Todo, percibir la  Energía universal que todo penetra y todo sostiene y nos hace cuidadores y guardianes de la herencia sagrada recibida del universo y de Dios.

Todas estas iniciativas son más que semillas. Son ya brotes que muestran la posible floración de una Tierra nueva con una humanidad que está  aprendiendo a responsabilizarse, a cuidar y a amar, lo que afianza la  sostenibilidad de este pequeño planeta nuestro.

Vea L. Boff y M.Hathaway El Tao de la Liberación, explorando la ecología de la transformación (Vozes 2012).

Las verdaderas causas de los fracasos en la cuestión de los cambios climáticos. Leonardo Boff


Las verdaderas causas de los fracasos en la cuestión de los cambios climaticos

26/12/2012

PABLO SOLON é boliviano e ex-embaixador de seu pais na ONU. É um dos negociadores nos encontros sobre o clima e um especialista no tema. Destacou-se na Rio-20 por suas posições sensatas e alternativas, baseadas na grande tradição andina do bien vivir.Tem insistido: em vez de falar de sustentabilidade deveríamos falar dos direitos da natureza e da Mãe Terra. Em vez de desenvolvimento cumpriria falar de redistribuição do que já a humanidade acumulou. Neste artigo, revela os verdadeiros impasses que conduzem sempre ao fracasso das negociações sobre o clima: por detrás estão poderosíssimos poderes econômicos que ganham com a não aprovação de nenhuma medida para limitar os gases de efeito estuda que produzem o aquecimnto global. É uma voz do Grande Sul, inteligente e convincente: Lboff

En el béisbol cuando uno tiene 3 “strikes” está fuera. En las negociaciones sobre  cambio climático ya suman 4 fracasos: Copenhague, Cancún, Durban y ahora Doha. Cuatro Conferencias de las Naciones Unidas y cada una fue peor que la anterior. Su principal objetivo era acordar las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero hasta el año 2020. Estas debieron ser de 40 a 50% tomando el nivel de emisiones del año 1990. Sin embargo, después de cuatro intentos, son de apenas 13 a 18%. Ahora estamos en camino a un aumento mundial de la temperatura de 4 y 8ºC.

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno” dicen algunos negociadores de las Naciones Unidas. A lo que podemos replicar: “Cuando nuestra casa se está quemando, lo peor que puedes hacer es mentir a la gente”. Es hora de repensar lo que está pasando y tratar de encontrar nuevas estrategias para evitar una catástrofe global.

No es por la falta de evidencias

El cambio climático ya no es una posibilidad teórica. Tiene un impacto real en las vidas de las personas, la naturaleza y la economía.

El cambio climático ya está contribuyendo a la muerte de casi 400.000 personas al año[1]. Este mes, durante las negociaciones de la “COP18” en Doha, Qatar, el tifón Bopha azotó Filipinas, dejando más de 700 muertos. Este tifón, que fue el más fuerte que haya sufrido las Filipinas en las últimas décadas, devastó Mindanao, destrozando más de 70.000 viviendas y obligando a 30.000 a vivir en albergues temporales.

Ahora también los impactos económicos del cambio climático son evidentes. Los costos del Huracán Sandy son más de 60 mil millones de dólares para los EE.UU.[2] Un informe titulado “Monitor de Vulnerabilidad Climática[3]” calcula que el costo del cambio climático en el mundo asciende a más de $ 1,2 billones, lo que representa un 1,6% del PIB mundial cada año. Y para el año 2030, los impactos pueden elevarse a 3,2% del PIB mundial y en algunos países a más del 11% de su PIB.

Los hechos han comenzado a cambiar  la percepción de la gente, incluso en el país de los “negacionistas”. Ahora, 4 de cada 5 estadounidenses reconocen que el calentamiento global está ocurriendo[4]. Pero a pesar de todas las pruebas y el ligero aumento de conciencia, las negociaciones de las Naciones Unidas retroceden. En vez de entregar un ambicioso Protocolo de Kioto, con más países,  mejores mecanismos de cumplimiento y una meta global de reducción de emisiones conforme a lo que establece la ciencia, Doha concluyó con un miserable segundo período de compromiso del Protocolo de Kioto, con menos países signatarios y la promesa de un nuevo acuerdo que sólo entrarán en vigor el 2020.

Nuestros errores

Aquellos que siguen las negociaciones del clima – y yo fui también un negociador climático – por lo general tienen un enfoque de país. Esto significa que el conflicto es entre las naciones “desarrolladas” y “en desarrollo”. Países emisores históricos frente a países víctimas de las emisiones. Con la complicación ahora de que algunas de las “víctimas” se están convirtiendo en grandes emisores. Esta situación crea un estancamiento de las negociaciones en el que, por un lado, los países ricos no quieren hacer más recortes si las “economías emergentes” no hacen también recortes de emisiones y, por otro lado, las “economías emergentes” no hacen grandes esfuerzos argumentando que primero deben tomar la iniciativa los “históricos”.

Esta explicación del estancamiento de las negociaciones no examina las verdaderas causas. Para entender lo que ocurre tenemos que ver más allá de esta lógica basada en países – desarrollados, en desarrollo, emergentes, menos desarrollados – y adoptar un enfoque de clase que toma en cuenta los intereses de las élites en todas partes del mundo. La parálisis de las negociaciones no se debe al conflicto entre EE.UU. y China, sino a la coincidencia de intereses de las élites de EE.UU y China que obtienen jugosas ganancias de megaproyectos energéticos. Si hay un acuerdo mundial de fuertes reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero: ¿cuanto petróleo tendrán que dejar bajo el suelo? ¿cuántas plantas de carbón tendrán que cerrarse? ¿cuántas mega-represas no se construirán? ¿cuántos productos contaminantes tendrán que dejar de producir y vender? En síntesis: ¿cuánto disminuirán sus utilidades?

Estas élites controlan los gobiernos para que proyecten curvas de crecimiento económico que justifiquen mega-proyectos energéticos. A estos sectores de poder económico no les preocupa si mas del 30% de la energía se pierde en su traslado, si un proyecto generará la energía presupuestada después de ser construido, si una represa solo sirve para abastecer un mega-centro comercial, si la producción de agro-combustibles disminuye la producción de alimentos, si los mercados de carbono son buenos para los bosques… lo único que les interesa es hacer negocios.

El “derecho al desarrollo” y la “competitividad” lo utilizan para encubrir sus sed insaciable de ganancias. En nombres de los pobres amasan grandes fortunas. Utilizan el peligro del otro país para promover sus proyectos y hacer negocios con las élites del supuesto país “enemigo”.

Las élites están en todas las partes de la cadena: en la extracción de combustibles fósiles, en mega proyectos de infraestructura, en la promoción de energías peligrosas como la nuclear, en la financiarización de los bosques a través de REDD, en la comercialización de productos no durables que destruyen la naturaleza, en la producción de falsas soluciones como los agro combustibles, los organismos genéticamente modificados y ahora la biología sintética y la geo-ingeniería.

Para hacer frente al cambio climático hay que dejar bajo el suelo mas de 2/3 partes de las reservas de combustibles fósiles. Si no se hace eso, ninguna solución real es posible. Las transnacionales privadas y la burocracia estatal que controlan esas reservas no quiere perder la gallina de oro aunque eso represente una catástrofe para la humanidad y la madre tierra. Al final de cuentas ese es un tema del futuro y ellos cuentan en el presente con los recursos necesarios para ponerse a salvo.

La cuestión de las “emisiones de gases de efecto invernadero” a veces oculta el verdadero problema de la lógica del sistema capitalista que requiere de una creciente sobreexplotación de los seres humanos y la naturaleza para mantener la tasa de ganancia de las grandes empresas.

Quizás el error más grande fue reducir las negociaciones sobre el clima a una lucha por los porcentajes de reducción de las emisiones, cuando en realidad, deberíamos estar discutiendo el panorama completo y real del planeta que ha llegado a sus límites y poner sobre la mesa la cuestión de las reservas de combustibles fósiles, las empresas transnacionales, los patrones de consumo y producción, y toda la lógica de explotación, codicia y obsesión beneficio de este sistema.

Tenemos que mirar más allá de los conceptos de desarrollo, crecimiento y estados-nación y discutir los asuntos del Sistema de la Tierra y la necesidad de un modelo económico que respeta los ciclos vitales de la Naturaleza. La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra celebrada en Cochabamba, Bolivia 2010, fue un buen paso en esa dirección, pero fue sólo un primer paso.

Repensando nuestras estrategias

Un nuevo análisis requiere nuevas estrategias. Ha llegado el momento de desafiar las negociaciones ganado victorias fuera de las negociaciones. Los movimientos sociales en los países “desarrollados” como “en desarrollo” están luchando contra el “fracking” (fracturación hidráulica), la construcción de oleoductos, el petróleo bituminoso y otras industrias extractivas destructivas. Necesitamos victorias que catapulten las luchas a escala mundial.

Tenemos que promover nuevos enfoques en la lucha contra el cambio climático vinculando la crisis ambiental, la crisis alimentaria y la crisis financiera. Tenemos que atraer nuevos actores sociales que no han estado involucrados hasta ahora en el tema climático. Para muchos no es evidente que la lucha contra los “planes de austeridad” enfrentan al mismo enemigo que la lucha contra el cambio climático. En el Foro Social Mundial sobre Migración, celebrado en Manila, Filipinas, una asamblea de movimientos sociales asiáticos emitió una declaración firmada por más de 70 organizaciones y movimientos sociales señalando que necesitamos “conectar las demandas urgentes de la población por alimentos, agua, salud, energía, empleo con las luchas contra el cambio climático, la especulación financiera, la apropiación de tierras, los acuerdos neoliberales de inversiones y de libre comercio, la impunidad de las empresas transnacionales (ETN), la criminalización de los migrantes y los refugiados, el patriarcado y la violencia contra las mujeres, las medidas de austeridad y los recortes a la seguridad social “.

Debemos discutir la implementación de nuevas campañas como la propuesta de referéndum climático a nivel nacional, regional o mundial. Tenemos que utilizar todos los espacios para reclamar el derecho democrático de los pueblos a decidir el futuro de todos y de nuestra Madre Tierra.

Necesitamos fortalecer nuestras alternativas como la agroecología, la soberanía alimentaria y la descentralización de la producción y consumo de energías. Tenemos que desmontar la mentira de que necesitamos más y más energía y la única manera de hacerlo es a través de mega proyectos. Tenemos que demostrar, con números y experiencias concretas, que detrás de esos proyectos están los intereses de empresas muy conocidas y que otras alternativas locales y de menor escala son posibles.

Una buena oportunidad para reunir a movimientos sociales y activistas del clima será el “Espacio Climático” dentro del próximo Foro Social Mundial (FSM) en Túnez (26-30 de marzo de 2013). Es tiempo de repensar nuestros análisis, alternativas y estrategias para hacer frente al cambio climático.

* Pablo Solón, Director Ejecutivo de “Focus on the Global South”, ex embajador del Estado Plurinacional de Bolivia ante las Naciones Unidas y ex jefe negociador boliviano para el cambio climático