El Nombre de La Piedad. Por José Antonio Martínez A.

EL NOMBRE DE LA PIEDAD
Por José Antonio Martínez A.
Cuando un viajero que se traslada en autobús, pasa por primera vez por nuestra ciudad y pregunta al conductor por el nombre de ésta, la usual contestación es la siguiente. “Estamos en La Piedad”.
Si dicho viajero no es muy escrupuloso, se conformará con el escueto dato que se le proporciona, pero si se trata de un estudiante o, mejor aún, de un investigador profesional, entonces intentará ahondar en detalles adicionales.
Preguntará, por ejemplo, si el nombre del municipio es Loa Piedad, y si el de la cabecera municipal también lo es, o, por el contrario, hay diferencias, pues tendrá entendido que de los 113 municipios de Michoacán, ambos conceptos no siempre coinciden.
Así, para empezar averiguará que el municipio de Acuitzio tiene por cabecera la población de Acuitzio del Canje, Angamacutiro, Angamacutiro de la Unión, Angangueo, Mineral de Angangueo, y Ario, Ario de Rosales.
Se habrá enterado además ese afanoso investigador que imaginamos, que abundan los nombres de cabeceras municipales con apellidos de distinguidos michoacanos o mexicanos, de modo que Coalcomán tiene por cabecera municipal a Coalcomán de Vázquez Pallares, Coahuayana a Coahuayana de Hidalgo y Nocupétaro a Nocupétaro de Morelos.
Si ese curioso viajero decide interiorizarse más a fondo, su interés lo inducirá a apearse del autobús y preguntar a los piedadenses sobre el nombre de la ciudad en que vivimos.
Aquí empezarán a aflorar los problemas, porque la primera persona a quien aborde, sea joven o adulto, hombre o mujer, encontrará dificultades para aclararle bien a bien cuál es el preciso nombre de la cabecera municipal, reduciéndose a explicarle que la conocen simplemente como La Piedad, sin apellido suplementario, aunque alguno podrá decirle que es La Piedad Cabadas, según dicen las leyendas de los autobuses de conocida empresa de transporte con conexiones en varios Estados del centro de la República.
Nuevamente nuestro viajero emprenderá otra línea de investigación, como ahora se les dice a los casos complicados y al parecer sin solución, y buscará entrevistarse con algún funcionario de la Administración Municipal que pudiera despejarle algunas dudas.
El funcionario de marras puede poner a su disposición la Ley Orgánica Municipal, cuyo artículo tercero enuncia los 113 municipios con su nombres y cabeceras, y descubrirá que La Piedad tiene por cabecera a La Piedad de Cabadas (así, textualmente, de acuerdo con el Compendio de Legislación Municipal del Estado de Michoacán que publicó el Gobierno del Estado, en la quinta edición, correspondiente al año 1995.
Nuestro perseverante investigador habrá encontrado aquí la primera incongruencia que le hará entrar en serias inquietudes o sospechas. Mientras el informante callejero y anónimo y el conductor del autobús le dijeron que la ciudad es La Piedad Cabadas, la Ley Orgánica agrega la preposición de, que indica posesión o pertenencia.
Más todavía, como ese viajero saque que el apellido de Cabadas proviene de alguien que construyó un puente famoso hacia el primer tercio del siglo XIX, querrá conocer el monumento en que se describen los detalles de su construcción. De este modo, descubrirá un pormenor extra que aumentará su desconcierto y su interés. Ciertamente, en una de las caras del estipite conmemorativo leerá con claridad: “Promovedor ecónomo y director de este puente el Dr. D. José María Cavadas y prestó 7,264 pesos. Lo ejecutó el Mtro. Don Tomás Sandoval”.
Como expresa el profesor Isidro Castillo Pérez en su Monografía Municipal sobre La Piedad, “hay dos fechas, en la leyenda, que parecen contradictorias, una dice el año de 1833 y otra en el año de 1834, pero se supone que, habiéndose pasado por el puente en noviembre de 1833, los detalles de la obra, tales como rampas, balaustrada, almenas y demás, no se terminaron sino dos o más meses después, ya en el año 1834”.
La confusión, reflexionará nuestro investigador, comenzaría en el mismo sitio donde se construyó el puente, pero aparte, comparando el texto citado del profesor Castillo y la inscripción en cantera que corresponde a la inauguración del puente, advertirá que el primero escribe Cabadas con b labial, y la cantera, seguramente supervisada por el mismísimo autor para su inauguración, o sea el cura párroco don José María, se encuentra Cavadas, con v labiodental.
¿Quién tiene la razón en este enredo sobre el nombre de la ciudad en que habitamos? Mi invitación es a procurar averiguarlo conjuntamente, en las siguientes líneas que dedico al tema.
Un poco de historia
En la frontera de la fantasía y la realidad, es decir, entre la protohistoria y la historia, se pueden ubicar los orígenes del asentamiento cada vez más poblado que hoy conocemos como La Piedad.
Para el profesor Jesús Romero Flores, quien nutrió sus aportaciones historiográficas con abundantes dosis de elucubraciones poéticas, ante la falta de firmes asideros documentales, hacia la segunda mitad del siglo XII los aztecas fundaron el primer poblamiento, denominado Zula.
Después, los indios purépecha se establecieron en un lugar conocido como Aramútaro o Aramutarillo, donde hoy se localiza Potrerillos y el Cerro del Muerto, para más tarde experimentar un desplazamiento rumbo al sitio en que en la actualidad se ubica el barrio de La Purísima. Según Romero Flores, los habitantes de Aramútaro, que en tarasco significa “lugar de cuevas”, vivieron tranquilos “durante más de dos siglos (1380—1529), en que su territorio se vio invadido por las huestes de los conquistadores españoles”.
Para elaborar su versión, Romero Flores se apoyó en el canónigo J. Guadalupe Romero (1862), para quien este pueblo se llamó Zula la Vieja y fue conquistado por Nuño de Guzmán en 1530 Estamos en presencia de una interpretación inconsistente, destinada a exaltar los valores y tradiciones del terruño.
Sin embargo, como lo especifica un moderno historiador de irrecusable seriedad científica como el doctor Alberto Carrillo Cázares, esa “historia carece de base documental”. Lo cierto es que La Piedad nació y creció a la buena de Dios, sin fundación oficial, es decir, sin haberse expedido ninguna partida de nacimiento que declarase su aparición en el mapa de la Nueva España por disposición del rey de la metrópoli o de alguna de sus autoridades subordinadas.
Fuentes de comprobado peso historiográfico nos presentan en 1687 a un “corto pueblo de indios” con el nombre de San Sebastián Aramutarillo. De acuerdo con el doctor Carrillo Cázares, el licenciado don Juan López de Aguirre merece el título de fundador de La Piedad, “porque él bautizó con el nombre de Piedad a este pueblo naciente en 1692”.
En efecto, este personaje de la Iglesia, “apenas llegado de Tlazazalca, de la que Aramutarillo es el último de sus ‘sujetos’, firma el 25 de noviembre de ese su primer año, 1692, de su puño y letra la primera acta en que aparece el nombre de “Pueblo de La Piedad”.
De entonces hasta 1861, al pueblo se le conoce como La Piedad. El 26 de abril de dicho año, el Congreso del Estado lo eleva a la categoría de Villa de Rivas, en honor de don Mariano de este apellido, un ilustre michoacano que destacara por su celo a favor de la educación de nuestra niñez y juventud.
Durante diez años permanece con el nuevo nombre, hasta que el 16 de noviembre de 1871, el Gobernador de Michoacán, Rafael Carrillo, publica un decreto del Congreso del Estado, por el cual la Villa de Rivas adquiere el rango de ciudad, con el nombre de La Piedad Cabadas, en homenaje al sacerdote don José María, quien fuera párroco de la localidad y benefactor de la región, principalmente por haber construido el puente que ahora lleva con justicia su apellido, que es uno de los aspectos del examen a ue estamos sometiendo el nombre de la ciudad.
Varias denominaciones ha tenido, pues, este lugar. Zula o Zula la Vieja, en gran medida apócrifo; Aramútaro o San Sebastián Aramutarillo; La Piedad, simplemente, y La Piedad Cabadas o La Piedad de Cabadas o Cavadas.
Estas variantes obedecen en amplia proporción a la falta de una conciencia clara por parte de sus habitantes o de sus autoridades por determinar sin género de dudas o de confusiones, uno de sus primordiales elementos distintivos como es la designación más o menos adecuada, falla que en no pequeña escala se remite a añejos hábitos inerciales.
Sin embargo, la ciudad está creciendo, y parece llegado el momento en que el niño o adolescente se encuentra en la transición hacia la edad adulta y debe presentarse formalmente ante propios y extraños, porque no basta ya que simplemente se diga a los visitantes o viajeros que ésta es La Piedad, a secas, o que, en su defecto, se le adjudique el simpático y coloquial mote paranomástico de “La Piedrita”.
Es preciso que tanto turistas como los oriundos del lugar sepan que viven en La Piedad de Cavadas, cabecera del municipio de La Piedad, y estar en capacidad de explicar por qué ha sido así, una vez que cobren conciencia de la evolución del nombre, en debido homenaje a un benefactor como el doctor Cavadas, y empiecen por escribir correctamente su apellido, es decir, como él de su puño lo escribiera, según nos proponemos demostrarlo en este modesto ensayo.
Evolución o confusión
Quisiera exponer algunas reflexiones sobre la evolución que la lengua suele experimentar en la entraña del pueblo, el cual es el agente que en última instancia decide sobre la suerte definitiva de un nombre en especial o de una palabra cualquiera.
Como aquí estamos tratando específicamente del nombre de nuestra cabecera municipal, conviene proceder a algunas pertinentes comparaciones con otras ciudades que acaso han transitado por similares vicisitudes.
Pensemos en lugares de tanta tradición como Tasco, que durante algún tiempo permaneció así, sin acompañamiento alguno, hasta que sus habitantes o sus autoridades no vieron la conveniencia cultural o turística de agregarle el apellido del ilustre autor de comedís de la época colonial, Juan Ruiz de Alarcón, quien según la mayor parte de los indicios nació en ese argentífero solar de la opulenta dinastía Borda.
Sin embargo, hasta donde sabemos, en tiempos relativamente recientes hubo una confrontación entre partidarios de escribir Taxco con x y Tasco con s. Esta última opción es la que al parecer está prevaleciendo en el gusto del hablar popular.
Por lo que respecta a la más cercana ciudad guanajuatense de Celaya, quienes conocen sus orígenes históricos vascos saben que originalmente se llamó Villa de Zalaya, con z y a en la sílaba inicial, pero con el paso del tiempo primero se modificó la z a c y luego la a se transformó en e, para quedar finalmente como Celaya.
Algo parecido nos está sucediendo con la ciudad capital de este municipio. Por descuido las más de las veces, sus pobladores han introducido una especie de anarquía en el nombre.
Por ejemplo, los choferes del Sitio Puente Cavadas, que se encuentra a unos cuantos pasos del célebre e histórico puente, acaso nunca se han preocupado por mirar la forma en que está escrito Cavadas en la cantera del estípite que evoca la inauguración del inmueble, de tal modo que en u nos automóviles del sitio está escrito Puente Cabadas y en otros Puente Cavadas.
Pero lo que más sorprende es que respecto al monumento que se erige en la Plazuela Cavadas, en el centro de nuestra población, el autor del mismo, inaugurado por el Gobernador Aristeo Mercado en 1896, puso Cabadas, mientras la placa de la nomenclatura que aparece en la esquina de la escuela del mismo nombre, adjunta al Santuario del señor de La Piedad, está escrita con b grande, pero, asómbrense ustedes, a 10 metros de distancia, sobre el mismo muro, a la entrada del plantel, se encuentra otra, ésta en hierro, recordándonos que dicho centro educativo, en honor del sacerdote Cavadas, lo inauguró el Presidente de la República, Adolfo López Mateos el 7 de septiembre de 1964, y en la leyenda alusiva aparece Cavadas con v chica, como precisamente se presenta bordada en letras blancas, en los suéteres de los pequeños que acuden a educarse allí.
Todo esto nos demuestra que unas veces por descuido y otras por determinadas preferencias o prejuicios, se va determinando poco a poco la transformación de nuestros códigos de comunicación a parir de palabras clave o de uso más común.
Sobra decir que también ha habido falta de cuidado o de congruencia al escribir La Piedad Cavadas sin la preposición de intermedia, y que ello equivale a pensar que está correcto escribir Michoacán Ocampo y no Michoacán de Ocampo, o Puebla Zaragoza en vez de Puebla de Zaragoza, puesto que nuestro Estado o la capital angelopolitana necesitan la preposición de para significar que en honor de alguien trascendente en nuestra historia se ha agregado cierto apellido o nombre.
Pero lo que en nuestro caso al parecer se pretende es que la cabecera municipal ostente un nombre a salvo de erratas ortográficas y conceptuales, y se ajuste a las más elementales reglas de la gramática vigente.
El error
Hemos tenido acceso a un documento sometido hace tiempo a la consideración y aprobación del H. Cabildo de La Piedad, en el cual se solicita al Congreso del Estado la rectificación del nombre de la cabecera municipal, p ara que oficialmente sea La Piedad de Cavadas y no La Piedad Cabadas.
En dicho escrito se procede a u n recuento de los pasos que se dieron para que la antigua Villa de Rivas fuera elevada a la categoría de ciudad, en homenaje a uno de sus más ilustres benefactores.
Así sabemos que con fecha 1º de junio de 1871, fueron 15 los vecinos peticionarios del cambio ante el cuerpo parlamentario estatal, entre quienes se encontraban los señores José del Refugio Magdaleno, G. Arredondo, Antonio Bustamante, Juan Arredondo, P. García, Antonio Bravo, Francisco Enríquez, Félix Escobar, Policarpo Altamirano, Pedro C. Aceves y Nemesio Ramírez.
En su ocurso, dichos vecinos exponían que era necesario honrar la memoria de un personaje que a través de sus obras había coadyuvado a transformar y a desarrollar el asentamiento humano, “de un pueblo miserable, a la altura en que hoy está ubicado, y su progreso moral y material no cede, sino antes bien aumenta cada día y más y más, no obstante las épocas por que desgraciadamente ha atravesado el país en general”.
Con base en estas consideraciones, sugerían a la corporación legislativa, “que el nombre que actualmente lleva esta Villa, sea sustituido por el de Ciudad Cabadas”.
En la Sala de Comisiones se dio curso al escrito de los piedadenses, asentándose que “un gran número de vecinos de la Piedad” (sin la l mayúscula todavía), eran los autores de la iniciativa, haciéndose eco de los argumentos que aquéllos sostenían.
“En cuanto al apellido cavadas que los mismos vecinos pretenden lleve en lo sucesivo, la comisión cree que si debe existir alguna relación entre la población y su título, y si es de conservarse la memoria de los bienhechores de un pueblo, ninguno conviene mejor a la Pidad que el del ilustre sacerdote que le dio los medios para llegar al estado floreciente en que hoy se haya” [sic].
¿Qué sucedió después tocante a la alteración del apellido del distinguido zamorano que tanto bien acarreó a nuestra población?. Trataré de explicarlo enseguida.
La alteración ortográfica
El proyecto de ley que la Cámara de Diputados estatal elaboró con vistas a elevar el nivel de villa a ciudad por lo que se refiere a La Piedad, planteaba originalmente en su artículo único que “en atención a los eminentes servicios que prestó a la Villa de La Piedad, el Presbítero José María Cabadas, dicha población llevará en lo sucesivo el título de “Ciudad Cabadas”. Sala de Comisiones del Congreso, Morelia, oct. 9 de 1871”.
En el documento en que el Gobernador del Estado, Rafael Carrillo, da respuesta a la comunicación de los legisladores, “de fecha 17 del actual” (octubre), “relativo a que la Villa de la Piedad lleve en lo sucesivo el título de “Ciudad Cavadas” (obsérvese la enmienda gramatical por cuenta del titular del Poder Ejecutivo estatal), les recomendó con fecha 19 del mismo mes, se informase a los demás integrantes del Congreso “que el Ejecutivo no se opone a que se eleve la Villa citada al rango de ciudad, ni a que se llame de Cavadas; pero sí a que desaparezca su nombre primitivo” (es decir, La Piedad), “por razón de los graves inconvenientes que esto trae para la estadística, según lo ha hecho notar repetidas veces la sociedad de Geografía y las razones que se tuvieron presentes al hacer figurar en la ley de divisiones territorial del 1º de Abril de 1868, la prevención contenida en el artículo 7º”.
En otro oficio del propio Gobernador Carrillo al Congreso del Estado, correspondiente al 31 de octubre de 1871, puntualiza:
“Queda enterado este Gobierno que esa Legislatura tuvo a bien acordar que en la sesión del día 3 de noviembre próximo entrante tenga lugar la discusión del proyecto de ley relativo a conceder a la villa de La Piedad la denominación de “Ciudad Cavadas”.
Sin embargo, en nuevo escrito que el Gobernador firma el 16 de noviembre de 1871 (donde acusa recibo de la decisión del Congreso sobre el cambio de nombre de la Villa de Rivas, con efectos legales a parir del 16 del mismo, cuando el Ejecutivo estatal publica el respectivo decreto), aparece la incongruencia a propósito de la v, ya que en esta ocasión, acaso por la influencia de u n amanuense o calígrafo desaprensivo o ignorante, se pliega a la ortografía de los diputados y de los vecinos de La Piedad, con esta modificación adicional de trascendencia: Y ano se habla de Ciudad Cavadas, sino de La Piedad Cabadas.
El texto aludido se transcribe ´integro:
“Adjunto al oficio de V.V número 73 de fecha 14 del corriente, ha recibido este Gobierno, para su publicación, el Decreto que esa Legislatura tuvo a ien expedir concediendo el título de Ciudad a Villa de la Piedad, bajo la denominación de ‘La Piedad Cabadas”.
El decreto mencionado dice así:
“El Congreso de Michoacán de Ocampo decreta:
“Art. Único.- a solicitud de los vecinos de la villa de la Piedad, se eleva ésta al rango de Ciudad y llevará en lo sucesivo el título de La Piedad Cabadas.
“El Ejecutivo del Estado dispondrá se publique, circule y observe”.
De lo anteriormente expuesto se desprende que entre los autores de la iniciativa del proyecto de decreto se suscitó una diferencia de criterios en cuanto a la ortografía en el apellido del doctor Cavadas, probablemente más por ignorancia o negligencia que por una inclinación consciente o dolosa, situación que ha repercutido hasta nuestros días, en que tampoco se ha tenido el escrúpulo suficiente para respetar el modo de escribirlo, sobre todo por no remitirse al testimonio original y con tundente como es el autógrafo del benefactor de La Piedad, el cual escribía irrebatiblemente Cavadas, según explicaré a continuación.
Definición
Un detalle adicional en que tampoco se reparó al procederse a la conversión de villa a ciudad por lo que respecta a nuestra cabecera municipal, fue en la supresión de la preposición de, ya que los legisladores no le pusieron La Piedad de Cavadas (como Michoacán de Ocampo, o Puebla de Zaragoza, etc. Segun he dicho?, sino simplemente La Piedad Cabadas, error en que persistieron incluso historiadores mas o menos serios como don Jesus Romero Flores, pero que otros investigadores, como el doctor Alberto Carrillo Cazares o el que fuera Cronista de la Ciudad, Manuel Ayala Tejeda, han corregido de manera indubitable.
En apoyo a la conveniencia de que el apellido del ilustre benefactore se escriba con v labiodental, el sabio profesor Francisco de P. Leon, según asienta en su monografía sobre La Piedad el maestro Castillo Perez, estampo en el libro de autógrafos de la Biblioteca publica de La Piedad, lo siguiente.
“Creo que debe seguir en la escritura el apellido del ilustre Parroco de La Piedad, D. Jose Maria Cavadas, la ortografia que el mismo daba a su propio apellido, escribiendo Cabadas con v consonante y no con b como generalmente se usa. Esto consta por el autógrafo que de el existe en esta Biblioteca. La Piedad Cabadas, 28 de diciembre de 1918. F. de P. Leon.
Conclusiones y recomendaciones
Decia Horacio, el gran poeta de la antigüedad romana, que el uso es el que decide en materia de lenguaje, y en ello, desde luego, nosotros estamos de acuerdo, advirtiendo además que a lo largo del tiempo los pueblos han transformado sus idiomas y dialectos buscando acaso un mas fluido sistema de comunicación y entendimiento.
Asi tenemos, por ejemplo, que ciertos nombres de ciudades han evolucionado de u na manera mas o menos significativa, como por ejemplo Celaya, que al fundarse en el siglo XVI, tras la Conquista española, se llamço originalmente Villa de Zalaya; la guerrerense Taxco, derivo en Tasco de Alarcon, y otras también por el estilo.
En el caso de La Piedad, mas que evolución, creemos que por causa de u n descuido prácticamente generalizado entre sus habitantes se ha mantenido un indefinición o confusión respecto al nombre que la cabecera municipal, empezando por La piedad misma, que se escribia con l minúscula.
No obstante, el grado de anarquía se acentuo cuando en el año de 1871 un grupo de vecinos solicito al Congreso local la elevación de la antigua Villa de Rivas a la categoría de ciudad, con el nombre precisamente de Ciudad Cabadas, con b labial y no v labiodental, como escribia de su puño y letra el ilustre poseedor del apellido.
En ultima instancia, Ciudad Cabadas hubiera sido relativamente mas correcto que el desorden que se introdujo después, ya que es valido colocar la categoría de la población y enseguida el nombre especifico, generalmente en honor de algún prominente personaje de la política o la literatura, como Ciudad Guzman, Ciudad Acuña o Ciudad Madero.
Argumentando razones de estadística, el Gobernador Rafael Carrillo altero el nombre que proponían en principio los parroquianos piedadenses, con la agravante de que suprimió la preposición de y se persistió en el error ortográfico de la b labial en el primer apelativo del autor del celebre puente que une a La Piedad con Santa Ana Pacueco.
En todo el tiempo que ha transcurrido desde 1871 en que se decreto el nombre que actualmente ostenta la cabecera municipal hasta nuestros días, no se había reparado suficientemente en la falla gramatical,, si bien algunos personajes prominentes han sugerido la necesidad de proceder a la enmienda pertinente.
Esto significa que entre nosotros no hubo tendencia hacia la evolución de la palabra Cavadas, sino simple y llanamente una indefinición hija del descuido o, en su defecto, de la ignorancia.
Otra equivocación en que incurren no pocos piedadenses reside en no discernir la diferencia entre lo que es la cabecera municipal en si, o sea la ciudad, con respecto al Municipio en general.
Incluso hay quienes dicen “El Municipio de La Piedad de Cavadas”, incurriendo entonces en sinécdoque, figura gramatical que consiste en tomar la parte por el todo, porque una cosa es propiamente la ciudad, que es La Piedad de Cavadas, y otra el Municipio en su conjunto, que comprende a la cabecera municipal pero también a las 40 y tantas comunidades rurales y a todo lo cual se llama estrictamente y se debe llamar escuetamente La Piedad.
Usualmente, cuando se redacta un documento determinado, oficial o particular, en el encabezado o al calce se inscribe la fecha y el nombre de La Piedad, a secas, cuando se debiera escribir: “La Piedad de Cavadas, Mich., a tantos de tal mes y año”.
Es de recomendarse, pues, que tanto habitantes en general como autoridades en particular, reparen en esta circunstancia y sean plenamente conscientes de que la cabecera municipal se llama La Piedad de Cavadas, y que la totalidad del Municipio solamente es La Piedad.
La Piedad de Cavadas, Mich., Octubre 4, 2000

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